101 Ideas para hacer discípulos
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101 Ideas para hacer discípulos

  1. 224 páginas
  2. Spanish
  3. ePUB (apto para móviles)
  4. Disponible en iOS y Android
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101 Ideas para hacer discípulos

Descripción del libro

101 IDEAS PARA HACER DISCÍPULOS te ayudará a desarrollar el ambiente necesario para cultivar esta misión, y te sumergirá en cada aspecto del discipulado. Encontrarás ideas que se ajusten a tu contexto con el fin de que tu ministerio haga verdaderos discípulos de Jesús. Definitivamente, alcanzarás un criterio amplio para que la visión que te has propuesto se lleve a cabo.

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Información

Editorial
Vida
Año
2011
ISBN del libro electrónico
9780829782509

SECCIÓN 1


CLIC – COMIENZA PENSANDO EN EL FINAL

Comenzar pensando en el final es comenzar con la imagen del fin de tu vida como el marco de referencia por el cual se mide todo lo demás.
– Stephen Covey –
Los siete hábitos de personas altamente eficaces
«Comienza pensado con el final» se basa en el principio de que todas las cosas son creadas dos veces. Hay una creación mental, o primera; y una creación física, o segunda, para todas las cosas.
– Stephen Covey –
Los siete hábitos de personas altamente eficaces
El fin de todo esto es que la sabiduría de Dios, en toda su diversidad, se dé a conocer ahora, por medio de la iglesia, a los poderes y autoridades en las regiones celestiales, conforme a su eterno propósito realizado en Cristo Jesús nuestro Señor.
– El Apóstol Pablo –
(Efesios 3:10—11)

IMAGINA

Las personas solo ven lo que están preparadas para ver.
– Ralph Waldo Emerson –
Lo que aparece a continuación es una historia verídica que ocurrió en un ministerio el cual tuve el privilegio de presidir. Lo relato de memoria y desde mi perspectiva. No hay exageraciones para crear efectos. Es la realidad, contada por una persona normal y corriente que, a pesar de sí mismo, ha visto a Dios hacer cosas extraordinarias. (Los nombres de los estudiantes han sido cambiados para proteger su privacidad).

COSAS DE DIOS VAN A OCURRIR

Era un miércoles por la noche antes de nuestro viaje misionero a México y los líderes adultos estaban apiñados en mi pequeña e insignificante sala de estar para una última reunión de preparación. Este viaje se había convertido en una tradición (Mark Oestreicher lo había iniciado antes de que yo me convirtiera en el pastor de jóvenes) y, aunque había uno que otro líder principiante, la mayoría ya había formado parte de la expedición y veía toda la experiencia como algo rutinario. Aun así, por alguna razón, esta vez se notaba un sentir de expectación. Nadie podía explicarse el qué, por qué o cómo: simplemente sabíamos que este viaje no iba a ser rutinario. Es por eso que sentíamos que esa noche era diferente a las de otras reuniones finales pasadas. Nuestras expectativas eran mayores. Había una energía de muchos nervios. Nuestras oraciones eran dependientes y estaban llenas de esperanza. Queríamos estar preparados porque sentíamos que podían ocurrir cosas de Dios.
Tal vez sea necesario un poco de contexto. Este era un viaje misionero de un grupo de escuela intermedia. Más aun, era para estudiantes que habían completado su octavo nivel y que entrarían al noveno nivel al cabo de unas semanas. Y a la gira no podía ir cualquiera. Los estudiantes se tenían que haber comprometido a nuestro grupo, haber demostrado una relación creciente con Cristo, y haber articulado un interés genuino en cultivar relaciones con sus amigos para que Dios, a su tiempo y según sus propósitos, utilizara a nuestros estudiantes para atraer a otros hacia él. Lo que voy a decir ahora puede sonar algo severo para algunos, pero todos los años había estudiantes que presentaban su solicitud y no les aceptábamos. Nuestro requisito era que los estudiantes presentasen su solicitud y se sometieran a una entrevista. Y sí, estábamos dispuestos a decir «no» si sentíamos que los estudiantes no estaban preparados. Entendíamos que era nuestra misión hablarles con sinceridad y gentileza acerca de sus vidas, en vez de serles deshonestos. Además, queríamos mantener altas las expectativas y requisitos del equipo, así que filtramos a cada candidato según ese criterio.
La preparación para el viaje fue intensa: reuniones extensas de capacitación, proyectos comunitarios, devociones personales, y gran nivel de responsabilidad. Incluso, era tan intenso, que los estudiantes a veces tenían que decidir entre nuestro equipo y alguna otra oportunidad significativa.
Por ejemplo, durante ese año en específico, un estudiante tuvo que escoger entre ir a un viaje de su equipo de béisbol o formar parte del viaje a México. Otro estudiante tuvo que escoger entre una compañía de cantantes a nivel nacional y nuestro equipo. Ya que era nuestra convicción que este equipo representaba un llamado tan importante como cualquier otro empeño, no estábamos dispuestos a permitir que los miembros pasasen a un segundo plano por ningún motivo. Forzar este tipo de decisiones fue algo bueno. No intentábamos ser legalistas, solo queríamos elevar el nivel de exigencias porque el viaje era algo más que una actividad: era un catalizador para cultivar a estudiantes que estaban comprometidos a ser discípulos y a participar en el trabajo de hacer discípulos.
Es más, la visión de nuestro equipo era similar a lo que David Livermore articula en su excelente libro, Serving with Eyes Wide Open: Doing Short-Term Missions with Cultural Intelligence (Sirviendo con los Ojos Bien Abiertos: Crear Misiones a Corto Plazo con Inteligencia Cultural). Existía un deseo intenso en desarrollar una comunidad de estudiantes comprometidos a ser «cristianos del mundo", lo que definimos como cristianos que son generosos con el tiempo, el servicio, el dinero y la oración. Se trataba de ayudar a estudiantes a desarrollar un interés sincero por las personas que no conocen a Cristo, y una disposición a ir más allá de la seguridad de sus grupos de amigos, para adentrarse a la incertidumbre de forjar relaciones auténticas y a ofrecer un testigo verbal para Cristo. Todo era cuestión de ayudar a los estudiantes a vivir de forma misional sin importar en qué parte del mundo se encontraran.

Sĺ OCURRIERON COSAS DE DIOS

Ese año sí ocurrieron cosas de Dios. He dirigido muchos viajes misioneros, pero este fue uno especial. Todavía hablo de ello de vez en cuando durante mis presentaciones, y es muy raro que finalice sin un nudo en la garganta (o peor aun, lloriqueando como un bebé). Esto fue lo que pasó:
Nuestro ministerio tenía este viaje misionero bajo control; no de tal manera que le dictáramos a nuestra iglesia compañera cómo se debía de desarrollar el ministerio, pero de tal manera que estábamos preparados para hacer cualquier cosa que la iglesia necesitara que hiciéramos para servir a las necesidades en las siguientes áreas:

• Construcción: construir estructuras de iglesias, construir casas; no importa lo que hiciéramos, ayudábamos a la gente de la iglesia y nos dejábamos dirigir por ellos.
• Oración: caminatas de oración, reuniones de oración, oraciones por los enfermos… tú lo decías y orábamos por ello; y, nuevamente, nos dejábamos dirigir por ellos.
• Evangelismo: evangelismo a través del deporte, evangelismo de puerta en puerta, presentación de la película de Jesús o cualquier otra cosa que la iglesia sentía que era mejor para la comunidad.
• Ministerio para niños: Escuela Bíblica de Vacaciones, clubes de barrio, programas deportivos, y una vez más, cualquier cosa que la iglesia sentía que era mejor para servir sus propósitos.

Siempre me sentí orgulloso de nuestros grupos. Cada uno de ellos había sido capacitado para ser flexible y competente a nivel cultural; y la mayor parte de estos grupos sobrepasaban las expectativas, sobre todo para chicos de escuela intermedia.
Pero los viajes misioneros nunca han estado entre mis «10 experiencias favoritas» de ministerios juveniles. Hay muchas razones, pero la principal es que odio el papel que me siento forzado a asumir. Yo siempre soy el malo de la película. Soy el que dice: «No. nada. lo siento, pero no podemos hacer nada. Ya estamos más que comprometidos y no hay nada más que podamos hacer para ayudar». Y, lo que es peor, hasta tengo apariencia de personaje malo: soy calvo y robusto, tengo barba de chivo y cuello ancho. Soy al que muchos de los mejicanos en nuestros viajes le llaman «Piedra Fría». Créeme, soy la versión extremadamente minúscula del luchador «Piedra Fría", Steve Austin. Y, mientras que mi apariencia crea fama entre los chicos mejicanos, solo me hace quedar como malo cuando le digo a sus padres: «No, no podemos ayudarle».
Así que esa es una parte del trabajo a la que renunciaría con gusto. De hecho, cada año he intentado métodos distintos para que el trabajo sea menos odioso. Un año, intenté el concepto de márgenes de tiempo: «Solo estamos aquí por cinco días y no tenemos tiempo para construir otra cosa». Al año siguiente les di la explicación selectiva: «Lo sentimos, pero la iglesia escogió los hogares que construiríamos antes de que llegáramos». Independientemente del método que emplease, la multitud de personas que necesitaban ayuda aumentaba cada año. Y, a medida que cada verano pasaba, odiaba cada vez más este trabajo.

DĺA I

Ese verano en particular fue el más horrible. Vi a más gente durante mi primer día de la que nunca había visto. Peor aun, había algo que me destruía por dentro. De alguna forma mi corazón había pasado de la compasión al desdén. A medida que veía la tan abrumante necesidad, llegué a evocar la creencia de que esas personas no estaban haciendo nada para ayudarse a sí mismos. Me avergüenzo de admitirlo, pero ciertamente contaba las horas que quedaban para que pudiéramos desmontarlo todo y regresar nuevamente al campamento.
De regreso al campamento, solíamos hacer lo mismo: Limpiábamos, cenábamos, y luego nos reuníamos para procesar lo que entendíamos que Dios estaba haciendo en y a través de nosotros. Yo no me encontraba con el estado de ánimo para poder liderar y desde hace ya bastante tiempo había olvidado qué cosas de Dios estaban ocurriendo. Entonces, cuando algo fuera de lo ordinario comenzó a suceder... me sentí muy enfadado.
Dos estudiantes hablaron sobre cómo habían conocido a una mujer y a su bebé. Por medio de un traductor, esta mujer explicó que su hijo necesitaba ver a un médico. Hasta ahora la historia no estaba tan mal. Pero entonces dijeron: «Le prometimos que si venía a nuestro centro de trabajo mañana, la llevaríamos a ella y a su hijo a una clínica».
Mi mente estalló. ¿Qué? ¿Quién les dijo que dijeran eso? ¿No los hemos entrenado una y otra vez para que no le hagan promesas a la gente? Hasta les explicamos que esta era una de las peores partes de una experiencia misioneraser testigo de más necesidades de las que se podían cumplir. ¿Cómo pudieron hacer semejante promesa? Me han tendido una trampa. Mañana, nuevamente, ime van a ver como el tipo calvo, grande y malo que no hace nada por nadie!
Antes de que pudiese decir una sola palabra, el coordinador de la organización misionera que facilitaba nuestro viaje entró en la conversación y dijo: «Me parece que debemos orar para saber qué es lo que Dios quiere hacer a través de nosotros para que podamos ayudar a esta mujer». ¿Qué? ¿Estás loco? ¿Orar? Tú fuiste el que me enseñaste a entrenar a los estudiantes a no hacer promesas… ¿y ahora los apoyas? Además, ¿quién te dio a ti liderato en esta reunión? Yo estoy liderando este viaje; ¡tú solo coordinas!
Yo ya estaba a punto de reventar, pero, ¿qué podía hacer? Tenía que aceptar lo que estaba ocurriendo. Sin embargo, a medida que se iba acercando el final del día, les recordé a los estudiantes por qué no podíamos hacer promesas; entonces amontoné una porción adicional de cargo de conciencia para asegurarme de que todos supieran cuán miserable sería eso para mí, para el tipo malo que tenía que decir «no».
Una vez que concluyó la reunión, me fui directo a Seth, el coordinador, y le dije: «¿Qué es lo que estás pensando? ¡Estos son chicos de escuela intermedia! Los llenas de ilusiones, haciéndoles creer que realmente podemos hacer algo. Ya nos hemos comprometido a una agenda muy apretada antes de llegar aquí. Tú mismo has dicho que somos el grupo mejor preparado en comparación con otros grupos con los que has trabajado y que somos los que más logros obtienen; incluso más logros que los grupos adultos. Además, tú mismo fuiste el que me dijiste que me asegurara que los estudiantes no anduvieran haciendo promesas sobre cómo podíamos ayudar. Sin embargo, esta noche, en vez de ayudarme, me hiciste quedar como el malo de la película por hacer justo lo que me enseñaste a hacer. ¿Qué estabas pensando?».
Seth, muy tranquilo, respondió: «Pensé que tal vez Dios querría hacer algo único con tu grupo. No estoy seguro, pero sentí que la oración merecía el riesgo».
«¡Pues yo no sentí nada! ¡Y no vuelvas a hacerme eso otra vez!»
Con eso me alejé y me perdí completamente lo que Dios ya comenzaba a hacer.

DÍA 2

No teníamos idea de dónde vivía esta mujer o cómo podíamos comunicarnos con ella. De hecho, cuando le pedimos información a los estudiantes, señalaron hacia el desierto y nos dijeron: «viven por allá».
«Allá no hay otra cosa que no sea arena", les dije. «No hay agua, no hay carreteras... ¡no hay nada!».
Pero esto dos estudiantes fueron firmes. «¡Allí es donde vive!».
Así que nos ingeniamos un plan, aunque yo estaba seguro de que sería un fracaso (y, seamos honestos, yo quería que fracasara). Esto fue lo que decidí:

1. Si la mujer se presentaba en nuestros espacios de trabajo durante el día, veríamos si la podíamos ayudar. Pero, si no aparecía ese día, no había nada que pudiéramos hacer.
2. Solo hice una otra concesión: Ya que los dos estudiantes estaban convencidos de que esta mujer necesitaba nuestra ayuda, les permití que pasaran la mañana buscándola. Nunca había hecho esto antes, pero no lo hacía porque me importara: simplemente no quería que me señalaran como aquél que no hizo lo necesario. Así que permití a estos dos estudiantes, acompañados por dos adultos, a que llenaran varias cantimploras y que caminaran por el desierto. Tenían que caminar en dirección este en línea recta y tenían que prometer que no podían perder de vista la comunidad en la que estábamos trabajando. Podían caminar hasta un máximo de 60 minutos antes de darse la vuelta y regresar.

Ese era el plan. El grupo hizo una oración antes de que los cuatro individuos se marcharan. Todos los 40 estudiantes y 12 adultos oraron para que, esta mujer apareciera de alguna manera. Yo, en secreto, oraba por lo opuesto.
Al...

Índice

  1. Cover
  2. Title Page
  3. CONTENIDO
  4. INTRODUCCIÓN: CÁMARAS POLAROID Y HACER DISCÍPULOS
  5. SECCIÓN 1: CLIC – COMIENZA PENSANDO EN EL FINAL
  6. IMAGINA
  7. EL ARTE DEL VISIONARIO: ESTILO POLAROID
  8. SECCIÓN 2: 101 IDEAS PARA HACER DISCÍPULOS EN TU GRUPO DE JÓVENES
  9. PARTE 1
  10. PARTE 2
  11. PARTE 3
  12. PARTE 4
  13. CONCLUSIÓN
  14. AL MINISTERIO SONLIFE
  15. Copyright
  16. Share Your Thoughts
  17. About the Publisher
  18. NOTAS