La verdad
«NO CREO EN DIOS, PERO LE TENGO MIEDO».
GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ
El amor en los tiempos del cólera
No debemos pedir perdón por la Verdad.
En lo que se refiere a asuntos «relevantes», podríamos decir que muchas iglesias adaptan el evangelio a los tiempos contemporáneos o ultra contemporáneos, pero luego les piden perdón a los cristianos tradicionales por usar nuevos métodos.
Muchas congregaciones utilizan la «última» tecnología para cautivar la atención de aquellos que buscan una respuesta espiritual, pero manteniendo la suficiente discreción como para no ofender al que viene de un cristianismo tradicional. Entonces, lo que sucede es que, por no resultar demasiado cristianas a los ojos de los «mundanos», ni muy «mundanas» a los ojos de los cristianos, estas iglesias se llenan de «cristianos» que buscan un cristianismo tradicional en un ambiente contemporáneo.
No hay nada de malo en eso, con excepción de que esos cristianos ocupan el lugar de las personas que realmente buscan una genuina conversación espiritual, y no un encuentro con una obra de teatro «cristianamente apropiada» o un elaborado sistema de vídeo, sino con el mismo Cristo.
La iglesia no existe para agradar a los cristianos. Si bien es cierto que somos una comunidad y tenemos que sentirnos bien dentro de ella, considero que el hecho de que el mensaje de Jesús no se predique con la pertinencia y la audacia debida a raíz de lo que «puedan llegar a pensar» los cristianos de la audiencia es algo que raya con el pecado.
El cristiano más famoso de la iglesia latinoamericana de hoy es el «hermano débil». Ese hermanito nos tiene a todos muy engañados y hasta nos manipula. A causa de él es que se presentan toda clase de argumentos para diluir el mensaje relevante de Cristo, hasta transformarlo en una evangelización «light» empaquetada dentro de las nuevas tecnologías, el teatro, una buena coreografía, y algún que otro chiste; todo para que el hermano débil no se debilite más.
El hermano débil está para ser cuidado, no para ser escuchado. Si es débil, ¿vale la pena oír sus críticas («que esto no le pareció», «que aquello otro le cayó mal»), cuando la realidad es que estamos hablando de metodología y no de teología?
Mi percepción es que le damos demasiado crédito a este hermano. Nos llamamos una iglesia relevante y nos pasamos el tiempo preguntándonos cómo afecta al cristiano la metodología que usamos para anunciar el evangelio.
Creo que esto tiene sus raíces en nuestras propias tradiciones, costumbres y formas de pensar. Estamos estancados en una manera de «hacer iglesia» como se ha hecho por décadas, en algunos casos por siglos. Pensamos que la forma en que aprendimos a hacer iglesia, y por lo tanto el modo en que nos gusta, es la mejor.
Eso no tiene nada de malo, siempre y cuando no estorbe la tarea de predicar un mensaje altamente relevante para el que aún no es cristiano.
La persona que aún no es cristiana tiene otra cultura, otro idioma, otras costumbres. Resulta muy necesario hoy en día que la iglesia comprenda la cultura que existe fuera de ella. Es imperativo hablar el idioma del no cristiano si queremos que el mensaje sea entendido por aquellos que decimos audazmente que queremos alcanzar.
El renombrado comunicador y publicista Roy Williams sostiene que «el riesgo de parecer insultante es el precio de la claridad. Y es un precio que muy pocas personas están dispuestas a pagar». Por algo lo llaman el mago de la publicidad.
Piensa por un momento en la frase. El riesgo de parecer insultante es el precio de la claridad. Deja que se asiente un poco en la parte analítica de tu cerebro. El riesgo de parecer insultante es el precio de la claridad. ¿Entiendes?
Otro de los padres de la comunicación y la publicidad contemporánea, David Ogilvy, concuerda con esta postura y anuncia: «La meta de la publicidad no es ser aceptada y querida, sino vender un producto». Eso no quiere decir que la comunicación deba ser intencionalmente ofensiva. Pero sí significa que cuando tienes algo importante que decir, te encontrarás con personas a las que no les guste.
¡Es tan cierto! Y por eso muchas veces en la iglesia no queremos ser claros, no queremos usar la iconografía de la cultura ni aquellos conceptos que realmente construirían un puente cultural hacia el entendimiento de la Verdad. Y si acaso usamos algún ideograma, metáfora o ejemplo tomado de la cultura, lo limpiamos, esterilizamos y justificamos pidiéndoles perdón a aquellos (¡el hermano débil!) que se puedan ofender por el uso de algo que de todos modos, todos los días está presente afuera de la sala antiséptica de la iglesia.
Entonces, por no ofender (y no creo que sea ofensa, más bien considero que es solo pena), no somos claros y convertimos el mensaje de Jesús en algo finamente transformado para no ofender al cristiano tradicional, y al mismo tiempo, captar la atención del precreyente. No encuentro que Jesús hiciera eso en sus discursos.
Escondida como lente de contacto en el fondo de una piscina, hay una frase de la feminista Gloria Steinem que tiene mucho sentido. Ella sostenía: «La verdad te hará libre. Al principio, te enfurecerá». También decía muchas cosas que pertenecen al baúl de lo absurdo, pero en esto le tengo que dar crédito; resulta muy cierto. Y es contra ese enfurecimiento que no queremos bregar.
Otra vez, la intención no es ofender ni tener una actitud de soberbia en cuanto a cómo presentamos el evangelio. Mi punto es que no podemos levantar la bandera de la evangelización orgullosos de nuestros métodos progresistas cuando nos preocupa más lo que vayan a pensar nuestros hermanos que lo que los precreyentes puedan pensar de Jesús a raíz de nuestro mensaje.
LA IGLESIA TIENE QUE DETERMINAR QUÉ RESULTA MÁS IMPORTANTE: TOCAR EL CORAZÓN DEL PRECREYENTE O NO MOLESTAR LA OPINIÓN DEL CRISTIANO TRADICIONAL.
Como iglesias, muchas veces asumimos que nuestros métodos son excepcionales solo porque nos gustan a nosotros. Diseñamos programas para nuestra edad y nuestra cultura. Las reuniones generalmente están copiadas de algo que vimos en los Estados Unidos o bajamos de You Tube, y como nos «tocó» de un modo particular, suponemos que a todos les va a suceder lo mismo. Luego apoyamos la metodología que utilizamos porque constantemente vemos que la iglesia crece. Sin embargo, las cuestiones en la ciencia de la estadística no son tan simples.
El tener que agregar una nueva reunión no significa que la iglesia esté en crecimiento, ni tampoco demuestra que el mensaje se esté dando con pertinencia. El hecho de tener que añadir una nueva reunión significa que hay más gente que llega, pero habría que preguntarse qué gente y por qué y luego, comparar eso con la misión que decimos tener como iglesia.
Mi punto es que hoy la población de nuestros países crece a un ritmo más acelerado que la iglesia. O sea, más personas nacen cada día en el mundo que la cantidad de personas nuevas que cada domingo se agregan a la iglesia. Además, también debemos considerar el hecho de que nuestra iglesia latinoamericana tiene un alto grado de rotación.
Hay una cultura de cristianos que genuinamente busca que el mensaje resulte pertinente, pero quiere ir a un lugar en el que se sienta bien. Cuando encuentran ese lugar, se quedan ahí hasta que aparece otra iglesia con un mejor show, o hasta que se cansan de ese entorno y comienzan su búsqueda de nuevo. Estos «nuevos creyentes» (y creo que son muchos) además se cuentan dos y tres veces al hacer nuevas estadísticas.
El dilema es más fácil de describir por mí en este libro que de resolver por los pastores en las trincheras. Sin embargo, es algo que sucede y de lo que hay que hablar abiertamente.
Creo que si la iglesia de veras quiere transmitir el mensaje de Jesús de una forma relevante, tiene que decidir si debe seguir consintiendo en que hayan opiniones tradicionales. Tiene que determinar qué resulta más importante: tocar el corazón del precreyente o no molestar la opinión del cristiano tradicional. No nos jactemos de la innovación, el orden y la elegancia. La premisa es básica: si la tradición y la opinión personal del cristiano nos impide darle un mensaje pertinente al pre-creyente, estamos diluyendo el mensaje del Cristo.
El mensaje de Cristo es algo que se debe dar a una cultura nueva y diferente que nunca antes ha existido. Este mensaje debe anunciarse a través de elementos y metáforas que antes no se habían usado, y resulta obvio que tenemos miedo de hacerlo para no ofender al hermano débil.
Es importante el orden, es importante la innovación, es importante la elegancia, pero estas cosas no son las substanciales. Lo importante es que el mensaje resulte altamente pertinente, y si lo sometemos a la opinión de la tradición o la subyugación de lo que «tiene onda», estaremos diluyendo el mismo mensaje que queremos hacer relevante.
Es triste que hayamos cambiado los templos, la música, la tecnología, pero que no hayamos modificado la actitud. Seguimos pretendiendo ser los poseedores de la Verdad y las llaves a la eternidad, y creemos que solo aquellos que escuchen el mensaje dado desde nuestro escenario tendrán acceso al cielo.
Hace décadas, muchas iglesias empezaron a presumir de que «estaban llegando con el evangelio a todo el mundo». Sin embargo, lo único que hicieron fue grabar en audio y vídeo la misma reunión del domingo y transmitirla por radio y televisión. Entonces, no es que hayamos empezado a comunicar el evangelio de una forma creativa; sencillamente, usamos un nuevo medio para transmitir la misma reunión.
Luego vino la Internet e hicimos lo mismo. Decimos que estamos «alcanzando» a todo el mundo y la verdad es que el mundo tiene que acercarse a nosotros e ingresar a www.lamismareuniondesiempre.com para poder ver y oír el mensaje.
No es que estemos siendo creativos ahora, solo estamos usando un nuevo medio para decir lo mismo, de la misma manera, con el mismo temor a lo que los hermanos pensarán.
De repente la iglesia de Jesucristo está siendo arrasada por una ola que parecería ser divina.
Como viento fuerte del norte, nos ha invadido el proyector de vídeo y el extra-super-archi-ultra-sobrevaluado PowerPoint.
Ahora resulta que aparentemente sin un vídeo insertado en una presentación en PowerPoint el mensaje de Jesucristo no se puede dar.
Otra vez, incorporamos un nuevo medio, pero seguimos presentando lo mismo, de la misma manera.
Lo relevante no es la televisión ni la radio. Lo relevante no es la Internet. Lo significativo no es un buen vídeo mal bajado de You Tube o extraído de una película de Hollywood (que siempre criticamos, pero usamos). Lo relevante es la Verdad. Y si usamos el medio equivocado, en la forma equivocada, lo que hacemos es vacunar a las personas contra esa misma Verdad. Nuestro discurso ha estado enfocado en explicar las cosas, en «dar respuestas», en «enseñarle a la gente la Verdad». El problema es que hoy esa no es la necesidad. Claro está, el evangelio sigue siendo la necesidad principal de las personas, pero cómo llegar a él es lo que va a ir cambiando.
La relevancia del mensaje que la iglesia tiene para darle a la cultura se centra en la relevancia que Jesucristo tiene para la persona. Aunque Jesucristo sigue siendo la respuesta a cualquier predicamento, hoy Jesús provee preguntas más profundas para el pensamiento humano, y eso lo hace la materia más relevante del día.
Hoy tus amigos que aún no son cristianos te miran a los ojos buscando en tu corazón preguntas que aborden su intelecto. Lo que procuran no son respuestas, están intentando encontrar preguntas.
Nuestro cerebro está diseñado para ejercer la curiosidad, para iniciar una búsqueda, una aventura. Estamos diseñados para encontrar nuestras respuestas, no para que alguien más nos las dé.
Por eso Jesús dice que él es el camino, que él es la puerta, porque sabe lo seductor que resulta para nuestro cerebro buscar el camino y caminarlo, buscar la puerta y pasar por ella.
Ya sea ante el filósofo y maestro Nicodemo como ante la mujer sorprendida en adulterio, Jesús siempre abordó la cuestión planteando una pregunta, no dando la respuesta.
Jesús invita a tus amigos a una aventura que pasa por el bosque de las preguntas, el mar de la intriga, el desierto del misterio, y a veces por las tormentas de la soledad. Cuando el cerebro humano hace las conexiones para llegar a un nuevo descubrimiento (aprendizaje), el sentimiento de placer es real a causa de las endorfinas. Estas son proteínas minúsculas segregadas por la hipófisis.
Entonces, cuando hay búsqueda, preguntas, misterio y se llega a una respuesta, las endorfinas saltan y bailan como adolescentes felices y desordenados. Esos adolescentes corren por todo el vecindario y tocan la puerta de los receptores neurales que producen la analgesia. Cuando les abren la puerta, se produce un efecto sedante que el cerebro descifra como placer. O sea, Dios nos diseñó para que sintiéramos placer al buscar y al encontrar, y no cuando se nos proporciona el plato servido. Lo que buscamos en lo profundo de nuestro ser son preguntas, no respuestas.
La relevancia de Jesús reside ahí, en el hecho de que él plantea los interrogantes más profundos y el misterio más intrigante para el intelecto humano. Jesús nos hace pensar, nos hace dudar. Él enciende la música en nosotros para que la fiesta de esas endorfinas adolescentes nos den el placer de que hemos conocido la Verdad, o sea a Jesús.
No se trata de dar respuestas a la cultura, tiene que ver con las preguntas que le sugiramos.
Cada vez que encuentra una puerta cerrada, nuestra mano se mueve como autónoma porque la quiere abrir.
Siempre que vemos una ventana, nuestros ojos preguntan qué habrá del otro lado.
Cuando vemos al cielo, nuestro corazón no quiere ver a Jesús, quiere ir a donde Jesús está.
LA NUEVA GENERACIÓN DE JÓVENES LATINOAMERICANOS NO SE VA A EMOCIONAR POR ASISTIR A UNA IGLESIA EN LA QUE SOLO LA HAGAN CANTAR, QUIERE IR A UNA IGLESIA QUE LA HAGA PENSAR.
La nueva generación de jóvenes latinoamericanos no se va a emocionar por asistir a una iglesia en la que solo la hagan cantar, quiere ir a una iglesia que la haga pensar. Lo mismo sucede con la música cristiana: los jóvenes ya no quieren solo música que los haga llorar, quieren algo que los haga meditar. Nuestros libros cristianos, la mayoría traducidos del inglés al español, son leídos y bebidos como verdadera agua bendita del Jordán. Y copiamos todo ejemplo y consejo como si fuera sabiduría sagrada. Mucha de nuestra literatura es únicamente instructiva, lo que no tiene nada de malo, pero me hace tomar la posición del Pensador de Rodyn… ¡nuestros libros no hacen pensar a nuestros jóvenes!
Galileo dijo que todas las verdades son fáciles de entender una vez que las descubrimos; el punto, sostuvo, es descubrirlas.
No estamos diseñados para que nos expliquen la Verdad, estamos diseñados para buscarla, preguntar por ella y descubrirla. Es natural en nosotros cuestionar y dudar, es el primer paso a la fe.
Es por eso que el Espíritu Santo nos «guía» a toda verdad. No nos la enseña, no nos la sirve como plato de comida. Nos lleva a encontrarla.
El camino para comprender quién es Jesús no se encuentra alfombrado de conceptos contemporáneos que explican la Verdad. La senda que nos lleva a compr...