Todo el mundo sabe que vuelves a casa
eBook - ePub

Todo el mundo sabe que vuelves a casa

  1. 200 pages
  2. English
  3. ePUB (mobile friendly)
  4. Available on iOS & Android
eBook - ePub

Todo el mundo sabe que vuelves a casa

About this book

Todo el mundo sabe que vuelves a casa es una historia, o un entramado de historias, acerca de las fronteras: entre México y Estados Unidos, entre el pasado y el presente, entre la esperanza y la desesperación, entre el amor y el desamor, entre la vida y la muerte, entre la realidad y la ficción. Sylvester nos regala una saga familiar que es a la vez épica e íntima, un inolvidable relato del ilimitado poder del amor y la redención. Con gran destreza literaria, con un sutil sentido del humor y con una ternura a prueba de las peores tragedias personales, la autora aborda en esta excelente novela, mediante la creación de personajes inolvidables, la dolorosa experiencia de miles y miles de mexicanos que migraron clandestinamente a Estados Unidos a finales del siglo pasado, y la de sus numerosos descendientes, hoy estadounidenses de pleno derecho, que añoran o repudian a un México a veces idealizado y casi nunca ideal.

Trusted by 375,005 students

Access to over 1.5 million titles for a fair monthly price.

Study more efficiently using our study tools.

CapĂ­tulo 1
2 de noviembre de 2012
El gran dĂ­a

Se casaron en Día de Muertos, lo cual no llamó la atención de nadie en todos los meses de planeación, hasta que el difunto suegro de la novia se apareció en el auto cuando terminó la ceremonia. Se ma­nifestó detrås del volante y estiró su brazo por detrås del asiento del copiloto para ver de frente a Isabel y a Martín.
—Hermosa ceremonia, mijo —expresó.
Las sonrisas de la pareja se congelaron. Tardaron lo que pareció una eternidad en pronunciar palabra, y cuando lo hicieron no pu­dieron mås que balbucear.
Toda la vida, Isabel había oído historias sobre espíritus que ve­nían a pasar este día con su familia. De niña construía altares para sus bisabuelos, conmovedores tributos hechos con cajas de zapatos abiertas, adornadas con flores de papel e imågenes de figuras reli­giosas que se parecían mucho a los dioramas que hacía en primaria. De adolescente, su familia se congregaba en torno a la tumba de su tía abuela para limpiarla; un año su madre incluso llevó una aspira­dora de baterías para la låpida. Hoy recordamos a nuestros muertos, decía siempre su madre. Los honramos.
El padre de Martín lucía mås agotado que muerto, como si hu­biera llegado tarde por estar atorado en el tråfico. Isabel miró a su nuevo esposo para saber qué hacer y le sorprendió notar que estaba molesto. No asustado, porque honestamente su suegro parecía in­ofensivo, como en las pocas fotos suyas que había visto. No, Martín tenía cara de haber mordido un chile que picaba mås de lo esperado.
—¿Sabías que esto pasaría? —le preguntó.
—No, pero es tĂ­pico de Ă©l. TĂ­pico. SĂłlo alguien tan descarado se aparece en una boda sin invitaciĂłn.
—¡Martín, por favor!
No esperaba que fuera tan grosero. Isabel no se esperaba nada de esto, pero tenía muy arraigado el instinto de mantener la cordialidad y respetar a sus mayores —incluso más que sus supuestos sobre la vida y la muerte, aparentemente— así que sus esfuerzos por entender la situación fueron rápidamente superados por su deseo de hacer que todo el mundo se sintiera a gusto.
Era la primera vez que veĂ­a a su suegro. AcomodĂł su vestido blanco, que abultaba cada centĂ­metro del asiento, y enderezĂł el velo sobre sus hombros.
—¿No nos vas a presentar?
El viejo permaneciĂł sentado, esperando.
—No pienso hablarle —dijo Martín.
—Martín, no lo dices en serio.
En ese momento, su suegro sonriĂł y se acercĂł a ella a travĂ©s del pequeño espacio que separaba la parte delantera y la trasera del Rolls—Royce que habĂ­an rentado.
—Habla en serio, te lo juro. La terquedad corre por nuestras venas. Isabel, soy Omar. Aunque espero que al menos te hayan dicho mi nombre.
—Claro, encantada —dijo.
En circunstancias ordinarias, se hubiera acercado para darle un beso, hasta un abrazo, pero éstas no eran circunstancias ordinarias. No conocía las leyes que gobernaban a los muertos. ¿ Pueden tocar?
ÂżSentir?Âż Sujetar? ParecĂ­a que Omar podĂ­a hacer avanzar el auto en cualquier momento. En vez de eso puso su mano sobre la de Isabel y ella no sintiĂł un toque sĂłlido sino una calidez viva, una suave electricidad. Sus ojos se encendieron, pero MartĂ­n se burlĂł y volteĂł para otro lado.
—Omar —dijo ella, dejando que su nombre le vaciara los pulmones—. ÂżQuieres venir a la recepciĂłn? —QuĂ© tonterĂ­a decir eso.
—Eres muy amable en preguntar, Isabel. Gracias.
SaliĂł por la puerta del auto, que seguĂ­a abierta, y empezĂł a caminar rumbo a los jardines de la iglesia. Ni Isabel ni MartĂ­n trataron de seguirlo.
De algĂșn modo extraño, sabĂ­a que no lo verĂ­a cuando ella y MartĂ­n abrieran pista con su canciĂłn ni cuando partieran su pastel de bodas. En toda la noche, no volteĂł ni una sola vez a ver si su suegro habĂ­a llegado. Y como lo Ășltimo que querĂ­a era hacer enojar a su nuevo esposo, hizo como si nada hubiera sucedido.
Isabel no lograba conciliar el sueño en su noche de bodas. Los recién casados hicieron el amor distraídamente, como si no fuera nada nuevo, y claro que para ellos no lo era. No eran, bajo los eståndares de la Iglesia, buenos católicos. Antes de hoy, ninguno de los dos había ido a misa en años. Habían empezado a acostarse a la tercera cita y media y habían usado condones y anticonceptivos y espermi­cida, a veces los tres al mismo tiempo.
Aunque no era nada nuevo, Isabel habĂ­a imaginado que el sexo matrimonial se sentirĂ­a diferente. Marido y mujer juntando sus cuerpos, y por primera vez no importarĂ­a que alguien los escuchara o que los pillara o que el condĂłn tuviera ocho agujeros. Ahora estaban casados. Juntos para siempre.
Martín batalló con los botones perfectamente redondos que es­calaban, imposiblemente cerca uno del otro, la columna vertebral de su esposa. Isabel no se dio cuenta, hasta que se quitó el vestido, de cómo el corsé la había constreñido toda la noche. Tuvo que tomarse un momento para respirar y las hendiduras que la estructura dejó en su piel, ahora expuestas, le dieron comezón.
Le hubiera gustado hacerle el amor de maneras nuevas, de verdad que sí, pero mås que eso lo que quería era acostarse junto a él, cerrar los ojos y abrirlos para ver que Martín seguía ahí al día siguiente y el siguiente y el siguiente después de eso.
Cuando terminaron, mientras desenredaban sus cuerpos, los recién casados miraron al techo. Ella suspiró. Hubiera querido decir algo como estuvo maravilloso, pero las palabras que salieron de su boca fueron:
—¿QuĂ© pasa?
—No sabía que estaba muerto —dijo Martín, con la mano en la frente.
De pronto s...

Table of contents

  1. CapĂ­tulo 1. 2 de noviembre de 2012. El gran dĂ­a
  2. CapĂ­tulo 2. Marzo de 1981
  3. Capítulo 3. 2 de noviembre de 2003 Año uno: papel
  4. CapĂ­tulo 4. Marzo de 1981
  5. CapĂ­tulo 5. Junio de 2014
  6. CapĂ­tulo 6. Marzo de 1981
  7. CapĂ­tulo 7
  8. CapĂ­tulo 8. Marzo de 1981
  9. CapĂ­tulo 9
  10. CapĂ­tulo 10. Marzo de 1981
  11. CapĂ­tulo 11
  12. CapĂ­tulo 12. Marzo de 1981
  13. Capítulo 13. 2 de noviembre de 2014. Año dos: algodón
  14. CapĂ­tulo 14. Marzo de 1981
  15. CapĂ­tulo 15
  16. CapĂ­tulo 16. Marzo de 1981
  17. CapĂ­tulo 17
  18. CapĂ­tulo 18. Marzo de 1981
  19. CapĂ­tulo 19
  20. CapĂ­tulo 20. Marzo de 1981
  21. CapĂ­tulo 21
  22. CapĂ­tulo 22. Marzo de 1981
  23. CapĂ­tulo 23
  24. CapĂ­tulo 24. Marzo de 1981
  25. CapĂ­tulo 25
  26. CapĂ­tulo 26. Enero de 1982
  27. CapĂ­tulo 27
  28. CapĂ­tulo 28. Febrero de 1983
  29. Capítulo 29. 2 de noviembre de 2015. Año tres: cuero
  30. CapĂ­tulo 30. Abril de 1983
  31. CapĂ­tulo 31
  32. CapĂ­tulo 32. Junio de 1983
  33. CapĂ­tulo 33
  34. CapĂ­tulo 34. Abril de 1986
  35. CapĂ­tulo 35
  36. CapĂ­tulo 36. Junio de 1986
  37. CapĂ­tulo 37
  38. CapĂ­tulo 38. Octubre de 1986
  39. CapĂ­tulo 39. Noviembre de 1987
  40. CapĂ­tulo 40
  41. CapĂ­tulo 41. Diciembre de 1987
  42. CapĂ­tulo 42
  43. CapĂ­tulo 43. Marzo de 1988
  44. CapĂ­tulo 44
  45. CapĂ­tulo 45. Febrero de 1989
  46. CapĂ­tulo 46
  47. CapĂ­tulo 47. Abril de 1989
  48. CapĂ­tulo 48
  49. CapĂ­tulo 49. Abril de 1989
  50. CapĂ­tulo 50
  51. CapĂ­tulo 51. Julio de 2016
  52. CapĂ­tulo 52. Julio de 2016
  53. Capítulo 53. 2 de noviembre de 2016. Año cuatro: fruta y flores
  54. CapĂ­tulo 54. Octubre de 2012
  55. Agradecimientos
  56. Aviso legal

Frequently asked questions

Yes, you can cancel anytime from the Subscription tab in your account settings on the Perlego website. Your subscription will stay active until the end of your current billing period. Learn how to cancel your subscription
No, books cannot be downloaded as external files, such as PDFs, for use outside of Perlego. However, you can download books within the Perlego app for offline reading on mobile or tablet. Learn how to download books offline
Perlego offers two plans: Essential and Complete
  • Essential is ideal for learners and professionals who enjoy exploring a wide range of subjects. Access the Essential Library with 800,000+ trusted titles and best-sellers across business, personal growth, and the humanities. Includes unlimited reading time and Standard Read Aloud voice.
  • Complete: Perfect for advanced learners and researchers needing full, unrestricted access. Unlock 1.5M+ books across hundreds of subjects, including academic and specialized titles. The Complete Plan also includes advanced features like Premium Read Aloud and Research Assistant.
Both plans are available with monthly, semester, or annual billing cycles.
We are an online textbook subscription service, where you can get access to an entire online library for less than the price of a single book per month. With over 1.5 million books across 990+ topics, we’ve got you covered! Learn about our mission
Look out for the read-aloud symbol on your next book to see if you can listen to it. The read-aloud tool reads text aloud for you, highlighting the text as it is being read. You can pause it, speed it up and slow it down. Learn more about Read Aloud
Yes! You can use the Perlego app on both iOS and Android devices to read anytime, anywhere — even offline. Perfect for commutes or when you’re on the go.
Please note we cannot support devices running on iOS 13 and Android 7 or earlier. Learn more about using the app
Yes, you can access Todo el mundo sabe que vuelves a casa by Natalia Sylvester in PDF and/or ePUB format, as well as other popular books in Literature & Literature General. We have over 1.5 million books available in our catalogue for you to explore.