No es tanto la música lo que se inventa, sino los modelos de discurso que la rodean. Este libro examina cómo el Estado mexicano, desde el proyecto posrevolucionario hasta las formas neoliberales de concebir las expresiones culturales, impulsó la investigación, la promoción y la preservación de las músicas de los pueblos indígenas.
Marina Alonso Bolañosmuestra cómo se fomentó aquello que se consideró «lo propiamente indígena» y reivindica el aporte de quienes registraron estas músicas para luego volverse invisibles, aunque sus huellas permanezcan en los archivos sonoros.
Una mirada crítica sobre la categoría de «música indígena», que de ahora en adelante no podremos dar por sentada. Segunda edición. Colección Paradigma indicial.
