Como el aire que respiramos
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Como el aire que respiramos

El sentido de la cultura

Antonio Monegal

  1. 176 p√°ginas
  2. Spanish
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Como el aire que respiramos

El sentido de la cultura

Antonio Monegal

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¬ŅQu√© es y para qu√© sirve la cultura? M√°s all√° de definiciones simplistas e inveteradas que hacen de ella ora el mero producto intelectual y art√≠stico de la elite, ora la manifestaci√≥n de la humanidad en sentido antropol√≥gico, este iluminador ensayo pone el foco en la dimensi√≥n colectiva de los fen√≥menos culturales, es decir, en la relevancia social que, con independencia de consideraciones personales, nos involucra a todos, pues ¬Ņqu√© sentido tiene si no nos ayuda a pensar y hacer posible un mundo mejor? Mediante un di√°logo con las principales obras de referencia en la materia, Monegal interpreta la cultura como actividad intr√≠nsecamente pol√≠tica e indisoluble de nuestro lugar y nuestra intervenci√≥n en el mundo, pero sobre todo como bien com√ļn de primera necesidad para enfrentarnos a los retos de la existencia.¬ęL√ļcidamente Monegal cuestiona conceptos que solemos dar por descontados, y ahonda en la relaci√≥n, siempre controvertida, entre pol√≠tica y cultura. Imprescindible¬Ľ.Jordi Llavina, La Vanguardia¬ęCon claridad, concisi√≥n e inteligencia Monegal analiza la relaci√≥n de la cultura con muchas otras cuestiones interesantes. Esta obra una lectura agradable, formativa y necesaria¬Ľ.Fulgencio Arg√ľelles, El Comercio

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Información

Editorial
Acantilado
A√Īo
2022
ISBN
9788419036025
Categoría
Philosophie
Categoría
Philosophische Essays

1

¬ŅIMPORTA LA CULTURA?

La ciencia es todo lo que comprendemos lo suficientemente bien como para explic√°rselo a un ordenador. El arte es todo lo dem√°s que hacemos.
DONALD E. KNUTH,
del prólogo de A=B
La pregunta que da t√≠tulo a este cap√≠tulo trae consigo, impl√≠citas, algunas otras: ¬Ņa qui√©n le importa o le deja de importar? ¬ŅPor qu√© deber√≠a importar? ¬ŅDe qu√© cultura hablamos? Y la m√°s evidente y dif√≠cil de contestar: ¬Ņqu√© entendemos por cultura? Como otros libros que han circulado en tiempos recientes, este ensayo surge de la percepci√≥n de una amenaza y de cierto impulso combativo, de defensa. Cuando uno toma la palabra en este debate bajo la invocaci√≥n de una pregunta as√≠, est√° tomando partido y el lector entiende de inmediato que el discurso responde a la necesidad de argumentar que la cultura importa. Que no parece que importe lo suficiente y que deber√≠a importar m√°s.
Respecto a esta expectativa, para no defraudarla, conviene aclarar que mi principal prop√≥sito no es defender el valor edificante de las artes y las letras ni lamentarme de su creciente p√©rdida de relevancia en los usos privados, la escena p√ļblica y el sistema educativo. En efecto, esto ocurre y, hasta cierto punto, me preocupa. Aunque no creo que se puedan frenar, a fuerza de protestas, ciertas din√°micas sist√©micas que son parte del funcionamiento de la propia cultura. La autonom√≠a del campo cultural es relativa y fr√°gil. Ser√≠a ingenuo suponer que puede ser inmune a las presiones de la econom√≠a de mercado y la sociedad de consumo. Y no todo es negativo: al dotarse la propia cultura de nuevas herramientas tecnol√≥gicas que potencian la comunicaci√≥n, la producci√≥n y la circulaci√≥n, han mejorado el acceso y la diversidad. Aunque como contrapartida crezcan la banalidad, la desinformaci√≥n y las burbujas cognitivas que alimentan el populismo. Es imposible separar la cultura de lo que ocurre en la sociedad y, a la vez, sin la primera es imposible cambiar la segunda. Lo que m√°s me interesa es resituar la reflexi√≥n en t√©rminos m√°s inclusivos, que partan de una concepci√≥n actualizada, no mirando s√≥lo al pasado, sobre qu√© es cultura.
Algunos libros publicados sobre esta cuesti√≥n asumen un tono nost√°lgico o apocal√≠ptico, sobre todo cuando se refieren a la famosa crisis de las humanidades. El ejemplo m√°s notorio de esta actitud reactiva es el ensayo de Mario Vargas Llosa, La civilizaci√≥n del espect√°culo, que distingue t√≠picamente entre cultura y cultura, es decir, entre la que es merecedora de dicho nombre, la que de verdad importa, y otra devaluada y superficial, diluida en la definici√≥n antropol√≥gica del t√©rmino, que, seg√ļn √©l, no es propiamente cultura. Es una posici√≥n poco agradecida, por expl√≠citamente elitista, al culpar a la democratizaci√≥n de los males que vician la cultura, y porque cuesta mucho convencer a los dem√°s de que les importe lo que efectivamente no les importa. Para convencer a los ya convencidos el esfuerzo no se justifica. Sobre todo si partimos de la base de que el que algo me importe a m√≠ no significa que deba importarles a los dem√°s. Por ello intentar√© limitar, en lo posible, la apelaci√≥n a la experiencia subjetiva.
Lo que las artes y las letras han aportado a mi vida condiciona mi perspectiva, pero es incidental para la argumentaci√≥n. Podr√≠a decir que me han ayudado a encontrarle sentido. Me he dedicado profesionalmente a servirlas y transmitirlas. Han sido para m√≠ objeto de investigaci√≥n y de placer. La literatura, la filosof√≠a, el cine, el arte y la m√ļsica me han acompa√Īado en la soledad, me han servido para enfrentarme al dolor y para compartir alegr√≠as. Han amplificado, ordenado y desordenado emociones y deseo. Han dado un marco, un escenario y a veces hasta un guion al amor. Todo esto, como es evidente, no tiene por qu√© importarle a nadie m√°s que a m√≠. Ni requiere que, a estas alturas, lo cuente en un libro. Lo han explicado mejor expertos m√°s cualificados. Basta con que me remita a las palabras de Tzvetan Todorov sobre un aspecto concreto: ¬ęSi hoy me pregunto por qu√© amo la literatura la respuesta que de forma espont√°nea me viene a la cabeza es: porque me ayuda a vivir¬Ľ (La literatura en peligro). Suscribo su respuesta, define una manera determinada de entender la vida y la literatura que no todo el mundo comparte.
La literatura y las otras artes son drogas saludables. Ayudan a vivir y combinan los efectos de otros psicotrópicos: estimulan, evaden, aguzan la percepción, generan modificaciones y revelaciones cognitivas. Puesto que, de momento, el tráfico de estas sustancias no está penado, procuro, como misión personal, contagiar esta adicción a mis alumnos y a mis hijos. Sin embargo, no quiero hablar sólo de este tipo de cultura, sino de aquella que afecta a la vida de todos, incluso la de quienes creen no tener nada que ver con ella, porque este ensayo no alude a una vivencia particular, sino que se centra sobre todo en la dimensión colectiva de la cultura. El tema que me ocupa es el de su relevancia social.
La amenaza a la cultura se deriva de un par de errores de apreciaci√≥n. El primero es el de aquellos que creen que se puede prescindir de la cultura, que es un accesorio m√°s o menos lujoso, que complementa o decora los aspectos primordiales de la vida, los realmente importantes, que son, como todo el mundo sabe, la salud, el amor y, ante todo, el dinero. Podr√≠amos llamarlo la amenaza neoliberal, porque s√≥lo cuenta lo que genera ganancias tangibles, pero tambi√©n tiene una faceta populista, que considera que la cultura est√° al servicio de los intereses de una elite. El segundo error afecta a quienes sienten que la cultura se pierde o se deval√ļa porque la identifican con la suya, con la que ellos valoran, agoreros de la decadencia que pertenecen a la presunta elite culta. Aunque s√≥lo sea por gremio, me toca pertenecer a esta selecta minor√≠a, lo cual me hace de inmediato sospechoso de parcialidad en este debate. No aspiro a salvarme de que me acusen de elitismo, mientras sea en la acepci√≥n que le da el diccionario de la RAE‚ÄĒ¬ęActitud proclive a los gustos y preferencias que se apartan de los del com√ļn¬Ľ‚ÄĒ, pero me parece una posici√≥n poco productiva desde la que argumentar el sentido de la cultura y no quiero que me descalifique para hablar de los intereses del com√ļn. Los dos errores se deber√≠an poder contrarrestar reconduciendo la discusi√≥n. Conviene proponer otra manera de enfocar la cuesti√≥n. ¬ŅC√≥mo formular una justificaci√≥n de la cultura que no sea un alegato elitista o nost√°lgico?
Mi campo es la teoría, así que mi argumentación se apoya en una reflexión teórica y en un recorrido que me permita dialogar, sucintamente, con algunas de las contribuciones más sustanciales a las teorías de la cultura. Difícilmente será una atenuante de la acusación de elitismo, aunque, al fin y al cabo, a los científicos no se les coloca esta etiqueta por practicar un discurso especializado. Intentaré ser claro, porque nada se gana haciendo más confuso lo que de por sí es difícil, pero espero que se note la diferencia entre tropezar en los obstáculos metodológicos o en los ideológicos. Explicar en qué consiste la cultura, cómo funciona y para qué sirve requiere un recorrido laborioso en el que hay escasos consensos o atajos. Las definiciones y los modelos compiten entre sí. Uno toma partido, por lo tanto, al elegir modelos teóricos y metodológicos. A la vez, existe otro posicionamiento, el ideológico, que lleva a alinearse o no con diagnósticos alarmistas y pronunciamientos elegíacos.
He dicho que me mueve el imperativo de defender la cultura frente a la percepci√≥n de una amenaza, pero no hace falta identificar esta amenaza con un descenso del nivel cultural de la poblaci√≥n, con el adocenamiento, la trivializaci√≥n o la comercializaci√≥n. No se trata de si la gente tiene criterio, mejor o peor gusto, al seleccionar su consumo cultural, de si conoce y aprecia las grandes obras maestras del arte, la literatura o la m√ļsica. Por supuesto, a m√≠ tambi√©n me gustar√≠a que todo el mundo leyera m√°s y fuera m√°s al teatro y al cine. Pero la amenaza no est√° estrictamente en la calidad ni en la cantidad de lo que se lee, se escucha o se ve. Est√° en la falta de reconocimiento de lo que es y lo que hace la cultura. Y est√° en el mensaje y en la repercusi√≥n de aquello que se consume y transmite, porque no es concebible que uno pueda estar fuera de todo circuito cultural. Parafraseando a Jacques Derrida, il n‚Äôy a pas de hors-culture (‚Äėnada hay fuera de la cultura‚Äô).
De ah√≠ que haya optado por no enfocar la discusi√≥n desde la perspectiva de las humanidades y de la crisis que padecen. Las humanidades constituyen una forma particular de conocimiento, unos estudios y disciplinas cuyo objeto son determinadas formas de producci√≥n cultural de la humanidad, entre las que se encuentran la filosof√≠a, la historia, la literatura, las artes visuales y la m√ļsica, pero no son coextensivas con el concepto, m√°s amplio, de cultura. Podr√≠amos decir que la cultura es aquello que las humanidades estudian y que, a la vez, las contiene, puesto que ellas mismas son una actividad cultural. Separar las dos cosas es, por lo tanto, necesario para abordar un problema que se deriva en parte de esta misma confusi√≥n.
Me adelanto a la previsible crítica de quienes echarán en falta en este ensayo una atención específica a la relación entre cultura y ciencia, y lo mismo se puede aducir sobre su conexión con la educación. Quiero que quede claro desde el principio que, como se verá en distintos momentos a lo largo de estas páginas, para mí la ciencia es cultura. No se justifica, por lo tanto, hablar de relación como si se tratara de dos ámbitos separados. La división entre una cultura científica y una cultura humanística, y la necesidad de estrechar la relación entre ambas fue argumentada por Charles Percy Snow, pero, como acabo de explicar, el sentido de la cultura al que me refiero no se limita a la cultura humanística. Además, no soy ni remotamente experto en temas científicos, así que me abstendré de aventurarme en un campo con el cual no estoy familiarizado.
En cuanto a la educaci√≥n, que s√≠ es mi campo, precisamente por ello tengo que elegir entre dedicarle un libro entero o pasar por encima de puntillas. Volver√© sobre el tema en las conclusiones: para m√≠, educaci√≥n y cultura est√°n tan √≠ntimamente ligadas que me cuesta pensarlas por separado. No me convence la manera de administrarlas como esferas de responsabilidad pol√≠tica aisladas, como si una fuera esencial y la otra accesoria, y como si afectaran a etapas diferenciadas y sucesivas de la vida. No doy por acabada mi educaci√≥n, que espero que contin√ļe m√°s all√° de mi jubilaci√≥n, ni la s√© disociar de otras pr√°cticas culturales que me acompa√Īan desde la infancia. Se da por sentado con demasiada facilidad que una tiene la funci√≥n de ense√Īar lo √ļtil y la otra lo superfluo.
Comparto en gran medida los razonamientos que expone Nuccio Ordine en La utilidad de lo in√ļtil acerca de los saberes no instrumentales: sirven para todo porque no sirven para nada, es decir, porque no est√°n al servicio de necesidades concretas. En esta √©poca en que los beneficios de la educaci√≥n se miden por las competencias adquiridas que preparan para el mercado laboral, la libertad respecto de la servidumbre de lo √ļtil y de la productividad puede abrir espacios para la cr√≠tica y la resistencia a las prescripciones de un sistema que impide imaginar otro mundo posible. Sin embargo, esta capacidad de pensar a contracorriente sin supeditarse a la utilidad ni al provecho no est√° restringida a las humanidades entendidas a la manera tradicional, sino que abarca otras actividades culturales, desde las ciencias al c√≥mic o al hiphop. Cuando Ordine cita a Georges Bataille para apelar a la significaci√≥n de lo excedente y del gasto de energ√≠a superflua, debemos recordar que √©ste se est√° refiriendo tambi√©n al car√°cter cultural del carnaval, el lujo y el ritual religioso. Frente a la primac√≠a de la econom√≠a como administraci√≥n de los recursos escasos y a los mensajes de austeridad, Bataille subraya que lo propio del ser humano, y de la naturaleza en general, es el exceso. Y que nosotros mismos somos un exceso y un lujo de la naturaleza, costoso hasta niveles catastr√≥ficos.
La consideración del papel del conocimiento humanístico es inseparable del debate sobre el valor de la cultura, pero para llegar a este punto hay que partir de más lejos, de una visión de conjunto del funcionamiento del sistema que no se base en el apriorismo de una jerarquía cultural, sino que dé cabida a prácticas no prestigiadas que son también cultura. En lugar de empezar lamentándonos por la pérdida de un paraíso que quizá nunca existió más que para unos pocos, sería deseable rescatar el valor de las humanidades mediante la fundamentación de la razón de ser de la cultura en su sentido más inclusivo. Más allá de una controversia entre alta y baja cultura, interesa poner en evidencia la dimensión invisible de la cultura, aquella ante la cual corremos el riesgo de ser como el pez que no sabe qué es el agua. La cultura como tal no está en crisis, aunque lo esté el concepto. Puede parecer que no importa, puede estar desatendida, pero no puede estar en crisis, porque la cultura es el marco ineludible de nuestra existencia.
Frente a quienes ven la cultura como un componente decorativo de nuestra vida cotidiana, toca constatar que casi todo lo importante que ocurre a nuestro alrededor es propiamente cultura, hasta aquello que nos conduce a la destrucción de la naturaleza. Se lucha y se mata por cultura: la mayor parte de los conflictos violentos que desgarran nuestro mundo tienen una base cultural, étnica, religiosa, de legados coloniales o memoria de agravios históricos. Ni el Brexit ni la victoria de Donald Trump se explican sin tener en cuenta que tanto los populismos como los nacionalismos responden a dinámicas culturales. Las tensiones identitarias, los flujos migratorios, los choques raciales, intergeneracionales y de género que agitan nuestras sociedades son manifestaciones de factores culturales. Aunque no lo parezca, es imposible separar el rostro hostil de la cultura de su faceta benévola y edificante y de su vinculación con las más elevadas actividades humanas.

2

EL VALOR CUESTIONADO

Bien podría ser una mera fatuidad y hasta una indecencia debatir sobre la definición de la cultura en la edad de las cámaras y hornos de gas, de los campos de concentración, del napalm.
GEORGE STEINER,
En el castillo de Barba Azul
No faltan motivos para dudar del valor de eso que llamamos cultura. Ni todas las razones por las que est√° bajo sospecha son atribuibles al pensamiento neoliberal y al materialismo de nuestro tiempo. Tal vez conviene poner sobre la mesa las reservas m√°s serias y contundentes desde el principio. La principal: la gran cultura europea no sirvi√≥ para frenar el Holocausto. Con En el castillo de Barba Azul. Aproximaci√≥n a un nuevo concepto de cultura, de 1971, George Steiner recog√≠a el testigo de un ensayo de T. S. Eliot, Notas para la definici√≥n de la cultura, publicado m√°s de dos d√©cadas antes, en 1948. Steiner se preguntaba c√≥mo, s√≥lo tres a√Īos despu√©s del final de la Segunda Guerra Mundial, con todo lo que se sab√≠a acerca de las atrocidades cometidas por el nazismo, Eliot pudo escribir un libro sobre cultura y no decir nada sobre el Holocausto. Aquel silencio contaminaba todo el empe√Īo, lo convert√≠a en ¬ęun libro gris√°ceo por la impresi√≥n de la reciente barbarie¬Ľ. Estaba habitado por los espectros de las v√≠ctimas obviadas, por la pretensi√≥n de esquivar la responsabilidad de la cultura en los horrores del siglo XX.
El libro de Steiner parte de una mirada retrospectiva hacia el siglo XIX, para luego hacer un diagn√≥stico inmisericorde de su tiempo, la √©poca de m√ļltiples cuestionamientos que surge de las revoluciones culturales del 68, y predice, con notable clarividencia, el nuestro: hace medio siglo se anticipaba, en el √ļltimo cap√≠tulo, a muchos de los efectos de los adelantos en gen√©tica e inteligencia artificial y a la contaminaci√≥n del medio ambiente que contemplamos hoy en d√≠a. Identifica los costes y riesgos para la vida en el planeta, los desequilibrios econ√≥micos y la decadencia moral, y constata que se estaba poniendo en cuesti√≥n, ya en aquel momento, el axioma del progreso, seg√ļn el cual los avances en tecnolog√≠a y conocimiento llevan inexorablemente hacia un futuro mejor. A la vez, Steiner reconoce que la naturaleza del ser humano lo impulsa en busca del conocimiento, que no se puede resistir a abrir cada puerta del castillo de Barba Azul, incluso aunque ¬ęla puerta siguiente se abriera a realidades ontol√≥gicamente opuestas a nuestra cordura y nuestras limitadas reservas morales¬Ľ, y concluye que el reto para la cultura de nuestro tiempo es ¬ęser capaz de encarar posibilidades de autodestrucci√≥n y sin embargo entablar el debate con lo desconocido¬Ľ.
La falta de fe en el progreso que Steiner identifica en un estado incipiente es ahora un lugar com√ļn. Es m√°s dif√≠cil defender la tesis contraria, el optimismo. Y esta percepci√≥n pone en crisis, paralelamente, el propio concepto de cultura. ¬ŅC√≥mo fiarse de las virtudes de la cultura cuando √©sta no es capaz de protegernos de nosotros mismos ni de frenar la barbarie del nazismo? En el centro de la discusi√≥n de Steiner sobre qu√© es la cultura se encuentra esta constataci√≥n perturbadora: bibliotecas, museos, teatros, universidades y centros de investigaci√≥n continuaron funcionando e incluso prosperando al lado de los campos de concentraci√≥n. Ser culto, y hasta fil√≥sofo, no fue incompatible con ser nazi. En muchos de los verdugos, el disfrute y el cultivo de las artes coexisti√≥ con el sadismo pol√≠tico.
Steiner exp...

√ćndice

  1. Pre√°mbulo
  2. 1. ¬ŅImporta la cultura?
  3. 2. El valor cuestionado
  4. 3. De difícil definición
  5. 4. Para qué sirve la cultura
  6. 5. Una caja de herramientas
  7. 6. Menos es m√°s
  8. 7. La cultura como recurso
  9. 8. Consumo y cultura de masas
  10. 9. Híbridos y globalizados
  11. 10. Memoria e identidad
  12. 11. Inflexiones de la diferencia
  13. 12. El límite de la nación
  14. 13. Por una ética cosmopolita
  15. 14. ¬ŅQu√© tienen en com√ļn la cultura y la pol√≠tica?
  16. 15. Lo que est√° en juego
  17. Agradecimientos
  18. Bibliografía seleccionada
  19. ©
Estilos de citas para Como el aire que respiramos

APA 6 Citation

Monegal, A. (2022). Como el aire que respiramos ([edition unavailable]). Acantilado. Retrieved from https://www.perlego.com/book/3515239/como-el-aire-que-respiramos-el-sentido-de-la-cultura-pdf (Original work published 2022)

Chicago Citation

Monegal, Antonio. (2022) 2022. Como El Aire Que Respiramos. [Edition unavailable]. Acantilado. https://www.perlego.com/book/3515239/como-el-aire-que-respiramos-el-sentido-de-la-cultura-pdf.

Harvard Citation

Monegal, A. (2022) Como el aire que respiramos. [edition unavailable]. Acantilado. Available at: https://www.perlego.com/book/3515239/como-el-aire-que-respiramos-el-sentido-de-la-cultura-pdf (Accessed: 15 October 2022).

MLA 7 Citation

Monegal, Antonio. Como El Aire Que Respiramos. [edition unavailable]. Acantilado, 2022. Web. 15 Oct. 2022.