Mujer policĂ­a busca problemas
eBook - ePub

Mujer policĂ­a busca problemas

  1. 260 pages
  2. English
  3. ePUB (mobile friendly)
  4. Available on iOS & Android
eBook - ePub

Mujer policĂ­a busca problemas

About this book

Amy Stewart vuelve a la carga con otra inolvidable aventura protagonizada por las aguerridas hermanas Kopp.En 1915, nadie esperaba que una mujer persiguiera a los fugitivos de la ley por las calles de Nueva York, pero Constance Kopp no hizo nunca lo que los demĂĄs esperaban de ella. Tras salir en todos los periĂłdicos cuando, junto a sus dos hermanas, plantĂł cara al dueño de una fĂĄbrica y a sus matones, el honorable sheriff Heath decidiĂł nombrarla su ayudante, convirtiĂ©ndola asĂ­ en una de las primeras oficiales de policĂ­a del paĂ­s. Pero cuando las tretas de un timador empiezan a cuestionar su capacidad para estar a la altura del puesto, poniendo asĂ­ en peligro su sueño de una vida mejor, Constance tendrĂĄ que redoblar los esfuerzos para demostrar su valĂ­a, aunque para ello tenga que amenazar a su jefe con encerrarle en su propia cĂĄrcel...Basada en la historia real de las hermanas Kopp, Una chica con pistola acercĂł las vidas de las inimitables Constance, Norma y Fleurette a miles de entregados lectores. Esta segunda novela de la serie, que rezuma aĂșn mĂĄs frescura y optimismo que su predecesora, nos presenta las nuevas y emocionantes peripecias de unas mujeres excepcionales que, a fuerza de desafiar con valentĂ­a todas las convenciones de la Ă©poca, consiguieron labrarse su propio y singular destino.

Trusted by 375,005 students

Access to over 1.5 million titles for a fair monthly price.

Study more efficiently using our study tools.

Information

Publisher
Siruela
Year
2017
Print ISBN
9788417041403
Edition
1
eBook ISBN
9788417041861

1

SE NECESITA CHICA. BUEN SALARIO. Hombre de posibles busca quien le lleve la casa con miras al matrimonio. Ofrece manutenciĂłn y alojamiento. Interesadas, escriban al apartado de correos 4827.
Le devolví el periódico a la señora Headison y le pregunté:
—¿Supongo que habrá escrito usted a ese apartado de correos?
Ella dijo que sĂ­ con un movimiento brusco de la cabeza:
—Eso hice, y puse que era una chica que acababa de llegar de BĂșfalo y que no tenĂ­a experiencia en llevar una casa pero sĂ­ como bailarina, alguien que aspiraba a debutar en un escenario. Se puede una imaginar lo que habrĂĄ pensado Ă©l al recibirlo.
Yo preferĂ­a no imaginĂĄrmelo, pues tenĂ­a a una aspirante a bailarina en casa, pero he de admitir que funcionĂł el truco. El sheriff Heath y yo leĂ­mos la respuesta del hombre, en la que la invitaba a ir a visitarlo tan pronto como le fuera posible y le prometĂ­a matrimonio si ella estaba a la altura.
—Hay bastantes chicas que acudieron a la entrevista y todavĂ­a estĂĄn esperando que les pida la mano —dijo con un resoplido—. Las he visto entrar y salir de su casa. Como yo solo estoy en calidad de oteadora, mis instrucciones son que comunique cualquier cosa que levante mis sospechas al jefe de policĂ­a, y Ă©l manda a un agente a que haga el arresto. Pero ese hombre vive en mitad del campo, en el condado de Bergen, asĂ­ que les transferimos a ustedes el caso.
Belle Headison era la primera mujer policía de Paterson. Mås bien poquita cosa, tenía los hombros estrechos y el pelo del color del té flojo. Le enmarcaban los ojos unas gafas con montura de metal que parecían el mecanismo de un reloj de pie. Todo en ella tenía ese aspecto tieso, y parecía que le habían dado cuerda.
Yo fui la primera mujer ayudante de sheriff de Nueva Jersey. No habĂ­a coincidido nunca antes con una agente del orden pĂșblico. Era el verano de 1915, y parecĂ­a que estĂĄbamos en una Ă©poca nueva y deslumbrante.
Habíamos quedado con la señora Headison en la estación de tren de Ridgewood, y la casa del hombre no quedaba lejos de allí. En el andén solo había un toldo, y a su sombra eståbamos. Aunque era a finales de agosto y hacía calor, me daba escalofríos pensar que le seguíamos la pista a alguien capaz de buscar novia poniendo un anuncio en el periódico como si tal cosa.
El sheriff mirĂł la carta otra vez.
—Señor Meeker —dijo—. Harold Meeker. Muy bien, señoras, vamos a hacerle una visita.
La señora Headison dio un paso atrås y dijo:
—Ah, pero yo no sĂ© si les serĂ© de mucha ayuda.
Aunque el sheriff no la dejĂł marchar.
—El caso es suyo —dijo sin poder ocultar su contento—. Debería sentirse usted dichosa de ver que se llega hasta el final. —Nada le hacía más feliz al sheriff que echarle el guante a un delincuente, y pensaba que a todo el mundo le pasaría lo mismo.
—Pero es que yo no suelo ir con los agentes —dijo la señora Headison—. ÂżPor quĂ© no va usted, y la señorita Kopp y yo esperamos aquĂ­?
—A la señorita Kopp la traje por un motivo —dijo el sheriff, y nos llevĂł del brazo desde el andĂ©n hasta su coche. La señora Headison entrĂł de mala gana, y nos adentramos en la ciudad.
De camino, la señora Headison nos habló de la labor que hacía en la Sociedad de Ayuda al Viajero, de su trabajo allí con chicas que venían a Paterson y no tenían ni familia ni trabajo.
—Se bajan del tren y van derechas a las pensiones de peor reputaciĂłn y a los bailes mĂĄs chabacanos —dijo—. Y, como la chica sea mona, los salones le dan de comer y de beber, y no le cobran. Claro que nadie da nada a cambio de nada, pero a las chicas no hay quien las convenza de eso. Es la primera vez que salen de casa y se les olvida todo lo que les enseñó su madre, si es que les enseñó algo.
La señora Headison, segĂșn contĂł, se habĂ­a quedado viuda en 1914. HacĂ­a un año que habĂ­a muerto su marido, un policĂ­a jubilado, y leyĂł que en Nueva Jersey habĂ­a una ley nueva segĂșn la cual se autorizaba a las mujeres a trabajar de policĂ­as.
—Era como si John me hablara desde el mĂĄs allĂĄ y me dijera que ahĂ­ tenĂ­a yo una vocaciĂłn. Me fui derecha al jefe de policĂ­a de Paterson y echĂ© la instancia.
El sheriff Heath y yo Ă­bamos a darle la enhorabuena, pero ella siguiĂł hablando casi sin tomar aire:
—¿Saben que el buen hombre no se habĂ­a planteado nunca admitir a una mujer en su equipo? Tuve que insistir, y vaya si lo hice. ÂżSaben por quĂ© era tan reacio? Me lo dijo el jefe de policĂ­a mismo: si las mujeres empiezan a salir a la calle vestidas de uniforme, pertrechadas de palos y pistolas, los hombres nos quedaremos pequeños.
Miré al sheriff con cara de horror pero él no apartó la vista del frente.
—Yo insistĂ­ en que mi puesto en la comisarĂ­a serĂ­a exactamente el mismo que el de una madre en el hogar. Tal y como una madre cuida de sus hijos y estĂĄ ahĂ­ para animarlos o para prevenirlos, yo cumplirĂ­a con mis funciones de mujer y llevarĂ­a los ideales de toda madre al departamento de policĂ­a. ÂżNo le parece a usted que asĂ­ tiene que ser, señorita Kopp? ÂżA que tambiĂ©n usted se ha convertido en la gran madre de todo el equipo del sheriff?
Nunca pensé que pudiera ser la madre de nadie, pero sí es verdad que había visto a una gallina picar tan fuerte a un pollito descarriado que le hizo sangre, o sea que quizå la señora Headison tenía razón. Yo llevaba dos meses de acå para allå cada vez que una mujer o una chica tenían problemas con la ley. Ayudé con los papeles del divorcio a una mujer que estaba separåndose; investigué un caso de cohabitación fuera del matrimonio; perseguí a una chica que quería escaparse en tren; ayudé a vestirse a una prostituta a la que hallaron desnuda y medio muerta, bajo el efecto del opio, en una timba montada encima de una sastrería; y vigilé a una mujer, madre de tres hijos, mientras el sheriff y sus hombres corrían por el bosque detrås de su marido, al que le había estampado una botella de coñac en la cabeza. Le devolvieron el marido, aunque no lo dejó pasar hasta que él no prometió, delante del sheriff, que no entraría mås alcohol en aquella casa.
No sería exagerado decir que pasé los mejores momentos de mi vida. La prostituta se lo había hecho todo encima, y hubo que lavarla en un aseo que estaba mås sucio que ella; y la chica del tren me mordió en el brazo cuando la cogí; sin embargo, sigo pensando que nunca había disfrutado tanto. Aunque parezca difícil de creer, al fin había encontrado un trabajo a mi medida.
No sabía cómo explicarle todo eso a la señora Headison. Afortunadamente, llegamos a casa del señor Meeker antes de que me viera obligada a hacerlo. El sheriff pasó por delante de la casa y aparcó el coche a varios portales de distancia.
VivĂ­...

Table of contents

  1. Portada
  2. Portadilla
  3. Créditos
  4. Dedicatoria
  5. Cita
  6. 1
  7. 2
  8. 3
  9. 4
  10. 5
  11. 6
  12. 7
  13. 8
  14. 9
  15. 10
  16. 11
  17. 12
  18. 13
  19. 14
  20. 15
  21. 16
  22. 17
  23. 18
  24. 19
  25. 20
  26. 21
  27. 22
  28. 23
  29. 24
  30. 25
  31. 26
  32. 27
  33. 28
  34. 29
  35. Notas y fuentes histĂłricas; agradecimientos

Frequently asked questions

Yes, you can cancel anytime from the Subscription tab in your account settings on the Perlego website. Your subscription will stay active until the end of your current billing period. Learn how to cancel your subscription
No, books cannot be downloaded as external files, such as PDFs, for use outside of Perlego. However, you can download books within the Perlego app for offline reading on mobile or tablet. Learn how to download books offline
Perlego offers two plans: Essential and Complete
  • Essential is ideal for learners and professionals who enjoy exploring a wide range of subjects. Access the Essential Library with 800,000+ trusted titles and best-sellers across business, personal growth, and the humanities. Includes unlimited reading time and Standard Read Aloud voice.
  • Complete: Perfect for advanced learners and researchers needing full, unrestricted access. Unlock 1.5M+ books across hundreds of subjects, including academic and specialized titles. The Complete Plan also includes advanced features like Premium Read Aloud and Research Assistant.
Both plans are available with monthly, semester, or annual billing cycles.
We are an online textbook subscription service, where you can get access to an entire online library for less than the price of a single book per month. With over 1.5 million books across 990+ topics, we’ve got you covered! Learn about our mission
Look out for the read-aloud symbol on your next book to see if you can listen to it. The read-aloud tool reads text aloud for you, highlighting the text as it is being read. You can pause it, speed it up and slow it down. Learn more about Read Aloud
Yes! You can use the Perlego app on both iOS and Android devices to read anytime, anywhere — even offline. Perfect for commutes or when you’re on the go.
Please note we cannot support devices running on iOS 13 and Android 7 or earlier. Learn more about using the app
Yes, you can access Mujer policía busca problemas by Amy Stewart, Carlos Jiménez Arribas in PDF and/or ePUB format, as well as other popular books in Literature & Literature General. We have over 1.5 million books available in our catalogue for you to explore.