Lo humano como ideal regulativo
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Imaginación antropológica: cultura, formación y antropología negativa

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Imaginación antropológica: cultura, formación y antropología negativa

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Lo humano como ideal regulativo… plantea que, aunque no es una cosa en sí, lo humano funciona como un ideal regulativo capaz de sistematizar nuestra experiencia, y de hacer posible no un conocimiento sobre el hombre sino la diversidad de imágenes que a él están asociadas. Precisamente por esta razón, constantemente nos imaginamos a los otros y a nosotros mismos como siendo algo. Si se quiere, nos vemos obligados, y obligamos a otros, a ocupar una ontología. Esta actividad que se toma lo humano por objeto y que pretende determinar normativamente sus formas de existencia es llamada en el texto imaginación antropológica. Se considera aquí que, en general, todas las formas de exclusión y de abyección, bien sea en términos de raza, etnicidad, sexo, género, clase, etc., obedecen a distintos modos de imaginar a los seres humanos, al punto de que unos ocupan un lugar privilegiado en nuestras formas culturales y normativas de inteligibilidad antropológica, mientras que otros quedan sometidos a zonas de indiferenciación en cuyo seno sus vidas no son reconocidas completamente como humanas.

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1. La antropología histórico-pedagógica y la necesidad de la antropocrítica
Pretendo defender la idea de que este tipo de trabajos es necesario no solo para las ciencias sociales, sino también, y fundamentalmente, para nuestras formas locales de entender las reflexiones en educación. Voy a mostrar, en ese sentido, a lo largo de todo el texto y no solo en este capítulo, que los conceptos de formación (Bildung) y de formabilidad (Bildsamkeit), tal como los recibimos del mundo alemán, son suficientemente potentes para el trabajo de una crítica cultural. Me interesan las ciencias sociales y los estudios culturales (cultural studies) entendidos en un sentido amplio,1 es cierto, pero creo que el campo de una antropología histórico-pedagógica, un campo ya suficientemente plural y abierto, ofrece la posibilidad de trabajar con ambos conceptos. Con esto no quiero decir que necesariamente toda investigación debe fundarse en su exposición teórico-sistemática —de hecho la presente investigación no recurre al desarrollo sistemático de ambos conceptos—. Antes bien, veo con suficiente convicción que la articulación entre la antropología histórico-pedagógica y los estudios culturales tiene lugar allí donde la formación y la formabilidad ofrecen sus posibles rendimientos analíticos. Esta investigación tiene la tarea de donar estos conceptos a los estudios culturales y, por así decir, mostrarles que en sus preocupaciones por la identidad y por sus políticas están ya implícitos formación y formabilidad y que, en ese sentido, la crítica cultural es, a un mismo tiempo, crítica de los modos de devenir humanos y, con ella, el análisis de los mecanismos bajo los cuales nos producimos en la reiteración de ciertas normas antropológicas.
Este capítulo se propone mostrar el horizonte de trabajo de la antropología histórica y pedagógica de origen Alemán. Es el primer capítulo porque quiero mostrar que el trabajo de una antropocrítica se articula con el de la crítica cultural. Debo aclarar, desde ya, dos cosas: a los estudios culturales solo me referiré explícitamente en el segundo capítulo, y aunque voy a retomar especialmente el trabajo de Stuart Hall, uno de los iniciadores de los estudios culturales en Inglaterra, específicamente en Birmingham, mi trabajo está informado por una serie de autores que pertenecen a espacios institucionales localizados en lugares distintos. De acuerdo con esto, por decir lo menos, las ideas de Butler2 son la “mina” que me ha permitido pensar los elementos centrales de mi propuesta.
Además, se hace necesario mostrar cómo, desde el punto de vista de su tarea negativa, el nombre extenso de antropología histórico-pedagógica debe entenderse en términos de una antropocrítica o de una antropología histórica.3 Con ello se asegura un tipo de estudio de interés, tanto para las ciencias sociales y los estudios culturales como para la forma institucionalizada del trabajo sobre educación que, en Colombia al menos, es conocida en unidades académicas denominadas “Facultades de Educación”.4 Esta antropocrítica, justo porque se dirige a la crítica antropológica del par cultura-formación, abre los posibles campos de indagación en ciencias sociales, en general, y en el contexto educativo, en particular.
1. De la antropología pedagógica a la antropología histórica y pedagógica. Emergencia de la antropocrítica
La expresión antropocrítica se la debo a la escuela de pensamiento conocida en Alemania, desde hace ya unos treinta años, bajo el nombre de “antropología histórica”. Esta escuela, según Kontopodis, Wulf y Fichtner, puede ser entendida como una revisión de la antropología filosófica alemana, bajo la influencia de la historiografía francesa de la escuela de Los Anales y de la antropología cultural anglosajona.5 Se trata de un grupo de trabajo que, como se verá, funciona desde un punto de vista interdisciplinar. Es llamativo, además, que varios de sus practicantes sean también pedagogos o especialistas en problemas educativos y formativos. Soy consciente de que cuando apelo a lo “llamativo” no hago sino reproducir, de un modo sordo, algunos de los prejuicios más frecuentes en el contexto intelectual inmediato. Por anotar solo un ejemplo, allí se dice que pedagogía sería igual al libro de recetas de la enseñanza. Un pedagogo, creen mis colegas de las ciencias sociales, es aquel que, de manera prescriptiva, les indica a los otros cómo enseñar. En consecuencia, la pedagogía deviene una disciplina menor, un campo carente de importancia que, con frecuencia, no despierta más que el desinterés de las otras ciencias sociales. Quienes trabajan en “educación”, hay que decirlo, no son menos responsables del desprestigio que sufre la pedagogía en el contexto inmediato. Tan empeñados, como están, en los mismos problemas, reciclando una y otra vez al maestro y a la escuela, muy probablemente sin saberlo, animan y promueven la desconfianza de sus colegas.
Este trabajo tiene un objetivo central: mostrar la importancia del análisis de la formación (Bildung) y de la formabilidad (Bildsamkeit). Y aunque no voy a detenerme de forma sistemática en la filosofía idealista ni en el origen de una inquietud afirmativa sobre la formación, ni en la actualidad de sus teorías (pues este sería un trabajo distinto), aseguro que casi todo lo que estará a lo largo de estas líneas es un análisis de estos conceptos, debería decir de estos fenómenos humanos. Desde mi punto de vista no hay un análisis antropológico, ni negativo ni afirmativo, que no suponga la formación (o la formabilidad), así sea de modo implícito. Por lo tanto, siendo fiel al programa de la antropología histórica, veo mi propio proyecto académico como algo abierto y no disciplinar; mejor, este proyecto se mueve en un haz de relaciones disciplinares. Más precisamente, está interesado en problemas de provecho para las ciencias sociales en un sentido amplio. Pero, de acuerdo con lo que ya he expresado, atiende muy específicamente a estos problemas de la formación y de la formabilidad heredados de la tradición filosófica y pedagógico-sistemática. La antropología histórica, de alguna manera, surge de la antropología pedagógica, modificándola y, ciertamente, ampliándola. Relativizando, si se quiere, su propia condición normativa. Miremos entonces algunos elementos que nos permitan diferenciar entre ambas formas de la reflexión antropológica y, con ellos, miremos la génesis de lo que llamo una antropocrítica.
1.1 EMERGENCIA DE LA ANTROPOCRÍTICA
Los ejes sobre los cuales se ha mantenido la antropología pedagógica se soportan en una evidente posición normativa. Esta posición induce una recurrente afirmación —por cierto cara a la pedagogía o ciencia de la educación (Erziehungswissenschaft)—, sostenida con fuerza y centrada en el proceso ontogenético o antropogenético. Se ha dicho, insistentemente, que el hombre empieza su vida como niño y que en cuanto ser extremadamente capaz de aprender y necesitado de formación (Bildung) depende, por largo tiempo, de ayudas pedagógicas. Así pues, la antropología pedagógica, de inspiración filosófica, de acuerdo con Sheuerl, dirige su interés “(...) tanto hacia los elementos comunes como a las diferencias características de las correspondientes normas previas y expectativas culturales y sociales que acompañan al desarrollo y al proceso de formación”.6
Sin temor a equívocos, es posible decir que esta propuesta normativa de la antropología pedagógica no es extraña; al contrario, hace parte de una especie de fuerza prescriptiva propia de los elementos sistemáticos y generales que rodean la ciencia de la educación. Lenzen ha mostrado cómo la pedagogía constituye uno de los productos más emblemáticos del proyecto de la Ilustración (Aufklärung), y cómo esta característica está relacionada con la dificultad para que, a diferencia de otras ciencias sociales y humanas, la disciplina pedagógica reflexione sobre su propia condición de hija de la Ilustración. En sus palabras: “La discusión, actualmente muy extendida, sobre la situación de nuestra cultura en su relación con el llamado proyecto de Modernidad (Habermas) no ha experimentado hasta la fecha, si se prescinde de algunas observaciones, ninguna acogida en la ciencia de la educación. Cuando sobre este tema se habla, acontece, primeramente no sin razón, de un modo defensivo por temor de que pudiera verse amenazado el género pedagógico en cuanto tal, que como apenas ningún otro producto de la cultura está vinculado a la idea de la Ilustración”.7
La divisa que proclama “alcanzar la mayoría de edad”8 (autonomía intelectual) parece haber sido asumida por la ciencia de la educación en calidad de tarea principal. Como se ha insinuado, la antropología pedagógica no es ajena a este objetivo de corte normativo y, por algún tiempo, ha estado en el lugar de aquella disciplina auxiliar que tiene bajo su encargo dirigir la reflexión pedagógica, en especial aquellas preguntas encaminadas a esclarecer qué es el hombre y cuáles son los modos de su realización. Para expresarlo en términos más precisos, los interrogantes aportados por este modo de observación antropológico en la pedagogía9, por ejemplo, han permitido realizar un tipo de estudio orientado a la imagen del hombre (imago homini): “(...) se puede entender también por antropología pedagógica la cuestión sobre las ‘imágenes de hombre’ que constituyen la base de las ideas pedagógicas de las diferentes épocas y pueblos, de los movimientos y escuelas o de los pedagogos particulares. Estas ideas directrices pueden consignarse por escrito en textos o permanecer implícitas, siendo posible reconstruirlas y descubrirlas a partir de ciertos síntomas en el trasfondo de una pedagogía”.10
Si bien se insiste con frecuencia en la importancia de interpretar estas imágenes de hombre, lo cual, como les gusta afirmar ...

Table of contents

  1. Portada
  2. Título
  3. Derechos de autor
  4. Introducción
  5. Preliminares
  6. 1. La antropología histórico-pedagógica y la necesidad de la antropocrítica
  7. 2. Los estudios culturales y su nexo con la formación
  8. 3. Antropología negativa
  9. 4. La imaginación antropológica
  10. Conclusiones: antropogénesis y políticas de lo humano
  11. Referencias

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