XLIV. Comentario bibliográfico
He prescindido de notas en este ensayo porque la inmensa mayoría de la documentación es hoy fácilmente localizable en internet, lo que hace algo pedante ese tipo de referencias, salvo en trabajos muy especializados. Esta abundancia de documentación, aunque una gran ventaja, es al mismo tiempo un gran inconveniente, porque la masa de datos e interpretaciones contradictorias o divergentes obliga a una cuidadosa valoración, y a veces es imposible una síntesis con cierta seguridad. La Wikipedia, por ejemplo, es un excelente auxiliar del historiador, pero la cantidad de material dudoso o tergiversado que se encuentra en ella hace necesaria una labor a veces penosa de discernimiento. Por otra parte, una nota nos indica el origen del dato o la opinión, pero muy poco sobre su grado de veracidad. No es difícil construir un relato de fachada académicamente correcto y perfectamente falso, amontonando determinados datos o citas.
Para resolver el problema se ha querido establecer un criterio de la verdad histórica por el acuerdo mayoritario de los historiadores (del «gremio»); lo cual, en muchos casos, es inválido. Así, el «consenso» aún mayoritario sobre la guerra civil española, que tanta bibliografía ha generado, es demostradamente falso, como he expuesto a menudo. Este hecho afecta al crédito de numerosos autores que han fundado su prestigio y carrera en interpretaciones incluso ajenas a la lógica y el sentido común..., y que se han visto obligados a defenderse mediante una ley política que amenaza las libertades de investigación, expresión y cátedra, verdadera huida hacia delante.
Un modo de acercarse al valor y veracidad de los datos consiste en tratarlos en relación con su resultado inocultable. Así, al examinar la gran época de España podemos centrar la atención (vuelvo a Julián Marías) en acentuar los aspectos que habrían hecho imposible su hegemonía, con lo que la visión de conjunto es poco más que un chiste, a pesar del enorme éxito que ha tenido. Por supuesto, en cualquier gran empresa humana se encuentran fallos, errores, incluso crímenes, y a veces estos tienen el mayor peso en el balance; cosa que obviamente no ocurre en el tema que tratamos, por lo que la explicación debe atender ante todo a los aciertos, heroísmos y éxitos, que tanto abundaron para España por largo tiempo. Volviendo al tema anterior, es también seguro que el general Franco venció en una guerra que comenzó teniéndola materialmente perdida, y que lo hizo con notable economía de sangre, como demuestran los datos de mortandad. Ahora bien, la versión aun hoy más frecuente es la contraria: Franco habría vencido con una absoluta superioridad material por la ayuda de Italia y Alemania (comprada a crédito y con mucho menos gasto que la contraria), y que hizo lo posible por prolongar la contienda y aumentar los muertos y destrucciones. Además, Franco es pintado generalmente como un inepto militar. Salta a la vista que tales versiones tienen poco en común con la realidad histórica, aunque sí con otro tipo de realidad: el interés ideológico de tales historiadores y su talento, por lo general escaso. En este ensayo he señalado como una causa profunda del declive español la esclerotización de su universidad y estudios superiores, y parece claro que aquel marasmo no se ha superado, incluso se ha acentuado en el último medio siglo.
Este ensayo trata de reenfocar la historia de este período crucial para España, Europa y el mundo. Historia afectada casi siempre por la «leyenda negra». Me he preocupado poco de ella, pues centrar el esfuerzo en rebatirla no deja de crear cierta dependencia psicológica o moral, pero es inevitable una referencia. Dicha leyenda no consiste en estudios u opiniones críticas sobre aspectos concretos negativos de la acción hispana, sino en la presentación negativa del conjunto de ella, incluso si se admiten algunos aspectos de cierto valor. España habría representado el genocidio, el fanatismo y el oscurantismo en una Europa que avanzaba hacia las luces y la tolerancia, según lo explicaban las propagandas protestante y francesa, transformadas, aun hoy, en pretendida historiografía. Hace unos años, algunos autores, en especial Henry Kamen, han elevado la leyenda a otro nivel: no hubo decadencia española porque no había nada de qué decaer, puesto que la historia se define por la técnica, y la técnica española, en su opinión, no era gran cosa. La «gran época» de España sería más bien una serie de crímenes mediocres de un país mediocre, y lo único estimable sería que, según él, la Europa que realmente contaba habría delegado, por así decir, cierta expansión imperial en un país que ni siquiera tenía ganas de ejercer ese papel. Tamaña tontería debería bastar para desacreditar a su autor, aunque tiene algunos estudios más razonables sobre temas más concretos.
La leyenda no tendría mayor interés, de no ser por la fuerza con que ha calado en la intelectualidad española, que incluso la ha acentuado, y por su efecto depresivo sobre la cultura y la política del país. Incluso muchos contrarios a ella la han aceptado al considerarla un período un tanto glorioso, pero finalmente fracasado al haber vencido los enemigos del país. Pero, si lo queremos ver así, todos los imperios de la historia han terminado y previsiblemente terminarán «fracasados». Al poder hispano sucedieron otros, a su vez finalmente fracasados, y el conjunto europeo experimentó el gigantesco fracaso de la II Guerra Mundial. Sin embargo lo realmente decisivo son los aciertos y victorias que, pese al declive, han cambiado el mundo y dejado en él una herencia invalorable.
El término «leyenda negra» se debe al historiador y sociólo...