QUINTO ACTO
Primera escena
Escenario: La acción transcurre en el palacio de Saladino,
dentro de la habitación adonde han llevado
las bolsas de dinero, que aún están a la vista.
Saladino y, poco después, varios mamelucos.
Saladino: (entrando): ¡Ahí sigue el dinero! Y nadie sabe dónde localizar al derviche, que posiblemente ha acabado junto a algún tablero de ajedrez que le ha hecho olvidarse hasta de sí mismo. ¿Por qué no me sucederá a mí lo mismo? Bueno, paciencia. ¿Qué sucede?
Un mameluco: ¡Excelentes noticias, sultán! ¡Qué alegría, sultán...! ¡La caravana de Kahira se acerca! ¡Afortunadamente ya está aquí con el tributo de los últimos siete años del próspero cauce del Nilo!
Saladino: ¡Magnífico, Ibrahim! ¡Tu mensaje es realmente bienvenido! ¡Ah! ¡Al fin! ¡Al fin! Gracias por las buenas nuevas.
El mameluco (esperando): (¡Bueno, dámelo ya!)
Saladino: ¿A qué esperas? Márchate.
El mameluco: ¿No le vais a ofrecer albricias al mensajero por las buenas nuevas? ¿Es que he de ser el primero al que Saladino recompensa tan sólo con palabras? ¡También esto es un honor! El primero con el que fue tacaño.
Saladino: Entonces coge una de las bolsas.
El mameluco: No, ahora no. Aunque quisieras regalármelas todas.
Saladino: ¡Pese a todo, ven! Aquí tienes dos. ¿En serio? ¿Se va? ¿Me supera en grandeza de alma? Porque seguro que para él debe ser más amargo rehusar mi ofrecimiento de lo que a mí me resulta hacerlo. ¡Ibrahim! ¿Cómo se me ocurre pretender ser distinto a como soy tan cerca de mi muerte? ¿Acaso Saladino no quiere morir como Saladino? Entonces tampoco debería vivir como Saladino.
Segundo mameluco: ¡Sultán!...
Saladino: Si vienes a informarme de que...
Segundo mameluco: ¡Los envíos de Egipto ya están aquí!
Saladino: Ya lo sé.
Segundo mameluco: ¡Llego demasiado tarde!
Saladino: ¿Por qué demasiado tarde? Toma una o dos bolsas por tu buena voluntad.
Segundo mameluco: ¡Que juntas hacen tres!
Saladino: ¡Sí, veo que sabes contar! – Venga, llévatelas.
Segundo mameluco: Aún vendrá un tercero, si es capaz de llegar.
Saladino: ¿Cómo es eso?
Segundo Mameluco Bueno, casi se rompe el cuello, porque, en cuanto nosotros tres nos aseguramos de la llegada del transporte, salimos corriendo. El que iba primero tropezó, y así me puse yo primero y en esa posición permanecí hasta llegar a la ciudad; pero el bribón de Ibrahim conoce mejor los callejones.
Saladino: ¡Oh, se tropezó! ¡Tu amigo se tropezó! Monta a caballo y ve a su encuentro.
Segundo mameluco: ¡Eso haré! Y si aún vive, la mitad de esta bolsa será suya. (Sale.)
Saladino: ¡Hay que ver qué tipo más bueno y noble es éste también! ¿Quién puede preciarse de tener unos mamelucos así? ¿Y acaso no me sería lícito pensar que mi ejemplo ayudó a formarlos? ¡Que desaparezca la idea de acostumbrarlos de manera distinta ahora al final...!
Tercer mameluco: Sultán...
Saladino: ¿Eres tú el que se cayó?
Tercer mameluco: No. Sólo vengo a anunciaros que el emir Mansor, que ha conducido la caravana, está desmontando del caballo...
Saladino: ¡Tráelo ante mí! ¡Rápido! ¡Aquí está!
Segunda escena
El emir Mansor y Saladino.
Saladino: ¡Bienvenido, emir! Bueno, ¿cómo ha ido todo? ¡Mansor, Mansor! ¡Nos has hecho esperar mucho!
Mansor: Esta carta os informará de los disturbios en la Tebaida que vuestro Abulcasem tuvo que sofocar antes de que nos atreviéramos a partir. Desde entonces hemos ido todo lo deprisa que ha sido posible.
Saladino: ¡Te creo! Y ahora, buen Mansor, toma una nueva escolta... No te molestará, espero. Tienes que continuar tu viaje de inmediato. Debes llevarle la mayor parte del dinero a mi padre en Líbano.
Mansor: ¡Con mucho gusto! ¡Lo haré encantado!
Saladino: Y no te lleves una escolta demasiado débil. Los alrededores de Líbano ya no son tan seguros. ¿No te has enterado? Los templarios han vuelto a tomar las armas. ¡Ten mucho cuidado! ¡Ven! ¿Dónde se encuentra la caravana? Quiero verla y dirigirlo todo yo mismo. ¡Vosotros! Después estaré con Sittah.
Tercera escena
Escenario: las palmeras ante la casa de Nathan, donde
el templario pasea arriba y abajo.
Templario: No quiero entrar en la casa. ¡Al final se dejará ver! ¡Hasta ahora notaban mi presencia tan rápido, mostraban tanto placer al verme! ¡A ver cómo me prohíbe Nathan que me deje ver con tanta frecuencia ante su casa! ¡Hum! La verdad es que yo también estoy bastante molesto. ¿Qué es lo que me ha enojado tanto en su contra? La verdad es que me dijo que aún no me rechazaba. Y Saladino se ha comprometido a convencerlo. ¿Entonces? ¿Es que el cristiano debe estar más arraigado en mi interior que el judío en el suyo? ¿Quién se conoce bien? ¿Cómo no envidiar el pequeño robo que cometió, el quedarse con la cristiana? ¡Y la verdad es que no es un robo tan pequeño, con una criatura así! ¿Criatura? ¿Y de quién? Seguro que no del esclavo que llevó flotando el bloque de madera hasta la solitaria playa de la vida y después salió huyendo. Seguro que mucho más del artista que imaginó la figura divina en aquel bloque sin desbastar y que después modeló, ¿no es cierto? ¡Ay! El auténtico padre de Recha será por toda la eternidad el judío, a pesar de que la engendrara un cristiano. Si me la imagino como mujer cristiana, si pienso en ella sin todas las características que considero que sólo un judío así ha podido darle… Habla, corazón mío, ¿qué es lo que te gustaría de ella? ¡Nada! ¡Poco! Incluso su sonrisa no se...