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Descripción del libro
El 14 de agosto de 1928 y después de haber escrito una serie numerosa de artículos periodísticos en el diario El Mundo sin firma de autor, se publican, primero con las iniciales “R. A” y luego con el nombre completo de Roberto Arlt, los textos de las aguafuertes porteñas, una sección que sin ese rótulo ya estaba inscripta en el periódico desde unos meses antes. Más allá de las diversas fluctuaciones que pueden leerse en esta columna recién inaugurada, los textos firmados de los dos primeros años de Arlt en El Mundo permiten leer y examinar los pasajes entre una participación periodística más cercana a los temas del día y al vínculo con las noticias del diario, y una escritura con tintes costumbristas que adquiere mayor autonomía y que asume, gradualmente y sin titubeos, los rasgos del formato exitoso del periodista “estrella” del diario. Son los signos característicos del aguafuertista los que aquí se definen. Se trata de un énfasis y un pasaje hacia el costumbrismo crítico de los cuadros sobre Buenos Aires, el pintoresquismo de los tipos humanos de la ciudad, la consolidación de un lugar de enunciación, rupturista, lenguaraz e irónico, y la apelación elocuente y constructiva al diálogo fructuoso con el público lector. Arlt recorre la ciudad como un vagabundo y en esos recorridos de cronista “instintivo” y creador se vuelca a la ciudad como un libro al que leer e interpretar.
Índice
- Estudio preliminar
- Criterios de esta edición
- Aguafuertes porteñas (1928-1929)
- El “affaire” de la casa de gobierno
- El hombre que ocupa la vidriera del café
- ¿Qué hace la policía frente al folleto inmoral?
- El “furbo”
- La gloria de “Mateo”
- Se terminó la “lata” en el Congreso
- El hombre de principios
- Calles raras
- La linda agresividad porteña
- El hombre que “va al centro”
- El origen de algunas palabras de nuestro léxico popular
- El enfermo profesional
- No es por hablar mal, pero…
- El hombre que hace economías
- El gato
- Psicología del hombre que deja pasar el tranvía
- Berta Byl
- El odio a los muebles viejos
- Don Juan Tenorio y los diez centavos
- El enterrado vivo
- El hombre de la camiseta calada
- Filosofía del hombre que necesita ladrillos
- Taller de compostura de muñecas
- Un filósofo de la Avenida de Mayo
- Pasaje Güemes
- Los médicos tacaños
- La tristeza del sábado inglés
- Molinos de viento en Flores
- Los tomadores de sol en el Botánico
- “Cuando suba don Hipólito…”
- El relojero
- El vendedor de automóviles
- La amarga alegría del mentiroso
- El hombre que habla y no paga
- El turco que juega y sueña
- Del arte de saber perder a la lotería
- Ventanas iluminadas
- El placer de vagabundear
- El hombre corcho
- Casas sin terminar
- Llegó la pegajosa primavera
- Vida de los vigilantes
- “¿No se lo decía yo?”
- Engañando al aburrimiento
- El parásito jovial
- Fauna tribunalesca
- La pavada sentimental del suicidio
- Aristocracia de barrio
- Elogio del amor callejero
- Resurrección inesperada de los chauffeurs
- El hombre que estuvo bien
- La violinista que llega tarde a la orquesta
- El lugar común
- El hombre que ronda el teatro
- El doctor Berduc y los estudiantes
- Estafadores disfrazados de contrabandistas
- El hombre que pudo salvar a Roura
- Trifones criollos
- Ya no se plagian versos: se plagian ¡recetas de cocina!
- Psicología simple del latero
- Llegó el dulce de leche
- El payador de almacén
- Bicicleterías y ciclistas
- La fruta robada no es la más barata
- ¿Qué van a hacer en las ocho horas?
- Argentinos en Europa
- Para conseguir empleo
- El hombre providencial
- Veleidades aristocráticas
- ¿Qué se han hecho los organitos?
- Vigilantes y ladrones
- La empleada que hace guardia el domingo
- El hombre que quiere que le levanten la vigilancia
- El parlanchín de la confitería
- Apología del pescador de caña
- La muchacha en el balcón solitario
- El parásito de los periódicos
- Divagaciones acerca del empleado
- ¿Por qué no se vende el libro argentino?
- Colonias de desocupados
- La filosofía del hombre que riega la huerta
- Música y poesías populares
- La lectora que defiende el libro nacional
- Productivas sociedades de beneficencia
- Mangas por correspondencia
- Poeta de parroquia
- El libro de los pelafustanes
- La mujer que juega a la quiniela
- Se gana la vida a fuerza de ingenio
- El partidario de la cremación
- El partido de los desocupados
- El que busca pensión
- El hombre que conversa con el vigilante
- El macaneo de la oratoria perpetua
- El hombre del tesoro
- El hombre que va a los remates
- Caballeros del plumero y de la escoba
- El que vende la felicidad por un peso
- Los picnics
- ¿Me caso con una niña bien o con una proletaria?
- El hombre que todo lo toma a trágico
- Congreso de charlatanería
- El poeta del domingo porteño
- El chico de los mil oficios
- El hombre que está por hacer un raid
- El hombre que llega tarde a dormir a su casa
- El hombre que mira al interior de las casas
- Los presidentes en la vía
- El hombre de la guitarra bajo la higuera
- El acompañante del que maneja auto particular
- El problema del veraneo
- El porteño en las sierras
- Jugadores tramposos
- La tragedia del supernumerario
- El hombre que vive de la “caza” y de la “pesca”
- El lector que manda tema para crónicas
- El ángulo de Lavalle y Junín
- Los pícaros ancianos
- El fonógrafo del domingo
- Sociedad literaria, artículo de museo
- Los porteños y el escarbadientes
- El cuentero que no es cuentero
- La tragedia de ser motorman
- Los gordos
- El hombre de los dos millones
- Un poco de charla con algunos lectores
- El hombre que nos habla de Dios
- El estilo colonial
- Quieren que hable de la traición en política
- El conventillo en nuestra literatura
- El conventillo en nuestra literatura
- Dos palabras más sobre arquitectura colonial
- Soñemos, señores, con los dos millones
- Tres hombres distintos
- El hombre que hace trabajos de muchacho
- Elogio de la ciudad de La Plata
- Gente de crónica social
- El amor en el subterráneo
- Hablemos, entonces, del “secante”
- La crónica nº 231
- Primer día del año
- Pieza de estudiante
- El indeciso
- Médicos burócratas
- El acompañante
- La vida humilde y trágica del corredor
- El dolor y la tragedia del que queda cesante
- La decadencia de la receta médica
- En el santo nombre de la Democracia
- El hombre que da una mala noticia
- La falsa benignidad periodística
- Elogio de la plaza de Vélez Sársfield
- Un poco más sobre la Sociedad de Escritores
- El club de los “cachadores”
- S.M. la coima
- Las cuatro recovas
- Elogio del buen cajero
- Un hermoso libro
- El basurero
- ¡37° a la sombra!
- El hombre que hace antesala
- El facineroso
- Hoy hablemos de las poetisas
- El crimen en el barrio
- El desierto en la ciudad
- El aburrimiento del domingo
- Algo más sobre las poetisas
- El cementerio del estómago
- El automovilista incipiente
- El jefe de estación
- El botín con la suela desprendida
- El chico de la oficina
- La calle Florida
- Miradas singulares
- El ajedrecista
- Disputas conyugales
- El aficionado a navegante
- Perros de la ciudad y del suburbio
- La casa tipo caverna
- Casas abandonadas
- ¡“Cómo se divertimo”!
- Cuadros de Carnaval
- Se continúa con Carnaval
- Si el Carnaval no aburre
- Singularidades de Carnaval
- Anoche lo vi a Panete
- Alacraneos carnavalescos
- Almas y serpentinas mustias
- Carta de una empleada
- Carta de otra lectora
- El hombre de los cien amigos
- El hombre que espera carta
- Me hacen hablar de la suegra
- Confidencias de un estafador profesional
- El Libro de Job
- “Tiene mala suerte ese hombre”
- El deporte en la delincuencia
- El elogio de mi viejo librero
- El hombre que va a estrenar
- El yerno “esquenun”
- Pensamientos de un propietario
- Mujeres después de los veintiséis años
- El hombre que silba en el tranvía
- Yo no tengo la culpa
- Gente de segunda en primera
- El que mezquina la luz
- El “Busca muertos”
- Ejemplar actitud de un jefe
- Martingaleros y otros pilletes
- El abogado en los entierros
- El pintor de letras
- No, yo no soy así
- El yerno que sostiene a toda la familia
- Tenorio de otro tiempo
- El del trombón
- Elogio de la vagancia
- Tras del teléfono
- Habla un letrista
- Despedidas
- Hombre de fija
- “El portugués”
- La gran “manga”
- El sentido femenino de la amistad
- Corrientes, por la noche
- Criollaje en Mataderos
- El secretario galante
- Vagabundo improvisado
- Un collar de ruindades
- Pueblos de los alrededores
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Información
Editorial
Editorial Universitaria Villa MaríaAño
2026Categoría
LiteraturaCategoría
PeriodismoISBN del libro electrónico
9789876999861
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