El siglo XIX y el régimen de Díaz
CLAUDIO LOMNITZ: En el programa de hoy vamos a seguir platicando sobre el Porfiriato, y específicamente vamos a abordar temas que tienen que ver con la exclusión de clases populares, los ganadores y los perdedores del Porfiriato, los límites del proyecto educativo porfiriano, y una comparación entre el proyecto de industrialización de don Porfirio y lo que se observa en Estados Unidos y en Europa más o menos en la misma época.
Hablemos un poco del primer problema, la exclusión de las clases populares. Porque el Porfiriato es también una época de crecimiento económico relativamente veloz, en comparación con las épocas previas. Es decir, las décadas posteriores a la Independencia fueron épocas de mucho estancamiento económico para México, provocado no sólo por las guerras sino por una multiplicidad de factores, en tanto que el Porfiriato es una época de crecimiento rápido, lo que indica que había también la formación de nuevas clases: una incipiente clase obrera, sectores medios –en las ciudades, pero también en el campo– y grupos de rancheros. Entonces, ¿qué quería decir específicamente en la época del Porfiriato la exclusión de los grupos populares? ¿Incluía también a estos nuevos sectores medios, o se refería a una parte de los sectores populares?
FRIEDRICH KATZ: Se puede decir que dentro de las clases –lo que llamaría “clase media”, “clases populares”– había ganadores y perdedores. ¿Quiénes eran los ganadores? Primero, en la clase media obviamente se estableció toda una serie de nuevos comerciantes. Entonces el comercio en pequeña escala se incrementó. Aunque muchos de esos comerciantes eran españoles y también había franceses inmigrantes, alemanes, en parte, sí hubo una serie de nuevos comerciantes; y aunque la educación primaria no aumentó demasiado, sí hubo un aumento del número de maestros. Ante todo, lo que creció, la parte de la clase media que más creció, fue la de los empleados públicos; éstos obviamente se beneficiaron del Porfiriato. Los obreros de primera generación que habían sido peones probablemente vivían un poco mejor, aunque la jornada de trabajo muchas veces era de catorce horas. Pero ya la segunda generación no quería este tipo de situación: un largo trabajo, una completa dependencia del patrón, salarios bajísimos, y ahí ya empezaba la insatisfacción.
En el campo tenemos una diferenciación en muchos pueblos: un pequeño grupo de “riquitos” se hizo ranchero. Algunos rancheros ya provenían de la época colonial; en la época colonial muchos españoles habían obtenido tierras y se habían convertido en rancheros con pequeñas propiedades –especialmente era el caso, por ejemplo, en los Altos de Jalisco–, pero muchos otros de los llamados “rancheros” eran gente de los pueblos que se había enriquecido a costa de los otros miembros de los pueblos; esta gente se benefició también.
Otro grupo que hasta cierto punto se benefició fueron los peones del norte que habían estado más o menos endeudados con las haciendas. Pero ahora que había una frontera con Estados Unidos, que había mucha industria, que había construcción de ferrocarriles, muchos peones dejaron las haciendas, y los hacendados ya no tenían el poder de obligarlos a volver. En otras partes de México los pueblos fueron los grandes perdedores. Primero perdieron su autonomía municipal. El gobierno ya no dejó que hubiera elecciones en los pueblos, sino que impuso a los presidentes municipales, a través de una institución que bajo Porfirio Díaz tuvo enorme importancia: los “jefes políticos”. Eran hombres nombrados por Porfirio Díaz o los gobernadores, que a su vez nombraban presidentes municipales, que nombraban jueces, que nombraban a todos los funcionarios, y los pueblos perdieron su autonomía.
CLAUDIO LOMNITZ: La figura del “jefe político”, en ese sentido, revive un poco el poder de los distritos por el que siempre habían abogado los conservadores en el periodo anterior.
FRIEDRICH KATZ: Absolutamente. Además de la pérdida de la autonomía, muchos perdieron sus tierras. De una manera u otra, o las acapararon las haciendas o –muchas veces con la ayuda de los gobernadores– los ricos de los pueblos. Porque el gobierno de Díaz era un gobierno que pensaba en términos de darwinismo social: los fuertes tienen que sobrevivir, los débiles tienen que irse. Y entonces estos rancheros ricos parecían más productivos, más educados, más leales, de modo que hubo, no sólo una expropiación por parte de las haciendas, sino por parte de las élites locales dentro de los pueblos, pero una expropiación apoyada por el gobierno.
CLAUDIO LOMNITZ: Algunos de los trabajos más recientes de historiografía rural de México –por ejemplo los trabajos de Emilio Kourí, aquí mismo en la Universidad de Chicago, o los trabajos de Horacio Crespo sobre el estado de Morelos– indican que en algunas regiones (incluido Morelos, que es el caso clásico donde se habla de la expansión de la hacienda en contra de los pueblos) en realidad durante el Porfiriato no se expandieron tanto las haciendas como se expandió la propiedad de rancheros y grupos medios, y que es el crecimiento de esos sectores lo que en un momento dado fue expropiando tierras de campesinos. ¿Usted piensa que el surgimiento de sectores ricos locales o ricos intermedios del campo, como los rancheros, haya sido un factor fundamental en el problema de la tierra durante el Porfiriato, o más bien son las haciendas los actores principales, o las dos cosas? ¿Cómo ve usted esto?
FRIEDRICH KATZ: Creo que, si bien el enriquecimiento local fue un factor importante, las haciendas seguían siendo un factor decisivo. No tanto porque quitaran la tierra a los pueblos –eso también existía–, sino porque había otro proceso muy importante: durante el tiempo en que no había mercado para el producto de las haciendas, muchos hacendados arrendaban sus tierras a campesinos. Por ejemplo, en Morelos, cuando empezó a haber un verdadero mercado para el azúcar, muchos hacendados les quitaban la tierra a los arrendatarios o los echaban a terrenos marginales y la trabajaban ellos mismos. Así que no fue propiamente expropiación, sino un cambio de régimen dentro de la hacienda.
CLAUDIO LOMNITZ: Un cambio del uso de la tierra.
FRIEDRICH KATZ: Exactamente.
CLAUDIO LOMNITZ: En ese sentido se puede decir que el Porfiriato, con su crecimiento económico, crea nuevas contradicciones: un aumento de la desigualdad junto con el crecimiento, junto con la diversificación, tal vez, del país. Y también el endurecimiento de las condiciones, por lo menos para un sector importante del campesinado.
FRIEDRICH KATZ: Exactamente. Otro endurecimiento fue, al parecer, que los salarios quedaron constantes en las haciendas en tanto que había inflación y los precios aumentaban. Además las mismas condiciones de desarrollo capitalista que en el norte permitieron la libertad de muchos ex peones, en el sureste llevaron a condiciones de semiesclavitud. En las haciendas henequeneras, por ejemplo, donde la gente estaba ligada por deudas. Y lo mismo existía, hasta cierto punto, en Tabasco y en Chiapas. Allí el capitalismo, en vez de liberar a la gente y prohijar formas capitalistas de producción, creó de nuevo condiciones de semiesclavitud, lo que también suscitó una profunda insatisfacción en muchos lugares del campo.
CLAUDIO LOMNITZ: Hay pues una diferencia regional, digamos, entre haciendas y desarrollo capitalista que va creando un mercado de trabajadores libres –en el norte, por ejemplo, o por lo menos en partes del norte– y otro desarrollo capitalista que va eliminando al trabajador libre, al campesino, y realmente asimilándolo como esclavo. Algunas de las situaciones de peonazgo en Yucatán, en Valle Nacional, puede ser que sí sean correctamente categorizadas como esclavitud, aunque la esclavitud era ilegal. ¿Cómo analiza usted esa diferencia? ¿Por qué en una región el desarrollo capitalista intenso, como lo hubo en Yucatán, lleva a la esclavización de la población campesina, en tanto que en otra –las zonas más cercanas a Estados Unidos, o mejor conectadas a, digamos, una cadena de transporte más sofisticada– lleva a la creación de una fuerza de trabajo libre?
FRIEDRICH KATZ: Bueno, hay diferencias enormes entre el norte y el sur. Primero, en el norte los peones podían huir a Estados Unidos, que no reconocía la esclavitud por deuda y no los devolvía a sus haciendas. Segundo, podían acudir a la industria o a la construcción de ferrocarriles, y a los constructores de ferrocarriles no les interesaba si esta gente tenía deudas con las haciendas; necesitaban trabajadores, no preguntaban de dónde venían, y ahí terminaba el asunto. Pero Yucatán era un territorio aislado: se podía escapar sólo por mar o a través de selvas y otras regiones muy difíciles; entonces huir de las haciendas era una cosa sumamente difícil. Si se escapaba el peón a Mérida, lo reconocían; si se escapaba a otra hacienda, las condiciones de trabajo eran las mismas. Entonces no había válvula de escape. En el norte había una gran válvula de escape, por eso las condiciones de peonaje ya no se podían mantener.
CLAUDIO LOMNITZ: Tal vez éste es un tema para abordar un poco más adelante, cuando comencemos a hablar ya de la Revolución, del estallido revolucionario. Pero hay una cosa, si no paradójica, que por lo menos se rebela en contra de la intuición: en la zona en donde hay mayor libertad y mayor movimiento de una mano de obra libre es donde finalmente va a haber los estallidos revolucionarios más fuertes, en tanto que las zonas más subyugadas, de una fuerza de trabajo que ha sido sometida a condiciones verdaderamente terribles de esclavitud, es donde hay menos capacidad para levantarse en contra del régimen porfirista.
FRIEDRICH KATZ: Sí y no; es decir, obviamente la Revolución se da en zonas donde había pueblos libres, que tenían una capacidad de organización propia. Era el caso en el norte, era el caso en Morelos. No era el caso en Yucatán. Pero cuando vino Salvador Alvarado en 1916 con un ejército carrancista y, temiendo a los hacendados, movilizó a los peones, éstos muy rápidamente se hicieron revolucionarios y crearon el primer partido socialista de México.
CLAUDIO LOMNITZ: Exactamente, y esto quiere decir que el tema no tiene tanto que ver con falta de simpatía hacia, por ejemplo, ideales clave, ideales que se volvieron centrales en la Revolución, como, por ejemplo, el reparto agrario. No es que esos ideales no fueran compartidos o sentidos en las zonas del sur, pero sí parece haber una dificultad de organización autónoma del levantamiento, al menos en un inicio…
FRIEDRICH KATZ: Y de ignorancia…
CLAUDIO LOMNITZ: Porque, francamente, entra la Revolución como una fuerza prácticamente exterior.
FRIEDRICH KATZ: Exactamente, pero, ¿de dónde iban a tener noticias? No sabían leer y escribir, no llegaban periódicos, no había radio. ¿De qué forma podían saber que existía una revolución, que algo iba a pasar? Entonces los hacendados hacían todo para mantenerlos en completa ignorancia y en completo aislamiento.
CLAUDIO LOMNITZ: El propio aislamiento de las condiciones del sur y de cierta clase de desarrollo político. Y yo creo que vamos a tener que volver a este tema a la hora de analizar el levantamiento maderista, los levantamientos previos. Pero antes, tal vez, de pasar a este tema, ¿por qué no volvemos a dos aspectos, para redondear un poco una visión del Porfiriato? Yo sugeriría que nos dedicáramos un rato a dos temas: uno, el tema económico, es decir, cuáles son los logros económicos del Porfiriato y cuáles son los escollos, las frustraciones en el desarrollo económico del periodo, y el otro, tal vez un análisis un poco más detenido de la estructura política que se va formando con la consolidación de la dictadura. Si le parece, por qué no empezamos con la parte económica: ¿cómo evalúa usted el Porfiriato como propuesta económica y como desarrollo económico?
FRIEDRICH KATZ: Bueno, el Porfiriato, sin duda alguna, tuvo primero un tremendo auge de la industria extractiva: minas de toda clase, cobre, etcétera; segundo, petróleo. Después un auge de la agricultura de exportación: aumentó tremendamente la exportación del henequén y de ganado; también era una época de industrialización: hubo algo de industria pesada, como la Fundidora Monterrey, industria ligera, la industria textil, se desarrolló la industria cervecera. Pero es interesante que todas estas industrias tenían aspectos monopólicos. En el momento en que una industria se desarrollaba, el gobierno la protegía a través de aranceles y privilegios, y entonces, en vez de una competencia, hubo monopolios de todo tipo, que también caracterizaban a la industria. Éstos eran los avances económicos.
CLAUDIO LOMNITZ: Una pregunta antes de seguir con esto: ¿cómo entiende usted esta propensión al monopolio en el proceso de industrialización y comercialización en esta época? ¿Son concesiones políticas otorgadas por el secretario de Hacienda José Yves Limantour o el propio Porfirio Díaz a aliados políticos? Entonces habría monopolio por un tema de concesión política y, digamos, cierta estructuración del sistema político. ¿O hay alguna razón económica importante para poner aranceles y proteger ciertas industrias porque si no las va a quebrar la competencia estadounidense o británica? ¿Cuál es su análisis en ese sentido?
FRIEDRICH KATZ: Creo que ambas cosas son ciertas, y se combinan: la influencia enorme de ciertos grupos, los denominados Científicos, de una nueva –yo la llamaría– “clase dominante” u “oligarquía nacional” y también un intento de frenar hasta cierto punto la dominación extranjera en ciertas industrias. Son las dos cosas combinadas.
CLAUDIO LOMNITZ: ¿Y es esta propensión al monopolio la que, en su opinión, lleva a que haya una tendencia inflacionaria de los costos de productos en el Porfiriato?, ¿o el tema de la inflación proviene de otro lado?
FRIEDRICH KATZ: No: ése fue un aspecto de la inflación, pero no el único. Después vinieron otras cosas: cuando se reemplazó la plata por el patrón oro, esto fue seguramente un factor inflacionario.
CLAUDIO LOMNITZ: Entonces seguimos con el análisis de la economía. Hay esta propensión al monopolio, y hay una tendencia al desarrollo muy fuerte en las industrias extractivas y en lo que hoy en día se llaman commodities, o sea productos agrarios, agrícolas.
FRIEDRICH KATZ: Pero ahí también uno de los factores que “ayudó” al desarrollo fue la absoluta falta de derechos de la clase obrera. Los sindicatos y las huelgas estaban prohibidos. Durante mucho tiempo el propietario no tenía ninguna obligación, si había un accidente en el trabajo, de pagar una compensación al obrero. Hubo excepciones: en Nuevo León, Bernardo Reyes instituyó por primera vez una ley de compensación. Los obreros trabajaban catorce, quince horas por día, no tenían derechos. Es decir, esto también fue un aspecto de la industrialización porfiriana. Otro aspecto del desarrollo económico porfiriano fue la falta de desarrollo de lo que llamaríamos “capital humano”. A pesar de que se construyeron algunas escuelas, entre el 80 y el 85% de los mexicanos seguían siendo analfabetos; aunque había gente en el gobierno, como Justo Sierra, que abogaban por un gran desarrollo de la educación primaria, de hecho se hizo muy poco. Y esto fue un aspecto fundamental de la debilidad económica de México.
CLAUDIO LOMNITZ: Se hizo muy poco, pero se hizo bastante más de lo que se había hecho antes.
FRIEDRICH KATZ: Sí.
CLAUDIO LOMNITZ: Es decir, en relación con lo que había habido era bastante. Ahí había, en la época, o por lo menos ya en la entrada de la Revolución, en el seno mismo de la élite científica, una discusión, un debate, porque el de Justo Sierra era un proyecto, digamos, de educación popular y en parte se podría pensar en el proyecto educativo revolucionario como una profundización del mismo. También podría interpretarse como una crítica a ese proyecto y una alternativa, en cierta forma. Esa visión recibió críticas, por ejemplo, de Francisco Bulnes, que consideraba que uno de los errores del Porfiriato había sido invertir demasiado en educación, porque como no había un proyecto industrial serio, tener una clase educada redundaba necesariamente en una presión para que creciera la burocracia y lo que llamaban en el siglo XIX la “empleomanía”.
Es decir, evidentemente los términos de ese debate ya no son nuestros términos hoy en día, pero ¿las restricciones al crecimiento del proyecto educativo porfirista son causadas por la falta de industrialización, o son la causa de la falta de industrialización, o son las dos cosas y simplemente no puede uno separarlas?
FRIEDRICH KATZ: Bueno, hubo muchas causas. Primero, los hacendados no querían que en sus haciendas hubiera educación. Creo que fue Terrazas quien dijo: “Necesito trabajadores y no abogados”. Segundo, gente como Bu...