Años después, el frágil orden que sostenía a la familia se rompe. Mientras Romina aprende a ser adulta entre trabajos precarios, lleva a cabo un ejercicio de memoria que la obliga a regresar a la violencia que sufrió de niña: unos hechos monstruosos ocurridos en la trastienda de una joyería, que el silencio y los engaños del recuerdo habían querido ocultar.
Con un pulso narrativo que corta la respiración y atrapa desde la primera página, esta novela convierte en palabras el sufrimiento del cuerpo. Una canción para la siesta es un baile para confrontar el horror, un camino de vuelta en el que la protagonista reconstruye el rompecabezas de sus demonios. Solo cuando el lector cierre el libro, volverá a respirar con alivio: en el proceso le habrá extirpado todo su dolor a Romina, que al fin duerme en paz.
«No sé qué esperás que te diga. ¿Que si sabía lo que iba a pasar? ¿Me creerías si te dijera que no? Escuchá la verdad. No siento culpa. No siento arrepentimiento. No siento nada por vos».
«Una novela atrapante. Te zambulle y te lleva. Léela y verás». MAURICIO KARTUN
