La gestión del aula
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La gestión del aula

Todo lo que me hubiera gustado saber cuando empecé a dar clase

Pedro Mª Uruñuela

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Todo lo que me hubiera gustado saber cuando empecé a dar clase

Pedro Mª Uruñuela

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Este libro refuerza la formación docente en aspectos muchas veces olvidados, y descubiertos en la práctica diaria. Partiendo de situaciones reales, vividas cotidianamente en las aulas, cada capítulo contribuye a reforzar la satisfacción y bienestar personal y profesional de quienes se dedican a esta tarea de la educación. ¿Cómo?• Descubriendo que el clima de aula no viene dado, y que debe ser construido por parte del alumnado y del profesorado.• Comprobando el papel clave y fundamental de las relaciones interpersonales en el proceso de enseñanza-aprendizaje.• Teniendo en cuenta la importancia de normas inclusivas y participativas.• Experimentando la fuerza y presencia de las emociones y todo aquello que condiciona la motivación del alumnado.Esto y mucho más es lo que me hubiera gustado saber cuando empecé a dar clase. Se trata de factores que explican el origen de muchas de las dificultades que hoy día tiene el profesorado. El libro ofrece actividades y prácticas concretas para poder llevar a cabo la labor educativa a través de una buena gestión del aula.Un recurso imprescindible para todas aquellas personas que trabajan cada día en las aulas de las escuelas e institutos, o se están preparando para ello. Líderes escolares, gestores de la educación, orientadores y orientadoras, docentes de cualquier etapa encontrarán en este libro una guía básica y esencial de todo lo que necesitan saber para dar clase.

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Informazioni

Anno
2019
ISBN
9788427725409
Edizione
1
Argomento
Bildung
II
LA GESTIÓN DEL AULA:
PAUTAS Y SUGERENCIAS
DE ACTUACIÓN
9
“Hacer grupo”:
las relaciones personales en el aula
Nadie es sujeto en la soledad y el aislamiento, siempre se es sujeto entre sujetos:
el sentido humano de la vida no es un monólogo, sino que proviene del intercambio de sentidos, de la polifonía coral.
Antes que nada, la educación es la revelación de los demás, de la condición humana como un concierto de complicidades irremediables.

F. SAVATER
Un centro educativo es, a la vez, un centro de aprendizaje y un centro de convivencia. Se trata de dos dimensiones, dos aspectos inseparables, como las dos caras de una moneda. Y, algo más, la interacción con otras personas es la forma más eficaz de aprendizaje, aprendemos a través de esta relación e interacción, es imposible el aprendizaje si la relación con los maestros/as y con los compañeros/as del grupo no es positiva y segura. Además, como también se ha visto, desarrollar un tipo de relación inclusivo y seguro es una de las condiciones necesarias para un buen clima y, por tanto, para una buena gestión del aula. Es necesario prestar atención a las relaciones, fomentarlas y crear un grupo sano, seguro y bien relacionado. Sin embargo, pocas veces la formación y consolidación del grupo son objeto de tratamiento y de discusión por parte de todo el profesorado. Es cierto que, en muchos casos, desde el Departamento de Orientación se proporcionan pautas para las primeras sesiones de tutoría con el alumnado, al menos en los centros de Secundaria. Pero ¿son suficientes esas indicaciones? ¿Logran que todo el profesorado que da clase a un mismo grupo de alumnos/as se implique en este trabajo y lo considere un aspecto fundamental, tan importante como su propia materia?
La respuesta, con toda probabilidad, será negativa. En Infantil y Primaria, dada la estructura organizativa de estas etapas, es posible que el tema no tenga la misma prioridad, ya que, una vez constituido el grupo, continúa básicamente el mismo a lo largo de los cursos, con pequeñas variaciones. Incluso la propia maestra o maestro le acompaña a lo largo de los ciclos, dándose una continuidad en la relación y acción con el grupo. Sin embargo, nunca se puede perder de vista la importancia del grupo, de su cohesión, de las buenas relaciones interpersonales entre sus miembros, siendo todo esto un aspecto ineludible del trabajo de los maestros/as de cara al trabajo de una buena convivencia.
No sucede lo mismo en Secundaria, donde lo normal es que, de un curso para otro, haya cambios importantes dentro de los grupos. Al inicio de la etapa, porque vienen de varios colegios y no se han conocido hasta ese momento. En los siguientes niveles, porque la presencia de repetidores/as o la elección de optativas, entre otros factores, puede cambiar profundamente la composición de los grupos. De ahí que sea más necesario plantearse este tema y abordarlo a fondo. Es lo que se trata de abordar en este capítulo. Una de las cosas más necesarias para un profesor o profesora que empieza a dar clase es comprender la importancia del grupo-clase y la prioridad de trabajar en su creación y consolidación. Son varias las preguntas que cualquier profesor/a nuevo debe plantearse:
¿Los alumnos y alumnas de una clase forman un grupo? ¿Qué han hecho para conocerse? ¿Sienten que pertenecen a dicho grupo, que forman parte del mismo?
¿Qué pasa cuando el clima relacional interno es negativo?
¿Qué podemos hacer para construir y fortalecer el grupo?
La experiencia nos dirá enseguida que los grupos, dejados al azar, no se consolidan como tales y que suelen ser fuente de marginación o exclusión de determinados alumnos. Que es necesario plantearnos intencionalmente la consolidación del grupo como tal e incidir en aquellos aspectos propios del grupo que se consideren más prioritarios. Y que, lo mismo que se planifica el proceso de enseñanza de una asignatura, también es necesario programar y planificar las acciones que se van a poner en marcha para la consolidación y fortalecimiento de los distintos grupos.
Desde nuestro planteamiento, el trabajo de la convivencia no es algo sólo instrumental, sino un contenido nuclear de proceso educativo. Tratar de hacer un buen grupo, fortalecer su cohesión y las relaciones entre sus miembros son formas de trabajar la convivencia en la práctica, llevando a cabo unos aprendizajes útiles para la actividad del centro y, sobre todo, para la vida en general. Las competencias y habilidades desarrolladas van a ser de gran utilidad para otras situaciones de convivencia, y aprenderlas desde una edad muy temprana va a facilitar la construcción de una sociedad menos violenta y más convivencial.
LA CREACIÓN DEL GRUPO: LOS ELEMENTOS DE “PROVENCIÓN”
Un grupo no es solamente una yuxtaposición de personas, una simple unión de individuos. Un grupo se desarrolla a través de un proceso, en el que van apareciendo diversos elementos que van ensamblándose entre sí. Del mayor o menor éxito de este proceso surgirá un grupo potente, coherente y unido o, por el contrario, un grupo con problemas de interacción entre sus miembros, desunido y muy disperso.
Diversos autores describen y muestran los puntos que constituyen el “esqueleto” de un grupo. Distinguiendo el grupo primario, caracterizado por tener exclusivamente una relación de convivencia y familiaridad entre sus miembros, de los grupos secundarios o equipos, unidos por una meta y unos objetivos que conseguir, Medina y Cembranos (2003) señalan las interacciones, el pensamiento de grupo, las motivaciones, la estructura y dinámica, la realización de las tareas y el sentido del grupo como elementos fundamentales del grupo. En la misma línea, hay autores que se fijan en las necesidades de las personas que forman el grupo y en la respuesta que se da desde este. Tres elementos son claves para el grupo:
Cómo se da respuesta a la interdependencia, satisfaciendo las carencias e insuficiencias que una persona aislada vive y que busca solucionar en contacto con otras personas.
La respuesta a la necesidad de interacción, de comunicarse con otras personas y poner en común lo que le sucede, sus sentimientos y emociones, sus aspiraciones, etc.
El desarrollo de la propia identidad de cada miembro, que se forma a partir del contacto y del reflejo en otras personas, de la imagen que nos devuelven de cómo nos ven a nosotros/as.
A partir de estos elementos surgen otros, como los diferentes papeles que se representan en el grupo, las normas que ordenan la forma de actuar de sus miembros y, como consecuencia de todo ello, el mayor o menor sentido de pertenencia al grupo.
Todos estos elementos están presentes en los grupos de alumnos y alumnas que hay en los centros escolares. Son grupos unidos por una tarea común, el aprendizaje, que se reúnen en un tiempo y espacio estables, con una estructura también relativamente estable, con roles prefijados y normas explícitas, que lleva a cabo unas tareas y mantiene unas relaciones dentro y fuera del equipo.
¿Cómo potenciar estos grupos, en qué elementos es necesario incidir con mayor atención? Siguiendo la propuesta de Cascón14, son cuatro los elementos que deben trabajarse: “hacer grupo”, “la comunicación efectiva/el consenso”, “la cooperación” y “la resolución de conflictos”. El propio Cascón lo representa en forma de escaleras (fig. 9.1), en la que en la de la izquierda aparece lo que hay que trabajar con el alumnado, y en la de la derecha las obligaciones del profesorado.
Image
Figura 9.1. La escalera de construcción del grupo.
La propuesta de Cascón proviene del tratamiento y gestión de los conflictos, insistiendo en que lo importante es “proveer” de recursos a los grupos y colectivos, ya que, por la importancia que tienen, no es conveniente hacer “prevención” de los conflictos. Es este el sentido que queremos aplicar y desarrollar en este apartado: darnos recursos y capacidades que nos permitan abordar de manera constructiva algo que siempre va a estar presente en la vida colectiva.
“Hacer grupo”
La primera tarea consiste en hacer grupo. Y el propio Cascón señala varias acciones importantes para ello: presentación de los miembros, conocimiento, aprecio hacia todos sus componentes y confianza en ellos. Se da respuesta, de esta forma, a dos de las necesidades básicas señaladas: el sentimiento de pertenencia y el de identidad. Queremos percibir que somos aceptados y valorados por el grupo tal como somos. Lo contrario a esta percepción, se vivirá como exclusión, rechazo o falta de integración, y será origen de muchos problemas en el interior del grupo. De ahí que sea una tarea primordial de todo el profesorado fomentar el conocimiento, el aprecio y la confianza: que se conozcan todos por el nombre, que sepan algo de ellos a nivel personal, que se avance a un nivel más profundo y que, poco a poco, se vaya desarrollando una actitud de confianza mutua, base para otras cosas posteriores y, sobre todo, para erradicar el miedo o las posiciones de poder y dominio de unos sobre otros.
Es importante que, desde el primer momento, esta tarea se fomente por parte de todo el profesorado y que seamos nosotros, los profesores/as, quienes demos ejemplo de ello. Lamentablemente, no es difícil comprobar cómo hay compañeros/as que llegan a final de curso y no son capaces de identificar a determinados alumnos/as, teniendo que recurrir todavía a la fotografía para saber quiénes son.
Hay muchas dinámicas para poner esto en marcha y los Departamentos de Orientación suelen poner a disposición del profesorado ejercicios y juegos para llevar a cabo las presentaciones e ir creando estos vínculos de conocimiento, confianza y aprecio. Por experiencia propia, suele ser de gran interés organizar en el primer mes de clase una salida fuera del centro, sea donde sea. Más que el sitio donde vayan o lo que puedan aprender, lo que se busca es establecer otro tipo de relaciones más informales, que van a redundar en un fortalecimiento importante del grupo como tal.
Es importante, en esta fase, poner las bases para trabajar y desarrollar la autoestima y el aprecio de los demás, para desarrollar el propio autoconcepto y el de las demás personas. Como se ha indicado, la autoestima, en sus inicios, se forma a partir de la imagen que nos devuelven los demás, y es nuestra obligación como educadores/as de hacerles creer en ellos mismos y posibilitar el desarrollo de su propia identidad.
Hacer un hueco para esta tarea, convencerse de que es algo básico para el futuro trabajo y los aprendizajes que vamos a buscar con ellos y ellas, es una idea que merece la pena trabajar y discutir a nivel de todo el claustro. Lo mismo que debe hacerse en relación con el propio profesorado, más si tenemos en cuenta la enorme movilidad de profesorado que, lamentablemente, sigue existiendo en los centros públicos. No es perder el tiempo. Por el contrario, es ganarlo a través de una buena inversión en el grupo.
Hacer grupo es la primera tarea que se debe programar y planificar al inicio del curso. Ello supone cuidar la presentación de todo el alumnado, favorecer el conocimiento de todos entre sí, fomentar la confianza y trabajar el aprecio de todos/as hacia todo el alumnado.
LAS INTERACCIONES EN EL GRUPO
Se puede decir que las interacciones son los “átomos” del grupo, lo que hace que unas personas dejen de ser una masa o una yuxtaposición de personas, y se conviertan en grupo y en equipo. Un conjunto de personas puede, por ejemplo, estar esperando al autobús, pero no son un grupo como tal. Sólo cuando empieza a haber interacciones entre ellos, cuando alguien comenta el retraso habitual y las consecuencias que puede tener para entrar a tiempo en el trabajo y otros le responden y amplían la interacción, sólo entonces es cuando podemos empezar a hablar de grupo.
En el capítulo tercero se analizaban los distintos tipos de relación y su repercusión en el clima de aula. Pero estos tipos de relación surgen del desarrollo de múltiples interacciones, que son la base fundamental de dicha relación. Y es necesario que todo profesor o profes...

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