“propuesta integral” para Italia, a fin de evitar que la negociación a nivel de empresa favorezca la patronal y para que el sindicato llegue a ser el interlocutor de los partidos políticos. El objetivo es una nueva política económica que cambie el modelo de desarrollo, incluso a través de los sacrificios de los trabajadores del Norte. Poco después el líder del PCI, Enrico Berlinguer, pone en marcha el llamado “compromiso histórico”, un acuerdo para renovar la alianza de las fuerzas populares anti-fascistas de 1943-1947, en la búsqueda de constitución de un gobierno que, aparte de los comunistas y socialistas, incluya a la Democracia Cristiana, de ma-75. Ibídem; Gianni Ferrante, Cronologia…, pp. 468 ss.; Lorenzo Gianotti, Gli operai..., pp. 197-201, 211; Claudia Finetti, Autonomia operaia…, pp. 86 y 96 ss.
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nera que ésta no se escore en exceso hacia la derecha76.
El PCI y la CGIL van construyendo un proyecto de política general, es decir, una propuesta para gobernar el desarrollo, pero también para su transformación. Sus aliados y contrapartes, sin embargo, no parecen estar interesados. Mientras tanto, la situación se hace más grave debido a la crisis energética: las horas de apertura de los comercios se reducen, el precio de la gasolina aumenta, los gastos y el transporte son limitados. Sin embargo, aprovechando las negociaciones en FIAT, los sindicatos preparan una plataforma amplia, que incluye cambios en la organización del trabajo, inversiones en el Sur y la intervención de la empresa en los servicios sociales.
Agnelli multiplica las suspensiones y despidos, y por eso los trabajadores llaman a la huelga. La movilización, sin embargo, tiene un éxito parcial y se hace más dura en 1974, cuando se producen enfrentamientos con la policía, agresiones a directivos, bloqueos de carreteras. El nuevo acuerdo prevé, junto a aumentos de salarios, cientos de nuevos puestos de trabajo y una planta en el Sur. Acuerdos parecidos se firman en Alfa Romeo, Italsider y Olivetti77.
Coincidiendo en el tiempo, vuelven a aparecer las BR. Ya durante la negociación colectiva en FIAT han secuestrado a un ejecutivo de la empresa; ahora, en el clima tenso en el que se celebra el referéndum sobre el divorcio, secuestran en Génova al juez Sossi. La clase obrera de la ciudad responde con una huelga y una serie de reuniones abiertas. Después de la victoria en el referéndum, llega de inmediato la reacción: en Brescia, durante un acto sindical, una bomba fascista provoca ocho muertos y 101
heridos. En los funerales es el sindicato quien garantiza el orden público: es el signo de una “sustitución” del Estado en el que nadie cree –cuyos líderes son criticados por una amplia mayoría de la población– por el movimiento obrero. Por otra parte, el descontento de los trabajadores por 76. Gianni Ferrante, Cronologia…, pp. 470-474; Lorenzo Bertucelli, La gestione…, pp.
184 ss. y 192-197.
77. Ibídem, pp. 198-201, 207; Lorenzo Gianotti, Gli operai..., pp. 207-209; Gianni Ferrante, Cronologia…, p. 477.
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L A S L U C H A S E N E L “ T R I A N G O L O I N D U S T R I A L E ” / A l e x a n d e r H ö b e l la crisis y la falta de soluciones, se pone de manifiesto incluso en contra del sindicato. Una huelga nacional por los salarios, el empleo y las reformas no tiene éxito, y los dirigentes de la CGIL en Turín y Milán son abucheados78.
Después de las vacaciones, los trabajadores de FIAT que residen en provincias se dan cuenta de que las tarifas de los autobuses han subido, y promueven una “auto-reducción organizada”. En septiembre, el sindicado y el PCI de Turín llaman a la auto-reducción de las facturas de la luz.
Los comités de empresa se activan, de forma que en los barrios populares asumen una dimensión de masas. La crisis, sin embargo, es cada día más grave. Los coches no vendidos se acumulan en FIAT, que suspende a 73.000 trabajadores. La huelga ciudadana se salda con siete manifestaciones y enfrentamientos con la policía, en el centro de Turín. Finalmente, el acuerdo prevé la protección del empleo, la reducción de las horas extra y la obligación de consultar a los sindicatos sobre las modificaciones de los sistemas de producción79.
Tres meses más tarde, llega el acuerdo sobre la escala móvil entre Agnelli (ahora jefe de la Confederación de los Industriales, la patronal italiana) y Lama (por CGIL, CISL y UIL), que dispone el ajuste automático de los salarios al coste de la vida. Es un “punto nodal” de los años setenta, aunque para la patronal el objetivo es paralizar el sistema de negociación a nivel de empresa. De hecho, la escala móvil consigue el mantenimiento del poder adquisitivo más como resultado de las dinámicas centralizadas que a la iniciativa obrera, cada vez más en posición defensiva. El sindicato, por su parte, apuesta por la evolución del marco político. La votación en las elecciones locales de 1975 –en la que el PCI gana en las principales 78. Ibídem, pp. 477-480; Lorenzo Gianotti, Gli operai..., pp. 209-212; Lorenzo Bertucelli, La gestione…, pp. 210 ss.
79. Lorenzo Gianotti, Gli operai..., pp. 209-213; Collettivo di Analisi Torinese, “L’Au-toriduzione a Torino” en QP, n. 53-54 (1974), pp. 42-48; Gianni Ferrante, Cronologia…, pp. 480-482.
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ciudades italianas– refuerza esta hipótesis80.
En 1976 la crisis de la economía italiana avanza. El déficit de la balanza de pagos crece, la devaluación de la lira y los aumentos de los impuestos empeoran las cosas. El movimiento obrero, que todavía se encuentra en una fase de auge a nivel político, pierde fuerza a nivel social. En primavera, los trabajadores del metal se movilizan nuevamente por la negociación colectiva. Mientras que en Milán la plaza del Duomo está clausurada, en Turín sigue siendo fuerte el papel de los consejos de fábrica. En el mes de mayo, se firma el convenio, que prevé aumentos salariales y el control de los programas de inversión, y confirma la negociación de empresa siempre que esté coordinada de manera centralizada. En FIAT el acuerdo es criticado por algunos obreros, y a Trencin, en público, se le lanzan tornillos por parte de algunos de ellos. La gran mayoría, sin embargo, aprueba el nuevo convenio. Es evidente que está en juego todo un modelo de relaciones laborales81.
En las elecciones políticas, el PCI logra el 34,3% de los votos, y el compromiso histórico con la DC parece dar un primer paso con el nuevo gobierno Andreotti. El secretario de la CGIL, Luciano Lama, exige un cambio de la política basada en el desarrollo económico y el empleo, a través de “medidas de austeridad” dirigidas a “cambiar el viejo tipo de desa -
rrollo”. De hecho, CGIL y PCI proponen un cambio de paradigma, intuyendo que el crecimiento cuantitativo de la edad dorada del fordismo hay que sustituirlo por un crecimiento de tipo cualitativo. Sin embargo, esta línea, aparte del ajuste automático de los salarios, hace que sean más 80. Ibídem, pp. 484-491; Lorenzo Bertucelli, La gestione…, pp. 221 ss., 227-230, 239.
81. Gianni Ferrante, Cronologia…, pp. 490-495; Lorenzo Gianotti, Gli operai..., pp.
217-219; Lorenzo Bertucelli, La gestione…, pp. 231-233 y 236.
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L A S L U C H A S E N E L “ T R I A N G O L O I N D U S T R I A L E ” / A l e x a n d e r H ö b e l difíciles las negociaciones y provoca el descontento de los trabajadores, que en el triangolo industriale llaman a la huelga contra el alza de los precios y las políticas gubernamentales. En las reuniones de los obreros en Milán, a principios de 1977, se pide la huelga general contra el aumento de los impuestos y la congelación de los aumentos salariales. El gobierno retira los decretos, y los sindicatos se comprometen a limitar las controversias y la conflictividad en las empresas. Se trata de “un retorno a una definición desde arriba de las competencias relativas a la negociación a nivel de empresa”. En Milán, los consejos de fábrica se oponen al acuerdo, y también en Turín hay muchas dudas. Mientras tanto, la negociación para el convenio complementario en FIAT se hace inmediatamente muy dura, con huelgas, despidos, ocupaciones, manifestaciones dentro de los talleres e incluso enfrentamientos entre activistas y guardias de seguridad de la empresa. Pero, al final, una vez más se alcanza el acuerdo82. No obstante, los trabajadores del metal se unen al descontento de los estudiantes y de -
sem pleados y proponen la huelga general. La CGIL, por el contrario, defiende una actuación en otra dirección. La asamblea nacional de delegados, celebrada en el barrio romano del EUR, en febrero de 1978, propone –de manera similar a los Pactos de la Moncloa– la reactivación de la planificación económica y el abandono de la defensa de la “rigidez de la fuerza de trabajo”. Se apuesta por el cambio político y una nueva política económica, pero el secuestro del presidente de la DC, Aldo Moro –el hombre del partido más favorable a una alianza con los comunistas– pone en cuestión todo el marco político que se está tratando de impulsar83.
El secuestro de Moro por las BR es la culminación de una escalada de violencia, que tiene su centro en el triangolo industriale. De acuerdo con Lorenzo Gianotti, en aquel entonces secretario del PCI en Turín, la misma
“ilegalidad generalizada” y la violencia en las fábricas ayudan a crear un 82. Lorenzo Bertucelli, La gestione…, pp. 241-244 y 253-255; Gian Primo Cella,
“L’azione sindacale nella crisi italiana” en L. Graziano e S. Tarrow (eds.), La crisi italiana.
Torino, 1979, p. 291; Lorenzo Gianotti, Gli operai..., pp. 220-223.
83. Lorenzo Bertucelli, La gestione…, pp. 260-267.
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clima peculiar. La influencia del extremismo está muy extendida, como la posición “ni con el Estado ni con las BR”, y cuando éstas disparan a Carlo Casalengo, director adjunto del periódico de Agnelli «La Stampa», en Mirafiori la condena es minoritaria. La violencia política se ha convertido en un fenómeno diario: en 1977 fueron 2.128 los actos de terrorismo en Italia; entre 1975 y 1980, 16 directivos de FIAT son víctimas de atentados y 62 trabajadores se comprometen con la lucha armada84. Incluso el extremismo registra un incremento de su actividad. El “movimiento del 77” –que incluye los Indiani metropolitani como la Autonomia operaia–
expresa el descontento de los jóvenes cuyo futuro es incierto, estudiantes, desempleados, alejados de la cultura política del movimiento obrero. La agresión a Lama en la Universidad de Roma es un episodio emblemático de una fractura profunda. Además, como señala él mismo, la necesidad de enfrentarse al ataque terrorista “hipnotiza” el movimiento obrero. Sindicatos y PCI participan cada vez más en la lucha contra el extremismo.
En Génova, Guido Rossa, un obrero comunista de Italsider, denuncia la presencia en la fábrica de partidarios de las BR, que acaban matándolo.
La condena de la clase obrera es unánime, la presencia en el funeral de los trabajadores es impresionante; para las BR es el principio del fin. En otoño, FIAT despide a 61 trabajadores por su comportamiento violento.
La huelga de protesta fracasa, pero el sindicato llama a juicio a FIAT por el despido improcedente. La empresa, sin embargo, restaura una dura disciplina interna85.
Pero más allá del terrorismo y el extremismo, el problema es el “fin del papel político de la gran fábrica” y de los Consejos. Hay una crisis de confianza que se mezcla con los cambios en la clase obrera, cada vez más fragmentada y decepcionada. Al lado de la gran “micro-conflictividad” se 84. Lorenzo Gianotti, Gli operai..., pp. 223-226, 235 ss.; Lorenzo Bertucelli, La gestione…, pp. 272 y 297.
85. Ibídem, pp. 278 ss.; Lorenzo Gianotti, Gli operai..., pp. 227 y 233-238; Giuseppe Berta Conflitto industriale e struttura d’impresa alla Fiat 1919-1979. il Mulino. Bologna, 1998, pp. 192 ss.
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L A S L U C H A S E N E L “ T R I A N G O L O I N D U S T R I A L E ” / A l e x a n d e r H ö b e l difunden decepción y falta de participación. La iniciativa del sindicato en las fábricas disminuye, y los gobiernos de solidaridad nacional no dan los resultados deseados; entonces se crea una distancia entre las organizaciones del movimiento obrero y su base social. Toda una etapa se está cerrando86.
1980 es el año del cambio. La solidaridad nacional ha permitido la puesta en marcha de reformas pedidas durante mucho tiempo por el movimiento obrero, como el Servicio Nacional o el alquiler justo; pero el balance no es positivo. El problema básico, sin embargo, es la reestructuración capitalista que empieza a minar la rigidez del modelo fordista. El sindicato se encuentra encerrado entre una crisis económica que requiere políticas res-trictivas, la amenaza del desempleo y la flexibilidad laboral, a esto se une el creciente descontento de los trabajadores87.
En Turín, FIAT propone el subsidio de desempleo un día a la semana hasta el verano para 78.000 trabajadores. En septiembre, pide el subsidio de desempleo para 15.000 trabajadores, pero ante la resistencia de los sindicatos, anuncia su despido. Los trabajadores empiezan la lucha de inmediato. En Mirafiori se celebra una primera asamblea y aparece una pancarta con el rostro de Marx que acompañará toda la negociación; el establecimiento se encuentra paralizado. La ciudad se solidariza con los trabajadores. A Turín llega Berlinguer, que garantiza a los trabajadores el apoyo del PCI. Al día siguiente, incluso después de la caída del gobierno, FIAT revoca los despidos y anuncia el subsidio de desempleo para 24.000
trabajadores. La FLM decide continuar la lucha, pero el apoyo del conjunto de la ciudad comienza a desvanecerse. Los mismos piquetes resisten sólo gracias a la ayuda de los trabajadores de otras fábricas y de los mili-86. Lorenzo Bertucelli, La gestione…, pp. 283 ss. y 290 ss.; Andrea Sangiovanni, Tute blu…, pp. 254 ss.
87. Lorenzo Bertucelli, La gestione…, p. 299.
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tantes del PCI. Por su parte, FIAT organiza una asamblea de directivos, con la consigna de reanudar el trabajo; justo después los ejecutivos se echan a la calle; a su lado están muchos ciudadanos, quizá 30.000. Por primera vez en la posguerra hay una manifestación de masas abiertamente anti-sindical. Mientras tanto, la magistratura exige el desmantelamiento de los piquetes. En este punto, los sindicatos aceptan el subsidio de desempleo.
Los trabajadores están en contra y se rechaza a los sindicalistas; pero el acuerdo se aprueba88. En el sindicato se abre un debate intenso sobre la derrota. La mayoría de la CGIL afirma que se debe a la distancia entre las vanguardias y la masa de trabajadores, al choque frontal, a la defensa del trabajo rígido. En el otro bando se contesta que la firma del acuerdo ha sido apresurada y no se ha apoyado la lucha hasta el final. Pero en el tras-fondo hay factores mucho más amplios. Desde un punto de vista objetivo, está la crisis y la reestructuración capitalista, la automatización, la descentralización de la producción y la movilidad laboral; todo esto reduce la necesidad de mano de obra, aumenta la fuerza del capital y lleva a una desintegración de la clase trabajadora, con profundas repercusiones políticas. A nivel subjetivo, un retraso en la lectura de estos procesos contribuye a la derrota, como también las exageraciones de los grupúsculos89.
Finalmente, otro factor decisivo es la falta del cambio político por el que había apostado la CGIL. La gran ola de luchas de los años sesenta y setenta debía encontrar una salida que permitiese cambiar el modelo de desarrollo. Sin embargo, una convergencia de fuerzas hostiles a este resultado hizo imposible que se realizase, y en ese momento una fase de reflujo era quizá inevitable. Mientras tanto, las clases dominantes comenzaban a reestructurar el sistema una vez más a costa de los trabajadores, privándo-los de ese poder de control sobre el proceso de producción que habían conquistado, llevando a cabo la descentralización, la des-industrialización y la flexibilidad laboral. Después de treinta años de esta terapia, los pro-88. Lorenzo Gianotti, Gli o...