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Confesiones de una punk anarquista y vendida

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Confesiones de una punk anarquista y vendida

About this book

Desde sus comienzos en 1997, Against Me! no solo ha sido una de las bandas de punk más influyentes del mundo, sino también una de las más polémicas. A lo largo de su carrera hacia el éxito, ha ido conquistando nuevos fans a la vez que ha levantado ampollas entre la vieja guardia que los apoyó desde el principio. Tuvieron problemas con la ley, cambiaron de batería en repetidas ocasiones y se enfrentaron a una furiosa horda de punks que los llamaban «vendidos» y se dedicaban a sabotear sus conciertos.Pero, más allá de todo esto, algo mucho más importante turbaba a Tom Gabel, el fundador del grupo; un secreto que durante treinta años solo reveló en las páginas de su diario e insinuó en algunas de las letras de sus canciones. Tras una infancia difícil y una adolescencia delictiva y marcada por el consumo de drogas, Gabel siguió luchando por encontrar su propia identidad, hasta que en mayo de 2012 la desveló a todos en una entrevista para la Rolling Stone: Gabel declaró ser transgénero, y desde ese día vive como mujer bajo el nombre de Laura Jane Grace.Trans es la historia íntima de la enigmática fundadora de Against Me!, que entremezcla el recorrido musical de la banda con el personal de Grace, e incluye numerosas entradas del diario que la cantante cultivó y conservó durante años. Más que una autobiografía musical llena de sexo, drogas y rock and roll —que, por otro lado, tampoco faltan—, Trans aborda uno de los episodios más extraordinarios de la historia del rock.

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III. We’re Never Going Home

La discográfica No Idea Records no tenía muchas esperanzas puestas en el lanzamiento de Reinventing Axl Rose en marzo de 2002, algo que dejaron entrever al hacer una primera tirada modesta de solo mil cien vinilos de larga duración, los llamados elepés. Sin embargo, los vendimos bastante rápido. Y la siguiente tirada. Y la siguiente. Hoy, se han vendido doscientas mil copias en todo el mundo y es el álbum más vendido de la historia de la discográfica.
Aunque No Idea era un sello discográfico independiente que pertenecía a un matrimonio de Gainesville, comencé a oír rumores de que a algunos punks no les había hecho gracia la decisión de desviarnos del ambiente DIY en el que habíamos empezado. Los punks son así de especiales. Si ven el más mínimo indicio de que estés sacando tajada de tu arte, les falta tiempo para lincharte. La decisión de abandonar Plan-It-X no fue una cuestión personal. El dueño de la discográfica ni siquiera tenía un número de teléfono al que poder llamarle. De vez en cuando, me mandaba por correo una caja de cds y, prácticamente, toda nuestra comunicación se reducía a eso. A medida que la banda crecía, comenzamos a necesitar más apoyo del que él podía ofrecernos.
De todas formas, estaba encantado de sentirme reconocido de alguna forma y agradecía no tener que volver a rebuscar en los contenedores para comer. Con veintiún años, trabajaba en el bar más de moda de la ciudad, tocaba con la banda más guay del lugar y tenía un coche deportivo. Era nuestro momento. Y, entonces, mi mujer se quedó embarazada.
No estaba planeado. Había empezado a ver cómo se abrían nuevas posibilidades para la banda y, también, a sentirme cada vez más limitado en la relación. Me sentía culpable, pero quería ir de gira. No quería pasarme el resto de mi vida cambiando pañales. Me preguntó que qué creía que debíamos hacer y le respondí que, aunque la apoyaría con la decisión que tomase, fuera cual fuese, pensaba que no debíamos tener el bebé. Apenas podíamos mantener a la niña que ya tenía, y más con un padre ausente. Nos costaba pagar los quinientos dólares de alquiler. Durante el día, me quedaba en casa con su hija mientras ella trabajaba de camarera y, luego, iba yo al bar para el turno de noche.
No estaba seguro de qué pensaba ella en realidad del embarazo; solo sabía que estaba resentida por lo que yo creía. Empezó a beber infusiones de poleo en un intento de interrumpir el embarazo. Como no funcionó, hizo que un grupo de amigas le practicaran el aborto en casa, una «extracción menstrual». No me dijo nada hasta después de haberlo hecho.
Las mujeres que habían participado en la extracción estudiaban en la universidad para ser matronas, pero tenían muy poca experiencia en este tipo de intervenciones. En la ciudad había una clínica a la que podríamos haber ido, teníamos el dinero para pagar la intervención. Yo todavía estaba dispuesto a tener el bebé. La irresponsabilidad de Danielle, esa forma de ponerse en peligro, me dejó destrozado. ¿Y si le hubiera pasado algo? ¿Qué pasaría con su hija? Lo que más me dolió fue que lo hiciese sin decirme nada. Después, hizo un fanzine contando su experiencia con todo detalle y lo distribuyó por la ciudad para que lo viesen nuestros amigos. Mi ego masculino no pudo con tanta humillación. Pedí más turnos en el trabajo solo para pasar en casa el menor tiempo posible.
Cada noche, cerraba el Top junto con la camarera, C. C. Era ocho años mayor que yo, estaba casada y tenía un hijo. Era guapa, pero su rostro expresaba en todo momento un «que te jodan» que a mí me acojonaba. No contenta con el negro azabache de su pelo, insistía en teñírselo más negro todavía. Lo llevaba a la altura de la barbilla. Tenía la parte superior de los brazos cubierta de tatuajes: en un lado, un ángel; en el otro, un demonio. Nos empezamos a conocer mientras yo fregaba el suelo y ella hacía caja y reponía las bebidas.
No éramos felices en nuestros matrimonios y, en realidad, ninguno de los dos quería irse a casa al acabar el turno, así que intentábamos alargar el tiempo tanto como podíamos. A veces, nos quedábamos allí hasta que salía el sol. C. C. servía las bebidas. Sus tragos eran triples. Echábamos un par de partidas al billar, nos tomábamos unas birras y nos metíamos un par de rayas, aunque C. C. prefería inyectársela. Ponía todas sus canciones favoritas en la gramola y yo tocaba las mías. Le encantaba Springsteen y yo la obligaba a escuchar a Bob Dylan. Las noches que pasaba hasta tarde con C. C. en el bar me ayudaban a eludir la tristeza que me esperaba en casa. Nos colocábamos juntos en vez de solos.
Estar fuera de casa no era suficiente; quería salir de Gainesville. Me volqué en la banda porque era una vía de escape de la ciudad. Organizamos una gira para el verano, la primera con un álbum consolidado que promocionar. Atraíamos a más gente que la mayoría de los grupos con los que tocábamos, aunque yo todavía insistía en que mantuviésemos nuestra postura anticapitalista y dividiésemos el dinero a partes iguales entre todas las bandas que participaban en el concierto. A pesar de todo, lo que ganábamos bastaba para pagar el alquiler cuando volvíamos a casa.
Dustin esperó hasta que la gira casi hubiera acabado para darnos la noticia: había decidido que quería volver a la universidad y que dejaría la banda después de la gira. Entendía sus motivos, pero aun así, me apenaba que se fuera. Habíamos tocado juntos desde los trece años y sabía que esto ponía punto final a aquellos tiempos. Nos abandonaba el bajista justo cuando estábamos despegando. Sin embargo, la serendipia quiso que recibiese por sorpresa un correo electrónico.
«Dale una patada en el culo al que toca el bajo en tu banda y deja que me una», decía Andrew Seward de broma en el correo.
«Tiene gracia que lo menciones…», le respondí.
En realidad, Andrew era un extraño. Solo nos habíamos cruzado un par de veces. Vivía en Murfreesboro (Tennessee) y pertenecía a una banda llamada Kill Devil Hills, con la que tocamos una vez en un concierto en Tallahassee. Tenía presencia en el escenario y me gustaba su forma de bailar, siempre sonriendo y lleno de energía. Lo aceptamos sin hacerle una prueba siquiera. Le dije que solo tenía que mudarse a Gainesville y comprarse un amplificador para el bajo. Me había causado muy buena impresión las dos veces que nos habíamos visto, tanto que el instinto me decía que era la decisión correcta.
Nuestra primera gira juntos fue algo incómoda. Me pasaba horas en una caravana con un grupo de gente que apenas conocía, a excepción de James. No tardé en echar de menos a Dustin y Kevin. Todavía me parecía muy extraño tocar las canciones sin Kevin, mi alma gemela musical. Against Me! comenzó a adoptar una nueva personalidad con esta alineación; ya no éramos un grupo de anarquistas movidos por el activismo y la revolución y que estaban en la misma onda políticamente hablando. Warren y yo éramos los únicos que, de vez en cuando, reclamábamos ese título con cierta timidez en las entrevistas. El denominador común entre nosotros era que nos encantaba pillarnos un ciego tremendo. A todos nos gustaba salir de fiesta, así que decidimos que la gente debía conocernos por ser los que lo hacían más a lo bestia.
Cuantas más cervezas bebíamos y más kilómetros registraba el cuentakilómetros, más conectábamos y, también, más unidos estábamos. Acabamos aquella primera gira estrechando vínculos gracias al juego de la botella con un grupo de colegialas en Tennessee. Todos teníamos pareja en Gainesville, pero, aquella noche, no nos importó. Estábamos dispuestos a morrearnos entre nosotros solo por tener la oportunidad de meterles la lengua hasta el fondo. Me enrollé con Warren, joder. Todavía noto pelos de barba entre los dientes cuando me acuerdo. Cuando el juego terminó, me fui con una morena alta a darnos el lote en un callejón.
—Puede que esta sea la peor decisión que haya tomado nunca —le dije.
Ella se rio, me sonrió y dijo:
—Seguro que siempre haces esto, ¿verdad?
Llegué a casa lleno de remordimientos por haber sido infiel. El secreto me duró solo un par de horas hasta que decidí sincerarme con mi mujer. Explotó de inmediato y empezó a pegarme y a decir improperios hecha una furia. Le supliqué que me perdonase, pero empezó a lanzarme pedazos de carbón, y me dijo que solo era un niño del que tenía que ocuparse. La vida hogareña pasó de ser triste a ser una amargura.
Aun así, después de aquello intentamos que lo nuestro funcionase durante un tiempo, pero Danielle no me quitaba ojo y no dejaba de sospechar. En uno de los turnos en Top, nos descubrió a C. C. y a mí compartiendo un cigarrillo en el aparcamiento y nos acusó de tener una aventura. Yo también había empezado a sospechar de ella; me habían llegado rumores de que tenía mucha relación con unos tíos. Cuando leí su diario, descubrí que había estado con otros hombres, así que me fui de casa y me quedé un tiempo con Andrew y su prometida, Verité.
No mucho después, estaba cerrando el bar mientras «Ever Fallen in Love (With Someone You Shouldn’t’ve)» de Buzzcocks sonaba en la gramola, cuando C. C. me llevó hasta el baño para discapacitados y echó el pestillo. Pensé que me había arrastrado hasta allí para meternos una raya rapidita, ya que era el mejor sitio para hacerlo. Sin embargo, me empujó contra la pared y me metió la lengua hasta la campanilla. Me separé de ella tirándole del pelo mientras me mordía el labio y me desabrochaba el cinturón. Se apretó contra mí junto al lavabo, besándome el cuello. Sentí su aliento en el oído cuando susurró: «Vámonos de aquí…».
Nos marchamos del bar y acabamos en un hotel a las afueras de la ciudad. Iba borracho y le di un golpe a un coche cuando salíamos del aparcamiento, pero llegamos. Follamos borrachos, ciegos de coca y nerviosos. Apenas se me ponía dura. Todavía la veo desnuda, después de acabar, en la habitación del hotel, tan delgada que se le marcaban los huesos bajo la piel pálida. Cuando pasaba un coche y nos alumbraba la luz de los faros, le contaba las costillas. La oí hablar por teléfono con su marido; le dijo que estábamos terminando en el bar, que le quería y que llegaría pronto a casa.
Lo siento. Yo también la quería.
«Girl, I’m sorry, but I’m leaving, we’re both at fault, we’re both to blame. And it wasn’t the other men ’cause there were other women. This just isn’t love, it’s just the remorse of a loss of a...

Table of contents

  1. Una trans
  2. Confesiones de una punk anarquista y vendida
  3. I. Walking Is Still Honest
  4. II. I Was a Teenage Anarchist
  5. III. We’re Never Going Home
  6. IV. Borne on the FM Waves
  7. V. Trash Unreal
  8. VI. Don’t Abandon Me
  9. VII. White Crosses
  10. VIII. High Pressure Low
  11. X. Bamboo Bones
  12. X. Paralytic States of Dependency
  13. XI. Black Me Out
  14. Epílogo
  15. Notas
  16. Agradecimientos
  17. Sobre la autora
  18. Índice
  19. Créditos