Amy Stewart vuelve a la carga con otra inolvidable aventura protagonizada por las aguerridas hermanas Kopp.En 1915, nadie esperaba que una mujer persiguiera a los fugitivos de la ley por las calles de Nueva York, pero Constance Kopp no hizo nunca lo que los demĂĄs esperaban de ella. Tras salir en todos los periĂłdicos cuando, junto a sus dos hermanas, plantĂł cara al dueño de una fĂĄbrica y a sus matones, el honorable sheriff Heath decidiĂł nombrarla su ayudante, convirtiĂ©ndola asĂ en una de las primeras oficiales de policĂa del paĂs. Pero cuando las tretas de un timador empiezan a cuestionar su capacidad para estar a la altura del puesto, poniendo asĂ en peligro su sueño de una vida mejor, Constance tendrĂĄ que redoblar los esfuerzos para demostrar su valĂa, aunque para ello tenga que amenazar a su jefe con encerrarle en su propia cĂĄrcel...Basada en la historia real de las hermanas Kopp, Una chica con pistola acercĂł las vidas de las inimitables Constance, Norma y Fleurette a miles de entregados lectores. Esta segunda novela de la serie, que rezuma aĂșn mĂĄs frescura y optimismo que su predecesora, nos presenta las nuevas y emocionantes peripecias de unas mujeres excepcionales que, a fuerza de desafiar con valentĂa todas las convenciones de la Ă©poca, consiguieron labrarse su propio y singular destino.

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Mujer policĂa busca problemas
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Information
1
SE NECESITA CHICA. BUEN SALARIO. Hombre de posibles busca quien le lleve la casa con miras al matrimonio. Ofrece manutenciĂłn y alojamiento. Interesadas, escriban al apartado de correos 4827.
Le devolvà el periódico a la señora Headison y le pregunté:
âÂżSupongo que habrĂĄ escrito usted a ese apartado de correos?
Ella dijo que sĂ con un movimiento brusco de la cabeza:
âEso hice, y puse que era una chica que acababa de llegar de BĂșfalo y que no tenĂa experiencia en llevar una casa pero sĂ como bailarina, alguien que aspiraba a debutar en un escenario. Se puede una imaginar lo que habrĂĄ pensado Ă©l al recibirlo.
Yo preferĂa no imaginĂĄrmelo, pues tenĂa a una aspirante a bailarina en casa, pero he de admitir que funcionĂł el truco. El sheriff Heath y yo leĂmos la respuesta del hombre, en la que la invitaba a ir a visitarlo tan pronto como le fuera posible y le prometĂa matrimonio si ella estaba a la altura.
âHay bastantes chicas que acudieron a la entrevista y todavĂa estĂĄn esperando que les pida la mano âdijo con un resoplidoâ. Las he visto entrar y salir de su casa. Como yo solo estoy en calidad de oteadora, mis instrucciones son que comunique cualquier cosa que levante mis sospechas al jefe de policĂa, y Ă©l manda a un agente a que haga el arresto. Pero ese hombre vive en mitad del campo, en el condado de Bergen, asĂ que les transferimos a ustedes el caso.
Belle Headison era la primera mujer policĂa de Paterson. MĂĄs bien poquita cosa, tenĂa los hombros estrechos y el pelo del color del tĂ© flojo. Le enmarcaban los ojos unas gafas con montura de metal que parecĂan el mecanismo de un reloj de pie. Todo en ella tenĂa ese aspecto tieso, y parecĂa que le habĂan dado cuerda.
Yo fui la primera mujer ayudante de sheriff de Nueva Jersey. No habĂa coincidido nunca antes con una agente del orden pĂșblico. Era el verano de 1915, y parecĂa que estĂĄbamos en una Ă©poca nueva y deslumbrante.
HabĂamos quedado con la señora Headison en la estaciĂłn de tren de Ridgewood, y la casa del hombre no quedaba lejos de allĂ. En el andĂ©n solo habĂa un toldo, y a su sombra estĂĄbamos. Aunque era a finales de agosto y hacĂa calor, me daba escalofrĂos pensar que le seguĂamos la pista a alguien capaz de buscar novia poniendo un anuncio en el periĂłdico como si tal cosa.
El sheriff mirĂł la carta otra vez.
âSeñor Meeker âdijoâ. Harold Meeker. Muy bien, señoras, vamos a hacerle una visita.
La señora Headison dio un paso atrås y dijo:
âAh, pero yo no sĂ© si les serĂ© de mucha ayuda.
Aunque el sheriff no la dejĂł marchar.
âEl caso es suyo âdijo sin poder ocultar su contentoâ. DeberĂa sentirse usted dichosa de ver que se llega hasta el final. âNada le hacĂa mĂĄs feliz al sheriff que echarle el guante a un delincuente, y pensaba que a todo el mundo le pasarĂa lo mismo.
âPero es que yo no suelo ir con los agentes âdijo la señora Headisonâ. ÂżPor quĂ© no va usted, y la señorita Kopp y yo esperamos aquĂ?
âA la señorita Kopp la traje por un motivo âdijo el sheriff, y nos llevĂł del brazo desde el andĂ©n hasta su coche. La señora Headison entrĂł de mala gana, y nos adentramos en la ciudad.
De camino, la señora Headison nos hablĂł de la labor que hacĂa en la Sociedad de Ayuda al Viajero, de su trabajo allĂ con chicas que venĂan a Paterson y no tenĂan ni familia ni trabajo.
âSe bajan del tren y van derechas a las pensiones de peor reputaciĂłn y a los bailes mĂĄs chabacanos âdijoâ. Y, como la chica sea mona, los salones le dan de comer y de beber, y no le cobran. Claro que nadie da nada a cambio de nada, pero a las chicas no hay quien las convenza de eso. Es la primera vez que salen de casa y se les olvida todo lo que les enseñó su madre, si es que les enseñó algo.
La señora Headison, segĂșn contĂł, se habĂa quedado viuda en 1914. HacĂa un año que habĂa muerto su marido, un policĂa jubilado, y leyĂł que en Nueva Jersey habĂa una ley nueva segĂșn la cual se autorizaba a las mujeres a trabajar de policĂas.
âEra como si John me hablara desde el mĂĄs allĂĄ y me dijera que ahĂ tenĂa yo una vocaciĂłn. Me fui derecha al jefe de policĂa de Paterson y echĂ© la instancia.
El sheriff Heath y yo Ăbamos a darle la enhorabuena, pero ella siguiĂł hablando casi sin tomar aire:
âÂżSaben que el buen hombre no se habĂa planteado nunca admitir a una mujer en su equipo? Tuve que insistir, y vaya si lo hice. ÂżSaben por quĂ© era tan reacio? Me lo dijo el jefe de policĂa mismo: si las mujeres empiezan a salir a la calle vestidas de uniforme, pertrechadas de palos y pistolas, los hombres nos quedaremos pequeños.
Miré al sheriff con cara de horror pero él no apartó la vista del frente.
âYo insistĂ en que mi puesto en la comisarĂa serĂa exactamente el mismo que el de una madre en el hogar. Tal y como una madre cuida de sus hijos y estĂĄ ahĂ para animarlos o para prevenirlos, yo cumplirĂa con mis funciones de mujer y llevarĂa los ideales de toda madre al departamento de policĂa. ÂżNo le parece a usted que asĂ tiene que ser, señorita Kopp? ÂżA que tambiĂ©n usted se ha convertido en la gran madre de todo el equipo del sheriff?
Nunca pensĂ© que pudiera ser la madre de nadie, pero sĂ es verdad que habĂa visto a una gallina picar tan fuerte a un pollito descarriado que le hizo sangre, o sea que quizĂĄ la señora Headison tenĂa razĂłn. Yo llevaba dos meses de acĂĄ para allĂĄ cada vez que una mujer o una chica tenĂan problemas con la ley. AyudĂ© con los papeles del divorcio a una mujer que estaba separĂĄndose; investiguĂ© un caso de cohabitaciĂłn fuera del matrimonio; perseguĂ a una chica que querĂa escaparse en tren; ayudĂ© a vestirse a una prostituta a la que hallaron desnuda y medio muerta, bajo el efecto del opio, en una timba montada encima de una sastrerĂa; y vigilĂ© a una mujer, madre de tres hijos, mientras el sheriff y sus hombres corrĂan por el bosque detrĂĄs de su marido, al que le habĂa estampado una botella de coñac en la cabeza. Le devolvieron el marido, aunque no lo dejĂł pasar hasta que Ă©l no prometiĂł, delante del sheriff, que no entrarĂa mĂĄs alcohol en aquella casa.
No serĂa exagerado decir que pasĂ© los mejores momentos de mi vida. La prostituta se lo habĂa hecho todo encima, y hubo que lavarla en un aseo que estaba mĂĄs sucio que ella; y la chica del tren me mordiĂł en el brazo cuando la cogĂ; sin embargo, sigo pensando que nunca habĂa disfrutado tanto. Aunque parezca difĂcil de creer, al fin habĂa encontrado un trabajo a mi medida.
No sabĂa cĂłmo explicarle todo eso a la señora Headison. Afortunadamente, llegamos a casa del señor Meeker antes de que me viera obligada a hacerlo. El sheriff pasĂł por delante de la casa y aparcĂł el coche a varios portales de distancia.
VivĂ...
Table of contents
- Portada
- Portadilla
- Créditos
- Dedicatoria
- Cita
- 1
- 2
- 3
- 4
- 5
- 6
- 7
- 8
- 9
- 10
- 11
- 12
- 13
- 14
- 15
- 16
- 17
- 18
- 19
- 20
- 21
- 22
- 23
- 24
- 25
- 26
- 27
- 28
- 29
- Notas y fuentes histĂłricas; agradecimientos
Frequently asked questions
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