Juan Valera y AlcalĂĄ-Galiano (Cabra, CĂłrdoba, 1824-Madrid, 1905). España.PolĂtico y diplomĂĄtico, fue un hombre culto y refinado, con numerosas aventuras amorosas y amistades literarias.

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El maestro Raimundico
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El maestro Raimundico
I
En varios tratados de EconomĂa polĂtica he visto yo una cuenta, de la que resulta que la industria de los zapateros en Francia ha producido desde el descubrimiento de AmĂ©rica hasta hoy seis o siete veces mĂĄs riqueza que todo el oro y la plata que han venido a Europa desde aquel nuevo e inmenso continente. Esto me anima, sin recelo de pasar por inventor de inverosĂmiles tramoyas, a hablar aquĂ del maestro Raimundico.
Haciendo zapatos empezĂł a ser rico; acrecentĂł luego su riqueza dando dinero a premio, aunque por ser hombre concienzudo, temeroso de Dios y muy caritativo, nunca llevĂł mĂĄs de 10 por 100 al año; despuĂ©s fundĂł y abriĂł una tienda o bazar, donde se vendĂa cuanto hay que vender: azĂșcar, cafĂ©, judĂas, bacalao, barajas, devocionarios, libros para los niños de la escuela y toda clase de tejidos y de adornos para la vestimenta de hombres y mujeres. El maestro se fue quedando tambiĂ©n con no pocas fincas de sus deudores, y llegĂł a ser propietario de viñas, olivares, huertas y cortijos.
Ya no esgrimĂa la lezna, ni se ponĂa el tirapiĂ©, ni se ensuciaba los dedos con cerote; pero fiel a su origen, conservaba la zapaterĂa, donde trabajaban expertos oficiales, discĂpulos suyos. El magnĂfico bazar estaba contiguo. Y junto a la zapaterĂa y al bazar podĂa contemplarse la revocada y hermosa fachada de su casa, situada en la calle mĂĄs ancha y central del pueblo. A espaldas de esta casa y en no interrumpida sucesiĂłn, habĂa patios, corrales, caballerizas, tinados, bodegas, graneros, lagar, molino de aceite, y en suma, todo cuanto puede poseer y posee un acaudalado labrador y propietario de AndalucĂa. La puerta falsa, que daba ingreso a estas dependencias agrĂcolas, pudiera decirse que estaba extramuros del pueblo, si el pueblo tuviera muros, mientras que la puerta principal, segĂșn queda dicho, estaba en el centro.
El maestro Raimundico nunca habĂa querido comprometerse ni mezclarse en polĂtica; pero de sĂșbito acababa de cambiar. Se habĂa hecho fusionista y habĂa consentido en ser jefe de aquel partido polĂtico y alcalde en Villalegre.
Era viudo hacĂa ya quince años. Y hacĂa cerca de siete que tenĂa a su Ășnico hijo, don Raimundo RoldĂĄn de Cadenas, estudiando o paseando y holgando en Madrid, pues sobre este punto difieren no poco los autores. Difieren asimismo sobre la causa de la larga y no interrumpida ausencia del hijo, atribuyĂ©ndola unos a la viudez mĂĄs alegre que recoleta del padre, para la cual hubiera sido estorbo o escĂĄndalo la presencia del hijo, y atribuyĂ©ndola otros al despego y a la soberbia de Ă©ste, que vivĂa en Madrid como caballerito muy elegante e ilustre que hablaba de su casa solariega y que repugnaba volver al lugar a ver la plebeya ordinariez de su padre y, la primitiva y fundamental zapaterĂa, tenazmente conservada.
Como quiera que ello fuese, don Raimundo se daba en Madrid tono de muy hidalgo, y su gentil presencia, su elegancia en el vestir y el dinero que solĂa gastar con rumbo, prestaban a su hidalguĂa no corto crĂ©dito. Ăl era, ademĂĄs, robusto y ĂĄgil en todos los ejercicios del cuerpo, gran tirador de pistola, florete y sable, buen jinete, mejor bailarĂn y muy divertido, ocurrente y chistoso. TenĂa multitud de amigos y es...
Table of contents
- Créditos
- PresentaciĂłn
- El maestro Raimundico
- Libros a la carta