V
… ¡Escucha esos sonidos!
Vienen de seres angélicos y tiernos,
los más semejantes a los niños
de entre los hijos de Dios.
PRIMER CORO DE SERES ANGÉLICOS
¡Alabanza al Más Alto en las alturas,
en lo más profundo, alabado sea:
admirabilísimo en todas sus palabras;
en todos sus caminos segurísimo!
A nosotros, su raza más vieja,
otorgó el batallar y vencer
sin el castigo del dolor,
sin la mancha del pecado.
Quiso que el hijo más joven
fuera, por su nacimiento, una maravilla.
Eran sus progenitores carne y espíritu;
el cielo y la tierra eran su hogar.
Bendijo el Eterno a su hijo
y, armado, le envió lejos de aquí,
para que como campeón sirviera
en la palestra de la guerra de los elementos.
Para ser su virrey en el mundo
de los sentidos y de la materia;
defensa firme en la frontera,
de cara al enemigo.
ÁNGEL
Acabamos de pasar la puerta
y dentro de la Sala del Juicio nos hallamos.
Mientras en la tierra templos y palacios
se componen de partes costosas y raras,
pero todas ellas materiales,
de modo similar en el mundo de los espíritus,
para moldear y constituir un todo al propio tiempo,
nada se encuentra que no sea inmaterial.
En este edificio, hasta la más mínima porción:
cornisa, friso, escalón o balaustrada,
incluso el pavimento, está fabricado con vida
de seres sacros, benditos e inmortales,
que cantan incesantes un himno de alabanza
a su Hacedor.
SEGUNDO CORO DE SERES ANGÉLICOS
¡Alabanza al Más Alto en las alturas,
en lo más profundo alabado sea:
admirabilísimo en todas sus palabras;
en todos sus caminos segurísimo!
¡Ay de ti, hombre!,
porque cobarde resultó en la lucha
y perdió la herencia de los cielos
y su compañía con la luz.
Sobre su cabeza, el cielo airado;
el fragor de la tormenta, en su derredor.
El que tuvo una vez por amigos a los ángeles,
solo con los irracionales tenía paren...