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Comentario bíblico con aplicación NVI Cartas de Juan
Del texto bíblico a una aplicación contemporánea
- 304 páginas
- Spanish
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- Disponible en iOS y Android
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Comentario bíblico con aplicación NVI Cartas de Juan
Del texto bíblico a una aplicación contemporánea
Descripción del libro
La mayoría de los comentarios bíblicos nos llevan en un viaje de una sola vía de nuestro mundo al mundo bíblico. Pero nos dejan ahí, asumiendo que de alguna manera nosotros podremos hacer el viaje de regreso por nuestros propios medios. En otras palabras, se enfocan en el significado original del pasaje pero no discuten las aplicaciones contemporáneas. La información que ofrecen es valiosa, ¡pero el trabajo esta a medias! La serie de Comentarios NVI nos ayuda con las dos partes del trabajo interpretativo. Esta nueva y única serie, muestra a los lectores como traer el mensaje antiguo a un contexto moderno. Explica no solo lo que da a entender la Biblia sino también como nos puede hablar poderosamente hoy día.
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Información
Categoría
Teología y religiónCategoría
Comentario bíblico1 Juan 1:1-4
Lo que ha sido desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros propios ojos, lo que hemos contemplado, lo que hemos tocado con las manos, esto les anunciamos respecto al Verbo que es vida. 2 Esta vida se manifestó. Nosotros la hemos visto y damos testimonio de ella, y les anunciamos a ustedes la vida eterna que estaba con el Padre y que se nos ha manifestado.3 Les anunciamos lo que hemos visto y oído, para que también ustedes tengan comunión con nosotros. Y nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo.4 Les escribimos estas cosas para que nuestra alegría sea completa.
Sentido Original
Las palabras de apertura de Juan sirven como introducción y nos presentan, como una vez escribió C. H. Dodd, una “maraña gramatical” que ha quedado bien disimulada por la NVI. Las frases se apilan una sobre otra cuando Juan intenta comprimir en un simple párrafo unas ideas cuya complejidad se va a ver en la carta. Cualquier lector cuidadoso de la literatura joánica notará de inmediato los ecos del prólogo del Cuarto Evangelio. En cada prólogo (en el del Evangelio y en el de 1 Juan) el logos o Verbo de Dios es crucial, pero ambos párrafos no van en paralelo. Más bien son complementarios.1 En el Evangelio aprendemos acerca de la historia y obra del Verbo en la creación, su encarnación en el mundo, su rechazo y la vida eterna que ofrecía. Ahora, Juan se encarga de dos temas: la realidad de su encarnación (“lo que hemos oído … visto … y … tocado”) y su importancia salvífica (“esto les anunciamos respecto al Verbo que es vida”). Juan parece enfatizar la centralidad del Verbo encarnado como si se hubiera formado controversia en torno al tema, como si hubiese una discusión sobre si el Verbo de Dios se hizo realmente carne (plena carne humana) en Jesucristo. Como veremos, el correcto pensamiento acerca de Jesucristo es el pivote sobre el que se sostiene en equilibrio la correcta teología.
Aunque esta intuición de controversia teológica se verá confirmada en versículos posteriores (4:2-3), podemos ver en 1:3-4 que el énfasis de Juan es enteramente pastoral y práctico. Su mente está puesta en la estructura de la comunidad cristiana y en cómo su comunión y gozo se están viendo afectados por disposiciones relativas a Jesús. Asume que la íntima comunión en la comunidad cristiana solo es posible cuando hay consenso sobre la identidad y la presencia de Jesús.
El Verbo encarnado (1:1a)
La forzada gramática de los versículos 1-3 acentúa el énfasis de Juan en la centralidad del Verbo encarnado. Una traducción literal así dispuesta nos ayuda a entenderlo mejor:
1 Lo que ha sido desde el principio,
lo que hemos oído,
lo que hemos visto con nuestros propios ojos,
lo que hemos contemplado y hemos tocado con las manos,
—concerniente al verbo de vida—
2 Y la vida apareció
y hemos visto y testificamos, y les anunciamos la vida eterna
que estaba con el Padre y fue revelada a nosotros);
3 Lo que hemos visto y oído
Lo proclamamos también a ustedes.
Colocar el verbo de la oración en el versículo 3 permite a Juan agrupar cuatro cláusulas de relativo al principio (la quinta está en 3a) y así enfatizar el objeto proclamado (el Verbo) más que el acto mismo de proclamación. También es curioso que el pronombre relativo sea neutro (“lo que”, gr. ho, en lugar de “quien”). Puesto que “Verbo” (gr. logos) es masculino, parecería apropiado y gramaticalmente correcto poner el pronombre relativo en concordancia con el supuesto sujeto, Jesús, el Verbo encarnado.2 Sin embargo, el uso de un pronombre neutro puede ser una manera de expresar “la trayectoria de Jesús”.3 Los pronombres neutros pueden funcionar “de manera inclusiva para cubrir la persona, las palabras y los hechos”.4 Por tanto, Juan está diciendo que la visión en conjunto de la vida de Jesús es lo que importa en este asunto, no los simples acontecimientos particulares o incluso la aparición en abstracto de Dios en la historia. En Cristo, Dios caminó con la humanidad, y todo el que entra en contacto con esta realidad, todo el que haya oído, visto y tocado esta realidad, no puede sino convertirla en algo central.
Todo esto es para decir que el interés singular de Juan no es alguna doctrina abstracta sobre Jesús o sobre la importancia de predicar acerca de Jesús (aunque algunos comentaristas lo entienden así); más bien se trata de la realidad del carácter personal de Jesús, de su encarnación, su entrada en la historia. Se le describe como “el Verbo”, no como si Jesús fuese una idea predicada o un mensaje que ilumina. Este término más bien nos remonta al prólogo del Evangelio, donde se llama a Jesús “el Verbo” como título personal de relevancia tanto para oídos griegos como judíos. El Verbo es la expresión creativa de sí mismo que tiene Dios y por medio de la cual fue creado el cosmos (judaísmo, Gn 1:1ss.). Es la razón divina que da al universo coherencia y propósito (helenismo; cf. Filón). Así pues, en el versículo 1, Juan escribe que este verbo era “desde el principio” (cf. Jn 1:1, “En el principio ya existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios”). No se refiere necesariamente al principio de la vida de Jesús en la tierra (aunque algunos han defendido esa interpretación). Más bien, explica la maravillosa tensión del pensamiento cristiano: Aquel que existía desde la eternidad sin límites ha entrado en el tiempo y el espacio, y se ha alojado aquí en la tierra.
Por tanto, la relación de este Verbo con la historia humana es de crítica importancia. Los versículos presentes de Juan sirven como una reflexión, quizás una expansión, en torno al versículo principal del prólogo, Juan 1:14: “Y el Verbo se hizo hombre y habitó entre nosotros. Y hemos contemplado su gloria”. Para descartar cualquier sugerencia de que esta aparición en la historia fuese imaginaria o parcial, Juan habla gráficamente de la confirmación sensorial (oír/ver/tocar) que acompañó a esta revelación.
El Verbo de vida (1:1b-2)
Sin embargo, este no es un Verbo cualquiera. Tampoco es un Verbo “acerca de la vida”, como si se tratase de un mensaje que explicara el sentido de vivir. La expresión final del versículo 1 es determinante, porque explica la importancia de esta revelación. Una vez más, el prólogo del Cuarto Evangelio en Juan 1:4 nos da una pista. Ahí aprendemos que este Verbo encarnado es la fuente de la vida: “En él estaba la vida”.5 “Respecto al Verbo que es vida” es casi un torpe paréntesis insertado en el párrafo para dejar totalmente claro que la vida eterna aquí descrita tiene su base en los hechos históricos de la vida de Jesús. En otras palabras, la vida eterna no es el resultado de algo de iluminación o conocimiento adquiridos de modo místico. La vida eterna está históricamente anclada en lo que podemos llamar el escándalo de la particularidad exclusiva del cristianismo. La vida de Dios ha llegado hasta nosotros por medio de un hecho histórico, un acontecimiento que Juan afirma que ha sido verificado por personas que lo vieron.
Es interesante que, en el versículo 2, la autoridad que hay tras la afirmación de Juan no sea meramente la de alguna tradición o convencionalismo doctrinal. Brota de la experiencia. Para Juan, una cosa sería defender la particularidad de la encarnación como requisito lógico de algún sistema teológico, y desde luego que podría hacerlo. El reiterado énfasis en la experiencia personal —ver y dar testimonio de lo que nos ha sido revelado— no es solo una manera de apuntalar su defensa de la encarnación. La autoridad de Juan descansa en lo que él sabe que es verdad porque lo ha tocado. Está realizando una interpelación urgente; no solo está ofreciendo un testimonio de una teología coherente y ortodoxa, sino de un Verbo viviente, Jesucristo, cuya realidad es el punto de referencia principal de su vida. En la comunidad cristiana inicial, cuando se buscó la sustitución apostólica del fallecido Judas Iscariote, el criterio dominante para el nombramiento era que el candidato tuviera esa experiencia del Señor encarnado. Matías obtuvo su candidatura, porque había visto y oído y tocado a Jesucristo, “desde que Juan bautizaba hasta el día en que Jesús fue llevado de entre nosotros” (Hch 1:22).
El Verbo y la comunión (1:3-4)
Los requisitos de la comunidad cristiana eran abrazar a este Verbo, experimentar esta vida, alcanzar ese punto de referencia. El propósito de la carta de Juan es la comunión: “… que tengan comunión con nosotros” (v. 3 a). El término griego que se traduce como “comunión” en la NVI es koinonia, que significa tener algo en común. Koinonia puede describir una labor compartida (como la pesca de Jacobo, Juan y Simón en Lc 5:10) o el disfrute en común de algún don o experiencia (como la gracia de Dios en Fil 1:7; las bendiciones del evangelio en 1Co 9:23; o el Espíritu Santo en 2Co 13:14).
Este es el punto crucial del pensamiento de Juan y el propósito de su escrito. La comunidad cristiana no es una asociación transitoria de personas que comparten simpatías comunes por una causa. Tampoco es una academia en la que se descubre un consenso intelectual acerca de Dios. No puede ser superficial. La comunidad cristiana es colaboración en la experiencia; es la vida en común de personas que poseen una experiencia compartida de Jesucristo. Hablan de su experiencia, se instan mutuamente a crecer más en ella y descubren que, a través de la misma, empiezan a construir una vida juntos que no se parece a ninguna otra vida compartida en el mundo.
Pero la comunidad cristiana no es meramente horizontal; no es un simple fenómeno social. Juan afirma que este discipulado es también “con el Padre y con su Hijo, Jesucristo” (v. 3b). Esto añade una dimensión más al significado de comunidad. La comunión no es la simple coincidencia de una experiencia de Dios que se comparte, donde comparamos nuestro andar espiritual privado; es vivir y experimentar al Padre y al Hijo juntos como creyentes. La comunión cristiana es triangular: mi vida en comunión con Cristo, tu vida en comunión con Cristo y mi vida en comunión con la tuya. La unión mística que disfruto con Cristo se convierte en el adhesivo que mantiene a la iglesia junta. En el versículo 4, Juan añade que el resultado neto de tal comunidad será el gozo: “que nuestra6 alegría sea completa”. Esto es un beneficio, un resultado, de una comunión genuinamente cristocéntrica.
Los temas aquí considerados encuentran un claro paralelismo en la enseñanza de Jesús en Juan 15. Permanecer en Cristo, la vid, es la manera de convertirse en discípulo de Cristo (15:8) y de experimentar su gozo (15:11). Además, nuestra unión con la vid es el requisito previo para el amor mutuo (15:12-17). Volvemos a ver que la comunidad cristiana crece a partir de una relación madura con Dios en su Hijo Jesucristo. Y, desde luego, donde no está dicha relación con Cristo, tal comunidad es algo imposible.
Construyendo Puentes
Partiendo de mi estudio panorámico de la literatura joánica (véase la Introducción) y de lo que entiendo en estos versículos, el énfasis de Juan me dice que está escribiendo a una comunidad en la que existe una considerable desunión. Han surgido facciones y diversos desacuerdos teológicos han menoscabado la vitalidad de la iglesia. De 1:1-4 y 4:1-3 deducimos con claridad que se ataca la encarnación. En la Introducción hemos especulado que estos oponentes bien podrían ser gnósticos, que, si en algún momento afirmaban la divinidad de Jesús, difícilmente admitirían su carácter físico en aspecto alguno. Para ellos, las propiedades físicas no podían tener nada en común con un ámbito divino. Por tanto, en esta comunidad heterogénea, los cristianos intentaban discernir qué era esencial para la identidad cristiana. No es descabellado imaginar que los debatientes insistieran en que toda “doctrina que divida” debiera ser puesta a un lado para que nadie resultase ofendido.
Además, Juan tiene en mente la calidad y carácter de la comunión cristiana que debiera acompañar a la vida cristiana. El reiterado énfasis de Juan en el amor a lo largo de su carta sugiere el áspero tono que tendría el debate. Los cristianos estaban enzarzados en un agrio conflicto, intentando averiguar cómo vivir en un entorno con tal diversidad. Así, incluso aquí en 1:1-4, su urgencia brota de un deseo de restaurar la comunión y la alegría en una comunidad que, de lo contrario, está dividida.
Sin embargo, es curioso que su tratamiento del tema no sea simplemente ético. Juan no se limita a catalogar cuáles son las conductas impropias para un cristiano y luego dar una lista de las virtudes adecuadas, como Pablo sí hace en Gálatas 5:16-26 y Colosenses 3:5-17. Juan une los temas de cristología y comunidad cuando exhorta a la iglesia diciendo que una correcta comprensión de Jesús debería condicionar la forma en que vivimos juntos. La encarnación de Jesús es la doctrina central de la fe cristiana. Abrazar a este Jesús histórico y seguir dando testimonio de él (ver/tocar/oír) debería ser lo central de nuestra vida colectiva. No podemos dejar al margen a Jesucristo, Dios hecho carne.
Como intérprete, entiendo que este contexto en particular, completado con los herejes protognósticos, tiene poco que ver con mi mundo. Algunas corrientes, sobre todo entre los que procuran forjar una nueva unidad entre el conjunto de movimientos religiosos, pueden parecerse en su forma de prescindir de la centralidad de Cristo como asunto primordial absoluto. Algunas religiones Nueva Era intentan, asimismo, heredar el “centro” de la enseñanza de Jesús, dejando atrás su persona.
Por otra parte, debo buscar temas que sirvan de puente entre el contexto de Juan y el mío. Debo procurar extraer lo que es contextualmente transferible para dar vida a este pasaje. Me vienen a la mente dos temas. (1) Juan está luchando con la esencia de la identidad cristiana. ¿Cuál es la médula de la creencia que distingue al cristiano? ¿Cuál es la doctrina clave en el corazón de nuestra fe? Regresaremos a esto una y otra vez conforme vemos que la teología encarnacional es, para Juan, la cuestión crucial de pensamiento. (2) Juan está describiendo la base de la comunión cristiana. Dentro de la iglesia, la calidad de nuestra vida en común es un dato esencial para cumplir con nuestra comisión como pueblo de Dios. Sin embargo, ¿deberíamos perseguir esta armonía y unidad de propósito a cualquier precio?
Significado Contemporáneo
Vivimos en una cultura ansiosa de experiencias religiosas. George Barna informa que, en Estados Unidos, en torno al 90% de la población cree en un Dios o dioses que tienen poder sobre el universo.7 Como resultado, la tolerancia religiosa y la experimentación son algo común. Además, al preguntar si todas las religiones del mundo oran básicamente al mismo Dios, el 64% de los adultos dijo que sí. En la iglesia cristiana, entre los que se hacen llamar evangélicos, el 46% respondió afirmativamente, y, de entre ellos, los que se presentan como “nacidos de nuevo”, contestaron que sí en un 48%. Entre los adultos que simplemente se consideran “asistentes regulares a la iglesia”, el 62% afirmaba creer que todas las religiones oran esencialmente al mismo Dios.8 Es pasmoso. En las bancas de las iglesias americanas, dos tercios de las personas no cree...
Índice
- Cover
- Title Page
- Dedication
- Contenido
- Introducción a la serie CBA NVI
- Prefacio del editor
- Prefacio del autor
- Abreviaturas
- Introducción a las Cartas de Juan
- Bibliografía selecta
- Texto y comentario de las Cartas de Juan
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