El secreto del mejor cine
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El secreto del mejor cine

Linda Seger, Ángel Blasco Marqueta

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El secreto del mejor cine

Linda Seger, Ángel Blasco Marqueta

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En casi todos los guiones hay palabras que expresan lo que dicen, y palabras que no. A veces son mentiras, y otras un modo alternativo de comunicación, indispensable para construir un guion excelente. Pero cabe también expresar ese mismo contenido mediante asociaciones de imágenes, objetos, nombres y evocaciones, que proporcionan al espectador la información que necesita para sospechar, alegrarse y amar, desconfiar o sorprenderse con los personajes, que adquieren una realidad inesperada.El subtexto constituye un lenguaje indispensable para el gran cine, y también para la novela. Linda Seger elabora, como siempre de un modo sintético, un magnífico manual divulgativo para amantes del cine y de la creación literararia, novelistas y guionistas, pero también para academias y universidades, y para todo aquel que busca disfrutar y aprender con el buen cine.

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Information

Year
2018
ISBN
9788432149979
Capítulo 1
Subtexto.
¿Qué es? ¿Cómo lo encuentras?
EN DRAMA, MÁS QUE EN CUALQUIER OTRA FORMA de expresión artística, los personajes ni dicen siempre lo que piensan, ni dicen siempre la verdad. Esto no significa que la eludan, o la nieguen, o que mientan siempre. A veces sí, y a veces ni ellos mismos se creen lo que dicen. Puede que ni siquiera sepan cuál es la verdad. O que les resulte incómoda. En el buen drama, encontramos las palabras «en sí mismas» y «la verdad que esconden debajo». ¿Dónde está el texto y dónde el subtexto? No es lo mismo. No debería serlo.
¿Qué son el texto y el subtexto?
El texto está compuesto por las palabras y los gestos que vemos. En principio es algo expresado de manera directa, honesta y en plan «di-las-cosas-como-son». Si te pregunto: «¿Cómo voy de San Francisco a Chicago?», me dirás con claridad, sin subtexto: «Tomas la autopista 80 Este, sales en la Avenida Michigan, y llegas al centro de Chicago». No existe un sentido oculto; solo una respuesta adecuada y directa.
Pero si la pregunta se la haces a un bomboncito y ella te contesta, con un guiño: «¿Y para qué quieres ir a Chicago con la cantidad de diversión que tenemos por aquí?», ya no estaremos ante una respuesta directa. Todo un mar de posibles significados yace bajo la superficie de la inocente respuesta. Te está ofreciendo un plan: Tiene cosas en la cabeza que no te está diciendo. Si lo pillas, dirás: «No, gracias», o decidirás quedarte un rato más con ella.
Encontramos «subtexto» continuamente en la vida diaria. El subtexto vende automóviles y lavadoras, inscripciones universitarias y cerveza. «Compra nuestro producto y serás feliz, rico y atractivo, como los del anuncio».
Mi catálogo de ropa favorito, el de la compañía J. Peterman, etiqueta cada prenda con un texto que sugiere en qué tipo de persona te puedes convertir si la usas. Si usas los «Pantalones de la Gloria»[1], acabarás por ser intrépido. Si llevas la «Camisa de Montaña de Otavalo», te convertirás en «un cachas, audaz y secretamente seductor». Un vestido lleva el nombre de «Andiamo a Ballare», en italiano, «Vámonos a bailar». Peterman explica que su sentido real es: «¿Estás lista para la oportunidad de tu vida?». Y continúa, «Los italianos tienen una manera de impregnar de subtexto los comentarios aparentemente directos. Y por impregnar me refiero a dosificar, sugerir, e infundir algo más, a través de la expresión facial, del tono, o de un destello travieso en el ojo. Lo estático se transforma en dinámico. Lo inocente se convierte en cualquier cosa menos eso. Como este vestido». Si no te entran ganas incontenibles de pedirlo ya, es que te has perdido el subtexto.
El subtexto no es solo el significado que yace bajo las palabras, sino también las asociaciones que evocan el diálogo y las imágenes. Tú, como escritor, elijes las palabras: el diálogo y la descripción. Pero buscas unas palabras y acciones que reflejen y evoquen un significado alternativo.
El texto es la punta del iceberg, pero el subtexto es todo lo que hay debajo, lo que empuja hacia arriba al texto y le da forma. Es el sentido implícito, no el explícito. La gran literatura, y el gran drama, son subterráneos. Son subtexto todas las capas que enriquecen el texto. Las grandes historias y los grandes personajes cobran vida precisamente por debajo de las palabras del texto.
Evitar el diálogo de obviedades
Cuando un escritor escribe un diálogo excesivamente obvio decimos que es un diálogo “on the nose”[2], nos cuenta en cada momento lo que ya sabemos. Los personajes dicen exactamente lo que quieren decir, en frases ordenadas y lógicas. Resulta aburrido. Soso. Suena como una conferencia, o un sermón, o un tratado, o un currículum vitae. Le falta vida emocional. Se pierde el sentido de una persona concreta que habla con todos los matices y detalles que forman parte de la vida real. Nosotros, como público o como lectores, solo nos quedamos con lo que escuchamos. Sin nada más que debatir o pensar o ponderar, salvo lo superficial. Sin profundidad ni intriga. Los personajes dan la información, recitan la historia y la exposición, y comentan cosas sin importancia. Hablan y hablan, y nada más.
En un diálogo obvio, los personajes son rectilíneos. Lo saben todo, y lo entienden todo tan bien que lo explican todo. Nos cuentan sus problemas psicológicos; se conocen perfectamente y tienen total clarividencia. Nos pueden contar exactamente todo lo que pasa y por qué. Nos dicen con precisión por qué son como son, y qué traumas infantiles les causaron sus problemas psicológicos. Nada hay oculto.
Cuando todo está en el texto, todo lo que pasa está «en» las líneas, no «entre» las líneas, como debe suceder en la buena escritura. Pero falta la parte más importante: los motivos y pensamientos ocultos, las emociones y verdades humanas hacen que adquiera significados múltiples.
Si, por el contrario, un escritor señala el camino, si sugiere, si apunta hacia donde se dirige una historia realmente, entonces el público obtiene mucha más información de la que obtendría de una simple línea de diálogo.
¿Cómo sabemos que hay subtexto?
En este libro, utilizo una definición relativamente amplia de «subtexto», porque «lo que está debajo» no se refiere solo a las palabras. El «subtexto» también se encuentra debajo de los gestos, comportamientos, acciones, imágenes, y del propio género en que un texto está escrito.
Por lo general el subtexto no es algo que se pueda señalar con el dedo. Es algo que se siente. Lo sientes, aunque no lo veas ni lo escuches.
Sabemos que encontramos subtexto por los sentimientos de incertidumbre que nos produce y las preguntas que nos suscita. Escuchamos el texto, pero algo nos llama la atención. Nos topamos con el subtexto cuando decimos: «Vamos a ver..., eso no tiene mucho sentido. ¿Qué ha querido decir realmente esta persona?». O, pensamos: «¡Venga ya!, ¡No me creo una palabra de lo que está diciendo!». O sentimos una inquietud, y dudamos: «Aquí hay más de lo que parece. Me pregunto qué está tramando realmente este personaje, y por qué está haciendo eso».
El subtexto nos hace preguntarnos «por qué»; y muchas veces no podemos respondernos, y el escritor nos hace esperar la respuesta mientras sigue sugiriendo implicaciones. Una de mis novelas favoritas de John Grisham es El testamento (The Testament). En el segundo capítulo, un anciano habla con una cámara de video acerca de su testamento, aclarando que está bien de la cabeza. Luego salta por una ventana. Como lectores nos preguntamos «¿Por qué?». Algo extraño está pasando, pero nos llevará la mayor parte de la novela el llegar al fondo de ese porqué.
En Ciudadano Kane (1941), Kane dice la palabra «Rosebud» y muere. ¿Quién o qué es «Rosebud»? La respuesta está en el subtexto de la vida de Charles Foster Kane. La película entera trata de explicar y desvelar el subtexto que da forma al texto conocido de esa vida aparentemente llena de éxito.
Aprender subtexto
La psicoterapeuta Dra. Rachel Ballon dice que, desde niños, comenzamos nuestras vidas con el texto. Los niños suelen ser muy directos, hasta que los adultos les enseñan a ser menos directos para que sepan «adaptarse socialmente». Aprenden subtexto a medida que entienden el comportamiento social, las normas sociales, lo que es aceptable y lo que no. A lo mejor un niño ve a su tía Jenny y grita: «No quiero darle un beso. Es muy fea». Los padres quedan consternados, avergonzados y rápidamente enseñan al niño a alejarse de ese texto. El niño aprende a decir: «Hola, tía Jenny. Estoy resfriado y no puedo darte un beso». El niño aprende a ocultar el texto en el subtexto. Podríamos pensar que el subtexto se genera con más frecuencia en las relaciones familiares y profesionales o en nuevas relaciones amorosas, circunstancias en las que no todo puede expresarse de manera directa. Pero se puede encontrar en todas partes, incluso en eventos nacionales e internacionales.
Un presidente de un país o un dictador dice: «¡Vamos a la guerra para defender la libertad!». Bueno, puede ser. Pero a lo mejor lo estudias con más detalle, y te das cuenta de que el enemigo tiene muchos campos de petróleo o enormes plantaciones de caucho, u otros recursos de riqueza que se convertirán en el botín de la guerra. O, caes en la cuenta de que este gobernante ya ha emprendido varias guerras y la libertad no ha sido el resultado de ninguna de ellas.
Ni siquiera los amigos se dicen siempre la verdad. Cuando le preguntas a una amiga: «¿Crees que este vestido me hace más gorda?», te puede contestar de muchas maneras, unas con subtexto, otras sin él. Podría contestarte con un texto directo: «Sí, pero solo alrededor de la cintura, y algo en torno a las caderas. Y el trasero te sale un pelín más que con tu otra ropa. Por lo demás, tiene un color precioso».
O te contesta: «No, está bien. ¡Es un vestido muy cuco!». Y te quedas pensando: «¿Eso qué quiere decir?». Ya dudas si comprarte o no el vestido. A veces te fijas en lo que no te ha dicho: «¡Estás impresionante con ese vestido! ¡Parece hecho para ti! ¡Van a hacer cola en la calle para verte!». Quizá tu amiga te dice la verdad, y el vestido es cuco y tienes que comprarlo. La respuesta parece directa, sin subtexto. Y tal vez lo es. Pero te quedas preocupada por...

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